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viernes, 4 de noviembre de 2016

Cápsula 19 Crecer en Espiritualidad Familiar


Tema:
Crecer en Espiritualidad Familiar

Frase:
Todos estamos llamados a mantener viva la tensión hacia un más allá de nosotros mismos y de nuestros límites, y cada familia debe vivir en ese estímulo constante”  [1]

Contexto:
En sentido amplio, la espiritualidad es aquello que lleva a la familia humana a canalizar sus más profundas energías. Nos mueve a orientar nuestros esfuerzos para dar más de nosotros mismos y trascender. Quizá el propósito más importante de la vida sea ese: aprender a dejarse llevar por el Espíritu para responder al llamado de Dios a ser cada vez más y mejores seres humanos.[2]
El papa Francisco ha demostrado su amor por los matrimonios y las familias de muchas maneras. En el primer año de su papado, llamó a dos asambleas sinodales consecutivas sobre la familia. Dedicó más de un año de audiencias semanales[3] a temas relacionados con el matrimonio y la familia, y dio un emotivo testimonio de la belleza del plan de Dios para la familia durante el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia[4], y lo reitera con esta Exhortación (Amoris laetitia) que venimos reflexionando, donde sale a relucir el ‘Papa párroco’, que abre las puertas del templo de la misericordia a todos. 

Experiencia:
El Papa recuerda que los matrimonios y la familia en general deben de buscar su fuerza y sustento en la vida espiritual, en la oración en familia y en la practica de los sacramentos, por ejemplo. 
Una espiritualidad que esté atenta al amor al prójimo, es decir que no sea una espiritualidad cerrada. “Hay un punto donde le amor a la pareja alcanza su mayor liberación y se convierte en un espacio de sana autonomía: cuando cada uno descubre que el otro no es suyo, sino que tiene un dueño mucho más importante, su único Señor.”[5]
La Exhortación concluye señalando que la familia sebe ser una escuela de hospitalidad, lugar de unión y de comunión a ejemplo de la Santa Trinidad. Trabajar buscando la perfección aquí en la tierra, aún sabiendo que sólo podremos encontrar en el Reino definitivo. Y concluye, antes de encomendarnos con una oración a la Sagrada Familia, con las palabras de ánimo. “Caminemos familias, sigamos caminando. Lo que se nos promete es siempre más.”[6]

La espiritualidad conyugal y familiar esta “hecha de miles de gestos reales y concretos”. Con claridad se dice que “quienes tienen hondos deseos espirituales no deben sentir que la familia los aleja del crecimiento en la vida del Espíritu, sino que es un camino que el Señor utiliza para llevarles a las cumbres de la unión mística”.
Todo, “los momentos de gozo, el descanso o la fiesta, y aun la sexualidad, se experimentan como una participación en la vida plena de su Resurrección”.
Se habla entonces de la oración a la luz de la Pascua, de la espiritualidad del amor exclusivo y libre en el desafío y el anhelo de envejecer y gastarse juntos, reflejando la fidelidad de Dios.
Escribe el Papa, como la espiritualidad del cuidado, de la consolación y el estímulo” implica que “...toda la vida de la familia es un “pastoreo” misericordioso. Cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro”. Es una honda “experiencia espiritual contemplar a cada ser querido con los ojos de Dios y reconocer a Cristo en él”.

En el párrafo conclusivo el Papa afirma: “ninguna familia es una realidad perfecta y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar (...). Todos estamos llamados a mantener viva la tensión hacia un más allá de nosotros mismos y de nuestros límites, y cada familia debe vivir en ese estímulo constante. ¡Caminemos familias, sigamos caminando! (…) No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido”.

Reflexión:
¿Cómo es que podemos aumentar y fortalecer los vínculos familiares?
¿Es el amor, del Dios de Jesús, lo que nos vincula?
¿Cómo va nuestra oración comunitaria/ familiar?
¿Soy fiel a mi compromiso conyugal / familiar?
¿En qué se nota que mi familia va creciendo espiritualmente?

Acción:
Para estar creciendo en el Espíritu, la acción es una invitación a hacer nuestro examen diario, al estilo ignaciano[7]
·         ¿Quién (cuál espíritu) es quién mueve a mi familia?  
·         Y a mí ¿qué / quién me nueve?


