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domingo, 7 de marzo de 2021

Domingo III de Cuaresma – Ciclo B

 Domingo III de Cuaresma – Ciclo B (Juan 2, 13-25) – 7 de marzo de 2021

 

#microhomilía

HernanQuezadaSJ

Somos templo, habitado por Dios, llamado a ser morada de él. Si hoy Jesús entra a este templo que somos ¿Qué encontraría? Esta es una buena pregunta para este tiempo de Cuaresma, no sea que encuentre un templo ruidoso y desorganizado, lleno de cambistas y vendedores que han hecho de la morada de Dios una templo de la avaricia y el descontrol. Pidamos a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, que entre, nos ayude y desaloje con látigo en mano, todo eso que debe ser echado fuera, que nos devuelva el silencio y no permita reordenar, para volver a ser su morada, su templo.

La buena noticia es que Cristo es experto en reconstrucciones, lo que ha sido destruido, él lo reconstruye en tres días. ¡Dejémoslo entrar a desalojar y a reconstruir, junto con nosotros!

#FelizDomingo

“¡No hagan un mercado de la casa de mi Padre!”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Jesús de Montreal es una película canadiense, dirigida por Denys Arcand, que ofrece una lectura de la vida de Jesús desde nuestra realidad actual. Fue rodada en 1989 y estrenada un año después. En mi concepto, es la mejor realización cinematográfica de la vida de Jesús. No es una recreación del Jesús de Galilea en su contexto socio-cultural e histórico, sino una actualización, en el mejor sentido de la palabra, de la vida del Señor en el mundo de hoy. El protagonista es un actor de teatro al cual contratan para que renueve una dramatización que se ofrece a los feligreses desde hace 40 años en los alrededores de la famosa Basílica de Montreal. El párroco contacta a un actor joven y le manifiesta su deseo de transformar la anticuada puesta en escena que solía congregar a grandes multitudes durante la Cuaresma y que se representa al aire libre, en los parques que rodean la Basílica.

Este joven actor, que en la película tiene el nombre de Daniel Coloumbe, se dedica durante muchos días a estudiar los últimos avances de la teología para fundamentar muy bien su nueva propuesta. Al mismo tiempo, se dedica a buscar a otros actores y actrices que lo acompañen en el nuevo proyecto. Daniel va haciendo suyas las actitudes de Jesús al que va conociendo a través de sus lecturas. De alguna manera, comienza a encarnarlo, no ya sólo para la obra teatral, sino en su vida cotidiana.

Una de las actrices que contacta, es una joven que se dedica, por falta de mejores ofertas, a posar como modelo para comerciales publicitarios. Una actividad que no la llena en absoluto, pero a la que se ve obligada por la grave situación económica que vive. Durante el proceso de preparación de la obra teatral, Daniel acompaña a su amiga a un casting para la publicidad de una cerveza, en el que tiene que bailar ante un grupo de jueces que califican la actuación y las condiciones de todas las actrices. Como no lleva traje de baño, le piden que se quite el saco porque así no podrán apreciar su cuerpo con plena libertad; ella se excusa diciendo que no lleva nada debajo; sin embargo, los organizadores insisten que tienen que apreciar su cuerpo para poder participar en el concurso; de modo que ella toma la decisión de bailar con el torso desnudo. Pero antes de que se quite el saco, Daniel se levanta de su puesto y le dice que no tiene por qué hacerlo; que es mejor que se vayan; los miembros del jurado comienzan a presionar y se quejan de esa escena de amor que les hace perder su valioso tiempo. De modo que Daniel se enfurece y, lleno de indignación, comienza a tirar todo por el piso; voltea la mesa en las que tienen los equipos de filmación y hace un látigo con los cables de los aparatos y comienza a azotar a todos los presentes y a expulsarlos del teatro donde se realizaba el casting.

Desde luego, el director de la película pretende revivir la ira santa de Jesús ante el atropello del que es objeto el templo de Jerusalén que nos describe el Evangelio de san Juan este domingo. Pero ya no se trata de un templo de ladrillos que han convertido en mercado... sino del templo vivo de la persona humillada y maltratada por una sociedad de consumo que no se detiene ante ningún valor para alcanzar el lucro y la ganancia. Hoy también Jesús volvería a hacer un látigo para expulsar a todos los que hacen de su templo una cueva de bandidos.

