Punto:
LA SABIDURÍA DE LOS
ABUELOS
FRASE:
“Una
familia que no respeta y atiende a sus abuelos, que son su memoria viva, es una
familia desintegrada; pero una familia que recuerda es una familia con
porvenir”[1]
Contexto:
El envejecimiento
poblacional es un fenómeno innegable en todo el mundo debido a que las personas
de más edad representan proporcionalmente mayor parte de la población y al
hecho de que la gente tiene menos hijos.
A escala mundial la proporción de personas mayores (60 años o más) aumentó
del 9% en 1994 al 12% en 2014 y se espera que alcance 21% en 2050.
Aunque el aumento de
la esperanza de vida representa un triunfo; el
envejecimiento de la población plantea diversos retos a las familias, a
las comunidades y a las sociedades. En entornos donde los sistemas de seguridad
social son limitados, las personas mayores están mucho más expuestas a la
pobreza.[2]
Experiencia:
Hay que considerar al pobre como alguien que no puede valerse por sí mismo. El pobre no puede ser
desligado de la relación social que se establece con él. Si existen pobres es
porque la Comunidad misma se ha empobrecido moral, cultural o religiosamente.[3]
En este sentido,
vemos cada vez más inmersos a nuestros abuelos, no solo en la pobreza sino en
una marginación social que pareciera parte del precio a pagar por envejecer.
Nuestras familias constantemente ocupadas en el “tener” van perdiendo
sensibilidad hacia la importancia y necesidades de nuestros abuelos. A esa
sabiduría adquirida por la experiencia y al legado ancestral del cual somos
herederos.
“Sus palabras, sus
caricias o su sola presencia, ayudan a los niños a reconocer que la historia no
comienza con ellos; que son herederos de un viejo camino y que es necesario
respetar el trasfondo que nos antecede”.[4]
Este fenómeno nos
convierte, de alguna manera, en huérfanos de arraigo debido a la pérdida en la
continuidad de la enseñanza de valores y de lo que significa pertenecer en sí,
a una familia. Siendo la juventud el sector que más lo resiente.
“El individuo del
siglo XXI vive entre la pérdida del sentido de la vida y la necesidad de crear
nuevos referentes que le permitan tener una identidad. La violencia juvenil es
muestra de esta desesperación por salir del anonimato que les da la ciudad y
ganar un lugar dentro de la sociedad”.[5]
Reflexión:
“La iglesia no puede
y no quiere conformarse a una mentalidad de intolerancia y mucho menos de
indiferencia y desprecio respecto a la vejez”.[6]
Y podemos
preguntarnos:
¿Son nuestros abuelos
una manera de vincularnos con nuestra memoria histórica? ¿Con nuestra raíz? ¿Qué
estamos haciendo como Iglesia para redignificar a nuestros abuelos?
Como seguidores de
Jesús, estamos invitados a vivir desde la alegría del amor. Que sin duda, está
llena de matices y diferencias. ¿Compartimos esta alegría con nuestros abuelos?
“La alegría encuentra
su máxima expresión en el amor. En la capacidad de amar y de sentirse amado.
Sin amor no se puede gozar de la existencia, no hay entusiasmo para vivir. La
alegría del amor brilla en los ojos, brota en las palabras, se aspira en el
silencio, henchido de agradecimiento y de ternura”[7]
Acción:
Sintámonos invitados
por Jesús a rescatar esas raíces que nos vinculan, nos fortaleces y nos dan
identidad.
Abrazar con
misericordia a nuestros abuelos en esta realidad, recupera de manera inmediata
la certeza de lo que fuimos y lo que podemos ser. ¡Acerquemos a los niños con
sus abuelos! ¡Que formen relaciones
estrechas, vínculos de amor y confianza! Que seguro que estamos contribuyendo a
la Construcción del Reino.
Evaluación:
¿Qué tanta
importancia he podido dar al rol de los abuelos en mi propia familia?
¿Me he sentido
invitado a hacer algo más?
¿Me reconozco como generador de cambio? ¿Cómo
colaborador de Dios?
Les invitamos a ver
el siguiente video: https://www.youtube.com/watch?v=dIbz23E1Dwk&feature=youtu.be
Bibliografía:
[1]
Amoris laetitia- Exhortación Apostólica Postsinodal 2016. Pág. 121.
[2] La
situación Demográfica en el Mundo –informe conciso- Naciones Unidas 2014. Pag.
24.
[3] La
Exclusión Grita!!- “serie para profundizar sobre la exclusión.”Centro de
Estudios Ecuménicos, A.C. 1999 Pág. 13.
[4]
Amoris laetitia- Exhortación Apostólica Postsinodal 2016. Pág. 120.
[5] En
busca de la fraternidad perdida. Jorge Atilano S.J. 2002. Pág. 11.
[6]
Amoris laetitia- Exhortación Apostólica Postsinodal 2016. Pág. 119.
[7] La
alegría de ser Hombre. Alfonso Vergara S.J. 2000. Pág 91.
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