Bibliografía, referencias/ fuentes.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Cápsula 14 El perdón y la reconciliación frente a las crisis en el matrimonio.


Punto
El perdón y la reconciliación frente a las crisis en el matrimonio.

Frase:
“La familia basada en el matrimonio del hombre y la mujer es un lugar magnífico e insustituible para el amor personal que transmite la vida […].  La pareja y la vida en el matrimonio no son realidades abstractas, permanecen imperfectas y vulnerables. Por eso, es siempre necesaria la voluntad de convertirse, de perdonar y de volver a empezar. Nuestra responsabilidad, como pastores, es preocuparnos por la vida de la familia”. (XIV Asamblea General Ordinaria. Sínodo de los Obispos al Santo Padre Francisco).

Contexto:
La palabra perdón significa cancelar una deuda. A través del sacrificio de Cristo en la cruz, Dios ofrece perdón a todos los creyentes. Como Él nos ha perdonado, nos pide que también perdonemos a otros.
El perdón, según el ejemplo de Cristo, es un gran ideal que sólo se puede alcanzar por la gracia de Dios.
§  El perdón evita que crezca la amargura, que siga dañándose la relación y a las personas involucradas.
§  El perdón es parte de la naturaleza de Dios: Él es paciente, piadoso, misericordioso y está dispuesto a perdonar.
§  Dios quiere que nos perdonemos unos a otros, recordando que también Cristo nos perdonó a nosotros.

Experiencia:
Al negarnos a perdonar, al guardar rencor o dar lugar a la amargura y al odio, nos exponemos a consecuencias graves. I Juan 3:15-16 : “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.”


Reflexión:
El misterio de la creación de la vida en la Tierra nos colma de alegría y admiración. La familia, fundada sobre el matrimonio entre el hombre y la mujer, es el lugar magnífico e insustituible del amor personal que transmite la vida. El amor no se reduce a la ilusión del momento, no es un fin en sí mismo, sino que busca la fiabilidad de un “tú” personal, que busca prolongarse en el tiempo, hasta la muerte a través de una promesa recíproca que se mantiene en la prosperidad y en la adversidad.

“La pareja y la vida en el matrimonio no son realidades ideales, son realidades imperfectas y vulnerables. Por eso siempre es necesaria la voluntad de convertirse, perdonar y volver a empezar. Nuestra responsabilidad como Pastores, es preocuparnos por la vida de las familias. Deseamos escuchar su realidad de vida y sus desafíos, y acompañarlas con la mirada amorosa del Evangelio dándoles fuerza y ayudándolas a comprender su misión hoy. Con corazón sincero, queremos también compartir sus preocupaciones, infundiéndoles el valor y la esperanza que vienen de la misericordia de Dios”. (XIV Asamblea General Ordinaria. Sínodo de los Obispos al Santo Padre Francisco. I Parte. La Iglesia a la escucha de la familia).

“Se ha visto en la capacidad de perdonar y perdonarse no sólo una manera de evitar las divisiones en familia, sino también una aportación a la sociedad, para que sea menos malvada y cruel. Por eso deseó que en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia las familias descubran de nuevo el tesoro del perdón recíproco y rogó a la Virgen que nos ayude a vivir cada vez más la experiencia del perdón y de la reconciliación, dado que las familias cristianas pueden hacer mucho por la sociedad y por la Iglesia”. (Iglesia.org. Noticias 4/11/2015 “Que las familias redescubran el tesoro del perdón recíproco”).

En el Sínodo de la familia “No hay condenas sino un mensaje de esperanza para quienes se deciden a formar una familia, y quienes están afrontando los obstáculos de ese camino.

Se pide que se cuente con las mujeres en los procesos decisionales de la Iglesia; que los padres de familia no renuncien a proteger a su familia; que se cuente más con los abuelos y que las asociaciones trabajen para que se armonice el tiempo dedicado al trabajo y el que se dedica a la familia”. 

Hoy quisiera centrarme en la familia como ámbito para aprender a vivir el don y el perdón recíproco, sin el cual ningún amor puede ser duradero. Lo rezamos siempre en el Padre Nuestro: Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No se puede vivir sin perdonarse, o al menos no se puede vivir bien, especialmente en familia. Todos los días de una u otra manera nos hacemos daño. Pero lo que se nos pide es curar inmediatamente las heridas que nos causamos y restaurar los vínculos que se han dañado. Si esperamos demasiado, todo es más difícil. Y hay un remedio muy simple: no dejar que termine el día sin pedir disculpas, sin hacer las paces, de los padres entre sí y de los padres con los hijos, también entre los hermanos. Y para esto no hace falta un gran discurso, basta una palmada y ya está. De esta manera el matrimonio y la familia se hacen una casa más sólida, resistente a nuestras pequeñas y grandes fechorías. (Papa Francisco. “Que las familias redescubran el tesoro del perdón recíproco”).

El Sínodo ha visto en la capacidad de perdonar y perdonarse no sólo una manera de evitar las divisiones en familia, sino también una aportación a la sociedad, para que sea menos mala y menos cruel. Ciertamente, las familias cristianas pueden hacer mucho por la sociedad y por la Iglesia. Por eso deseo que en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia las familias descubran de nuevo el tesoro del perdón recíproco. (Papa Francisco. “Que las familias redescubran el tesoro del perdón recíproco”).

Acción:
Ante una ofensa podemos reaccionar de distintas maneras:
  • Ante una ofensa, te invito a pensar un momento antes de actuar, para que decidas lo que es mejor para tu crecimiento personal, para tu salud y para unas buenas relaciones fraternas.
  •  Perdonar nos ayuda a crecer, significa actuar a favor de las personas, empezando por nosotros. Perdonar es dar otra oportunidad para recuperar la confianza y prepararnos para una posible reconciliación. Es ver al futuro: para que los sentimientos que acompañan los recuerdos de una ofensa, no nos dominen.   
  • Perdonar nos da herramientas de vida para enfrentar próximas ofensas. Todos tenemos algo de ofensores y algo de ofendidos: guardamos heridas del pasado y las hacemos presentes, por ejemplo, cuando juzgamos, condenamos o criticamos a las personas; nos llenamos de prejuicios que nos impiden verlas como son, solo desde la perspectiva de nuestras heridas. Podemos ejercitar el perdón empezando con las personas que nos han lastimado un poco, después continuar practicando el perdón con aquellos que han causado heridas mayores.
  • Tratar de comprender las circunstancias de la otra persona y respetarla, facilita el perdón.

Bibliografía:
  • ·   “El perdón: ¿Qué es? ¿Qué no es? y ¿Cómo se practica?” Apostolic Christian. Counseling and Family Services. 
  • ·         Sínodo de los Obispos.
  • ·     Seminario especial de comunidad del perdón a la reconciliación.  Elaborado por Manuel Tenjo.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Cápsula 13 Algunas situaciones complejas en la Familia


Punto
Algunas situaciones complejas en la Familia

Frase:
Las problemáticas relacionadas con matrimonios mixtos cristianos ecuménicos con disparidad de culto; familias con algún miembro con tendencias homosexuales; uniones entre personas del mismo género; familias monoparentales, son complejas y requieren una atención específica de todos nosotros miembros de la iglesia católica.

Contexto:
Todas estas problemáticas relacionadas al matrimonio y la familia se observan cada vez más en nuestra sociedad moderna. Al ser una sociedad más abierta globalmente  y diversa, se posibilita que este tipo de matrimonios, familias y situaciones relacionadas se vayan incrementando y mayor número de miembros de la sociedad vivan experiencias propias o cercanas a su vida y entorno familiar.

Este contexto “constituye consiguientemente una exigencia imprescindible de la tarea evangelizadora. En efecto, es a las familias de nuestro tiempo a las que la Iglesia debe llevar el inmutable y siempre nuevo Evangelio de Jesucristo; y son a su vez las familias, implicadas en las presentes condiciones del mundo, las que están llamadas a acoger y a vivir el proyecto de Dios sobre ellas. Es más, las exigencias y llamadas del Espíritu Santo resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia, y por tanto la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia, incluso por las situaciones, interrogantes, ansias y esperanzas de los jóvenes, de los esposos y de los padres de hoy”

Experiencia:
La sociedad en nuestro país no es una excepción a lo anteriormente descrito. El país inmerso en esta sociedad global, también presenta y en una proporción creciente este tipo de problemáticas. A pesar de ser una sociedad con una cultura relativamente conservadora y con una población mayoritariamente católica y con ello no está al margen de lo sucedido hoy en día.

Como se ha dicho en el párrafo anterior, uno de los retos que hoy en día la sociedad se enfrenta es el creciente debate ante la polémica de la analogía de un matrimonio heterosexual con una unión del mismo sexo. En las consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales desde la Congregación para la Doctrina de la Fe se estipula “No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia…”

Sobre los argumentos contrarios a este reconocimiento legal de las uniones homosexuales en los diferentes órdenes, racional, biológico y antropológico, social y jurídico anteponen cualquier hecho de legalizar estas uniones fundamentándose desde la concepción del bien común de proteger la unión matrimonial como la célula primaria de la sociedad.






Por otro lado existen otras graves fronteras donde necesitamos enfocar nuestra atención, nuestros esfuerzos y nuestra compasión hacia las familias monoparentales. Casi el 20% de nuestras familias en México, recae en papás o mamás solos con sus hijos. Dichas experiencias han respondido desde la migración de hombres y mujeres que han tenido que abonar a sus hijos, esposas o esposos; a las situaciones de violencia donde provoca la desintegración del nido familiar. Esas familias requieren una respuesta de los que profesamos la fe, la misericordia y la solidaridad antes sus precarias situaciones, dificultades e incertidumbres en las que se ven emergidos.

Reflexión:
Ante la situación prevaleciente estamos convocados e invitados primeramente a ejercer el respeto y apertura a la escucha de estas personas que buscan un equilibrio en sus vidas, integridad y amor. ¿Cómo podríamos crear un paralelo de lo que haría Jesús en estas situaciones actuales?, ¿qué fue lo Él que nos enseñó?
Así mismo orientar nuestros esfuerzos en la comunicación, en el diálogo buscando relaciones armoniosas orientadas a acogerlos siendo inclusivas no excluyentes, aun cuando en algún momento no estemos de acuerdo en sus propuestas y decisiones de vida.

Acción:
Desde el carisma ignaciano, poner en práctica nuestra Fe cristiana en aquellos dolidos, excluidos, heridos y no escuchados en los distintos entornos naturales y sociales de convivencia y de vida.

Evaluación:
¿Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso como me encuentro ante esta lectura? 

Bibliografía, referencias/ fuentes.
Familiaris consortio – exhortación apostólica de juan pablo ii
Congregación para la doctrina de la fe

Misericordiae vultus – bula del papa francisco 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Cápsula 12 Los primeros años de la vida matrimonial



Punto
LOS PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA MATRIMONIAL

Frase:
“Cada matrimonio es una «historia de salvación», y esto supone que se parte de una fragilidad que, gracias al don de Dios y a una respuesta creativa y generosa, va dando paso a una realidad cada vez más sólida y preciosa “
                  
Contexto:
El matrimonio es una cuestión de amor, en la que la decisión debe ser libre y con conocimiento, pensada y valorada. Es una experiencia enfocada en el amor y el servicio entre dos personas que se aman y que quieren construir juntos una vida. Al unirse, los esposos se convierten en protagonistas, dueños de su historia y creadores de un proyecto que hay que llevar adelante. Por eso es muy importante que los primeros años de vida matrimonial los esposos consoliden la relación que han iniciado en el noviazgo y pongan los elementos adecuados para que el matrimonio perdure, a pesar de que no todo sea miel sobre hojuelas.
La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2014 indica que en el país, 42.3% de la población de 15 años y más está casada. Para el año 2014 se registraron en México 577 mil 713 matrimonios, sin embargo hay una tendencia a la baja para este indicador. Por otro lado, según el INEGI, en México ha ido en aumento el número de divorcios por cada 100 matrimonios. En 1980 por cada 100 matrimonios había 4 divorcios; en 1990 y 2000 esta cifra se elevó a poco más de 7 divorcios, para 2010 el número de divorcios por cada 100 matrimonios fue de 15 y al 2013 se registraron 108,727 divorcios, es decir, casi 19 divorcios por cada 100 matrimonios. Cabe señalar que en promedio, la duración social[1] del matrimonio es de 13.5 años [2 y 3], lo cual nos indica que las crisis más fuertes del matrimonio se dan durante los primeros años.
Existen muchos factores que influyen en la separación, entre ellos el ritmo frenético de la sociedad, los tiempos que imponen los compromisos laborales o el que no se pasa tiempo de calidad juntos, la falta de diálogo y diferencias en los objetivos y formas de conducirse en la vida [4]. Pero algo que no se puede perder de vista es que el ritmo y las tendencias actuales están conduciendo a la población a nuevas expresiones y apropiaciones del yo y de la convivencia humana.
En la última Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (INEGI, 2014), se observa que del total de las horas que una persona utiliza para esparcimiento, solo un 27% son dedicadas a convivencia familiar, mientras que el 57% se enfoca en la utilización de medios masivos de comunicación [5]. Al contrario de lo que pudiera parecer, el estar conectado y en aparente comunicación con el mundo puede conllevar a las personas a un aislamiento, a la falta de establecimiento de relaciones sanas y profundas entre los integrantes de una familia y en definitiva a un ambiente no propicio para el desarrollo de lazos afectivos reales entre sus integrantes. Para una pareja recién casada o en las primeras etapas de matrimonio puede representar una fuerte barrera para el entendimiento, para el diálogo, para el crecimiento.
La preparación para el sacramento del matrimonio actualmente varía desde unas sesiones de 2 o 4 horas hasta sesiones durante 2 o 3 fines de semana. Es claro que difícilmente este tiempo permitirá a los novios ya comprometidos (con fecha de boda y banquete) a profundizar en los objetivos de su futuro juntos, y cómo este se vuelve el proyecto de Dios para ellos.

Experiencia:
El noviazgo es la oportunidad de conocer a nuestra pareja, con virtudes y con defectos, con detalles y con vicios; sin embargo en la actualidad la vida tan agitada, las amplias jornadas laborales, la tecnología, los compromisos sociales, cumplir con el estándar que nos impone la sociedad, hace que se pierda el verdadero sentido del noviazgo y esto genera que un gran porcentaje de las parejas que optan por el matrimonio sufran desde el inicio un choque entre la idea romántica de vivir casados y la “cruda” realidad.
Esta realidad es una construcción que realizan las dos personas, que inició durante el noviazgo y que continúa durante el matrimonio. El acto de unión matrimonial es un evento de un momento, unas horas, pero representa las esperanzas e ilusiones de dos personas que deciden juntar sus vidas, dejar de lado el yo para construir el nosotros, con valentía, día a día, con decisiones pensadas, dialogadas, con conciencia, generosidad, pero sobre todo llenas de amor. Dicho entonces, el matrimonio es una cuestión de amor, solo deberían casarse los que se aman y que libremente eligen compartirse día a día hasta el fin de sus días. Pero es muy importante recordar que el matrimonio no es algo acabado, no es perfecto. Es un proceso continuo de mutuo crecimiento.
Cuando un noviazgo no es llevado como esa oportunidad y se llega a vivir en matrimonio, los retos a vencer generalmente crecen exponencialmente, por lo que los desafíos para consolidar una verdadera relación matrimonial y familiar son mayores. Además, el matrimonio tiene retos que nunca se han vivido, ni siquiera en el noviazgo: ¿Cómo compaginar los tiempos laborales y los deseos de superación profesional con la vida familiar? ¿Cuál será la mejor manera de administrar los bienes y cómo se organizarán las finanzas de la familia a corto, mediano y largo plazo? ¿Cómo vivir una sexualidad plena con mi cónyuge y hablar de estos temas, que muchas veces resultan bochornosos y tabúes? ¿Cómo decidir qué método de planificación familiar se usará? ¿Cuándo será el momento adecuado para tener hijos y cómo decidir cuántos? ¿Cómo enfrentar los conflictos que se tienen? ¿Cómo perdonar? ¿Estoy casado también con la familia de mi cónyuge? ¿Cómo tener la experiencia de una vida espiritual común? ¿Cuál es el mejor apostolado que podemos hacer ahora que somos matrimonio? ¿Cómo vivo ahora los tiempos de fiesta y festejo?
Con tantas interrogantes que van surgiendo durante los primeros años de matrimonio, es de gran ayuda en este tiempo contar con algún tipo de respaldo, que con amor haga conscientes de que se está  “comenzando” un proyecto de vida conjunto, que enriquezca el espíritu y ayude a profundizar sobre la decisión consiente y libre que se ha tomado de compartir la vida.
Al día de hoy existen muchas y muy variadas alternativas de acompañamiento, que permiten prestar atención a un rango más amplio de matrimonios: dirección espiritual con sacerdotes o religiosos, comunidades de vida, retiros de matrimonios, charlas de especialistas, talleres de formación de padres, entre muchos otros. Lo importante es estar en movimiento, en una constante búsqueda de una mejor versión de uno mismo, una mejor versión de la pareja y una mejor versión del propio matrimonio.
Parece fácil, sin embargo la realidad es mucho más demandante, se requiere de mucha paciencia, comprensión, tolerancia, generosidad y sobre todo de un amor sin límites. Siempre habrá altibajos, discusiones, crisis, pero la maduración del amor implica aprender a negociar y renegociar constantemente como un ejercicio del amor mutuo. Estos momentos difíciles son nuevas oportunidades de encuentro, de recíprocas ofrendas de amor y de algunas renuncias enfocadas en el bien de la familia.
Hoy más que nunca, es difícil convivir, en una sociedad que no fomenta la unión y la equidad, una sociedad acostumbrada a dejar de luchar por el otro, y que no quiere salir de su zona de confort, por lo que una herramienta poderosa es la oración, que nos ayudará a conectarnos con Dios y con nuestra pareja y con nuestro yo interno; más aún nos ayudará a dejar de lado las barreras que debilitan el matrimonio y la familia.

Reflexión:
Los primeros años de vida matrimonial son el inicio de un proyecto de vida, en constante construcción, un viaje que comienza del cual son protagonistas; que deberá servir para ir creciendo juntos, en constante comunicación, con paciencia, comprensión, tolerancia, generosidad, perdón, y por qué no, también con alegría, emoción, diversión, creatividad, con asombro y todo aquello que contribuya a llevar hacia delante ese maravilloso viaje que emprendieron juntos, por decisión propia, el cual no está exento de desafíos.
En estos tiempos donde pareciera que el individualismo debiera primar al bien común y de la solidaridad, donde nuestras generaciones están inmersas en una dinámica que busca satisfacer el “Yo” a merced de la mercadotecnia y las tecnologías, donde pareciera que  estar unido a alguien, es meramente un negocio o una inversión, es necesario ir construyendo día a día, con la gracia de Dios y el esfuerzo compartido que permite acercar a las personas y que conlleva a distinguir lo que es real y valioso de lo que no lo es: el amor y  el servicio por sobre el egoísmo, la competencia, la crítica destructiva.
Es en estas primeras etapas  del matrimonio donde es necesario llevar un acompañamiento espiritual, alentar la comunicación, la oración. Somos seres inacabados, llamados a crecer, en proceso; por lo que se requiere una donación generosa de amor, de tiempo para construirse mutuamente, familiarmente. Hace falta tiempo para dialogar, para abrazarse sin prisa, para compartir proyectos, para escucharse, para mirarse, para valorarse, para fortalecer la relación [4]. 
Este problema no se limita a los matrimonios; es un duro golpe a todo nivel social que afecta directamente a las bases humanas que nos fragmenta; empujando a las personas  a buscar refugio, amor y aceptación en los lugares equivocados. Hablando del matrimonio, cuando no se sabe qué hacer con el tiempo compartido, en muchos de los casos uno u otro de los cónyuges terminará refugiándose en la tecnología, inventará otros compromisos, buscará otros brazos, o escapará de una intimidad incómoda, una intimidad que involucra el develar la pequeñez de nuestra humanidad para dar paso al conocimiento, a la expresión del ser, la aceptación mutua, y al crecimiento espiritual y moral [4].
Esta situación nos debe invitar a realizar un cambio interno proveniente de un discernimiento así como a  vivir el matrimonio de una manera diferente, representar lo mejor de cada uno, a generar espacios y experiencias que nos puedan ayudar a vivir nuestra vida matrimonial.  En estos tiempos es necesario que desde los primeros años de matrimonio se finquen las bases que permitan el crecimiento amoroso y espiritual de los integrantes de la familia, no perder la capacidad de celebrar juntos, de alegrarse y de festejar las experiencias, de renovar la energía del amor y llenar de color y de esperanza la rutina diaria [4].

Acción:
Buscar entre mi familia, amigos o conocidos alguna pareja que tenga poco tiempo de casados. Evaluar si es posible dar un consejo, apoyar a hacer frente a alguna dificultad, o acompañar durante un tiempo para que vivan plenamente estos primeros años. Hacerles ver a ellos y a quienes les rodean algo que has notado que hacen bien como pareja.
En mis diferentes ambientes, hablar bien de la vida matrimonial y de cómo en ella uno encuentra plenitud y felicidad.
Celebro con mi pareja de alguna manera significativa los años que llevamos juntos.
           
Evaluación:
¿Cómo convivo con mi esposo/esposa? ¿Cuánto tiempo dedico a mi formación y crecimiento espiritual? ¿Cómo distribuyo mi tiempo entre las personas y espacios importantes y valiosos en mi vida como la familia, la pareja? ¿Qué tanta importancia le doy a los medios masivos de comunicación?
¿Guardo una relación equitativa y de diálogo con mi pareja o veo sólo por mis necesidades e intereses llegando incluso a “utilizar” al otro?
¿Estoy viviendo mi Principio y Fundamento en mi matrimonio?

Bibliografía, referencias/ fuentes.

[1] INEGI. ENADID. Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica, 2014. Base de datos.
[2] INEGI. “Estadísticas a propósito del… 14 de febrero, matrimonios y divorcios en México”, 2016.
[3] INEGI. Estadística/Base de datos/Consulta interactiva de datos/Registros Administrativos/Divorcios.
 [4] Amoris laetitia- Exhortación Apostólica Postsinodal 2016, numerales 217 - 230.
[5] INEGI. ENUT. Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, 2014. Base de datos.





[1] Duración social se refiere al tiempo transcurrido entre la fecha de matrimonio y la fecha en que se levanta la demanda de divorcio. Inegi, 2014.  

viernes, 2 de septiembre de 2016

Cápsula 10 La CVX anuncia el evangelio de la familia


Punto
LA CVX ANUNCIA EL EVANGELIO DE LA FAMILIA

Frase:
“Se trata de hacer experimentar que el Evangelio de la Familia es alegría que llena el corazón y la vida entera“

Contexto:
El Papa Francisco, en la exhortación Amoris Laetitia no da la pauta de lo que es la pastoral familiar: “debe hacer experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana: a su dignidad y a la realización plena en la reciprocidad, en la comunión y en la fecundidad. No se trata solamente de presentar una normativa, sino de proponer valores, respondiendo a la necesidad que se constata hoy, incluso en los países más secularizados, de tales valores”. También se ha subrayado la necesidad de una evangelización que denuncie con franqueza los condicionamientos culturales, sociales, políticos y económicos, como el espacio excesivo concedido a la lógica de mercado, que impiden una auténtica vida familiar, determinando discriminaciones, pobreza, exclusiones y violencia. Para ello, hay que entablar un diálogo y una cooperación con las estructuras sociales, así como alentar y sostener a los laicos que se comprometen, como cristianos, en el ámbito cultural y sociopolítico”. (1)
La CVX, desde su asamblea mundial en Líbano, discernió que la Familia era una realidad de frontera, de periferia a donde había que ir a hacer misión, orientando la acción principalmente a mostrar apertura, compasión, respeto y sensibilidad hacia las personas que pertenecen a realidades familiares diversas y a crear procesos de formación para parejas y familias, en colaboración con otros (2). En consecuencia, la CVX México ha impulsado acciones para que sus miembros hagan discernimiento sobre esta frontera y prepararlos para llevar a cabo una acción efectiva.
Por otro lado, las realidades diversas en las familias mexicanas, empezando en la manera en que se conforman (familias nucleares, extensas, monoparentales, homoparentales, reconstituidas, etc.) y terminando por las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales actuales en las que viven, nos invitan a mirar con nuevos ojos estas realidades, para encontrarnos frente a personas marginadas, descartadas, discriminadas, violentadas y olvidadas y hacernos sensibles a su dolor.
La misma exhortación apostólica Amoris Laetitia, en su capítulo segundo nos hace un breve recorrido por estas realidades y desafíos. También pueden verse las cápsulas 2 y 3: http://cvxmexico.blogspot.mx/2016/07/capsula-02-la-realidad-familiar-actual.html y http://cvxmexico.blogspot.mx/2016/07/punto-desafios-para-lafamilia-actual.html.
No se puede omitir que en México se vive actualmente un tiempo muy particular de tensión respecto al modelo de familia que debe vivirse, en donde diversos sectores de la población se han enfrentado discutiendo la validez de lo que se conoce como el matrimonio igualitario.

Experiencia:
Las realidades de la familia actual también se hacen presente en las familias cevequianas. Estas realidades se comparten y se disciernen en el seno de la pequeña comunidad. En este compartir la vida se transmite el gozo y también el sufrimiento que toda vida familiar conlleva. Muchos miembros, en su discernimiento personal, habrán descubierto lo que el Papa ya nos decía: que ser familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana, a su dignidad y a la realización plena en la reciprocidad, en la comunión y en la fecundidad. La experiencia de este gozo y paz de vivir, aunque sea de manera imperfecta, el Evangelio de la Familia es en sí mismo una forma de evangelización.

Sin embargo, nuestra espiritualidad ignaciana nos pide hacer magis, por lo que nos impulsa a buscar otro tipo de acciones. En distintas comunidades ya se han puesto en marcha apostolados que de alguna u otra manera, alientan la vivencia del Evangelio, acercándose a las realidades familiares diversas y que llenan de esperanza.
Otra situación que se experimenta dentro de la CVX es la diversidad, la cual si bien es necesaria, pues no se pretende que todos pensemos y actuemos igual, si llega a ser, en algunos casos y frente a ciertas realidades, un obstáculo para la realización de acciones apostólicas concretas que ayuden a la vivencia del Evangelio en la familia.
Debemos reconocer también que nos ha faltado llevar a cabo con mayor contundencia, claridad y efectividad “una evangelización que denuncie” y “entablar un diálogo y una cooperación con las estructuras sociales”; no hemos podido establecer acuerdos, convenios de cooperación con otras organizaciones que tienen fines comunes.

Reflexión:
El Papa Francisco, en el marco del Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia, les decía a los Obispos ahí reunidos que “el Evangelio de la familia es verdaderamente ‘buena noticia’ para un mundo en que la preocupación por uno mismo reina por encima de todo. No se trata de fantasía romántica: la tenacidad para formar una familia y sacarla adelante transforma el mundo y la historia. Son las familias las que transforman el mundo y la historia.” (3). Esta es la buena nueva que la CVX debe anunciar también, para las familias y desde las familias.
Debemos reflexionar qué puede aportar la CVX México en el anuncio del Evangelio de la Familia. La vivencia de nuestra espiritualidad y de la vida comunitaria puede permitir también que los miembros de CVX sean “buenos acompañantes que ayudan a encarnar las propuestas pastorales en las situaciones reales y en las inquietudes concretas de las familias”, respondiendo a la necesidad de agentes laicos de pastoral familiar.
Tenemos un gran reto como comunidad en el desarrollo de mecanismos adecuados de colaboración con la Compañía de Jesús y con otros grupos ignacianos, pero también debemos pensar si es necesario vincularnos con otras organizaciones no gubernamentales o instituciones que nos permitan aportar mejores acciones en la promoción del Reino.
Por otro lado, la brecha generacional existente en este momento en la CVX México también nos debe hacer reflexionar si como comunidad hemos logrado transmitir al exterior la experiencia de vivir el Evangelio, pero sobre todo si en nuestras familias, en nuestros propios hijos y familiares, la vivencia de la espiritualidad ignaciana nos ha permitido evangelizar y convocar.
Lo que es importante tener siempre presente es que la CVX no puede dejar de ser fuente de esperanza y misericordia en un ambiente que parece promover todo lo contrario.

Acción:
Comparte esta cápsula con tu pequeña comunidad y dialoga con los otros miembros respecto a lo que se plantea.

Evaluación:
¿Has sentido el gozo de vivir en familia? ¿cómo se ha reflejado tu Principio y Fundamento en tu vivencia familiar?
¿Puedes identificar las acciones que ha llevado a cabo la CVX México para anunciar el Evangelio de la Familia? ¿Has aportado algo en la realización de estas acciones?


Bibliografía, referencias/ fuentes.

2.    Declaración final de la XVI Asamblea Mundial de la CVX Líbano 2013. http://www.cvx-clc.net/filesNewsReports/Documento_final_Libano_2013.pdf
3.    Discurso del Papa Francisco a los Obispos en el Encuentro Mundial de las Familias 2015. https://www.aciprensa.com/noticias/encuentro-del-papa-francisco-con-obispos-invitados-al-encuentro-mundial-de-las-familias-74200/