 

Fuente “Encuentros con la Palabra”

 

EL AMOR NO SE COMPRA

José Antonio Pagola

Cuando Jesús entra en el Templo de Jerusalén no encuentra gentes que buscan a Dios, sino comercio religioso. Su actuación violenta frente a «vendedores y cambistas» no es sino la reacción del Profeta que se encuentra con la religión convertida en mercado.

Aquel Templo, llamado a ser el lugar en que se había de manifestar la gloria de Dios y su amor fiel, se ha convertido en lugar de engaños y abusos, donde reina el afán de dinero y el comercio interesado.

Quien conozca a Jesús no se extrañará de su indignación. Si algo aparece constantemente en el núcleo mismo de su mensaje es la gratuidad de Dios, que ama a sus hijos e hijas sin límites y solo quiere ver entre ellos amor fraterno y solidario.

Por eso, una vida convertida en mercado, donde todo se compra y se vende -incluso la relación con el misterio de Dios-, es la perversión más destructora de lo que Jesús quiere promover. Es cierto que nuestra vida solo es posible desde el intercambio y el mutuo servicio. Todos vivimos dando y recibiendo. El riesgo está en reducir nuestras relaciones a comercio interesado, pensando que en la vida todo consiste en vender y comprar, sacando el máximo provecho a los demás.

Casi sin darnos cuenta nos podemos convertir en «vendedores y cambistas» que no saben hacer otra cosa sino negociar. Hombres y mujeres incapacitados para amar, que han eliminado de su vida todo lo que sea dar.

Es fácil entonces la tentación de negociar incluso con Dios. Se le obsequia con algún culto para quedar bien con él, se pagan misas o se hacen promesas para obtener de él algún beneficio, se cumplen ritos para tenerlo a nuestro favor. Lo grave es olvidar que Dios es amor, y el amor no se compra. Por algo decía Jesús que Dios «quiere amor y no sacrificios».

Tal vez, lo primero que necesitamos escuchar hoy en la Iglesia es el anuncio de la gratuidad de Dios. En un mundo convertido en mercado, donde todo es exigido, comprado o ganado, solo lo gratuito puede seguir fascinando y sorprendiendo, pues es el signo más auténtico del amor.

Los creyentes hemos de estar más atentos a no desfigurar a un Dios que es amor gratuito, haciéndolo a nuestra medida: tan triste, egoísta y pequeño como nuestras vidas mercantilizadas.

Quien conoce «la sensación de la gracia» y ha experimentado alguna vez el amor sorprendente de Dios, se siente invitado a irradiar su gratuidad y, probablemente, es quien mejor puede introducir algo bueno y nuevo en esta sociedad donde tantas personas mueren de soledad, aburrimiento y falta de amor.

Fuente: http://www.gruposdejesus.com

 

EL CULTO QUE NO ME OBLIGA A MEJORAR MIS RELACIONES CON LOS DEMÁS ES IDOLÁTRICO

Fray Marcos

En las tres primeras lecturas de los domingos que llevamos de cuaresma, se nos ha hablado de pacto. Después de la alianza con Noe (Dom. 1) y con Abraham (Dom. 2), se nos narra hoy la tercera alianza, la del Sinaí. La alianza con Noé fue la alianza cósmica del miedo. La de Abrahán fue la familiar de la promesa. La de Moisés fue la nacional de la Ley. ¿Cómo debemos entender hoy estos relatos? Noé, Abrahán y Moisés, son personajes legendarios.

La historia “sagrada” que narra la vida y milagros de estos personajes se escribió hacia el s. VII antes de Cristo. Son leyendas míticas que no debemos entender al pie de la letra. Se trata de experiencias vitales que responden a las categorías religiosas de cada época. Hoy nadie, en su sano juicio, puede pensar que Dios le dio a Moisés unas tablas de piedra con los diez mandamientos. No fue Dios quien utilizó a Moisés para comunicar su Ley, sino Moisés el que utilizó a Dios para hacer cumplir unas normas que él elaboró sabiamente.

Dios no puede hacer pactos porque no puede ser “parte”. Una cosa es la experiencia de Dios que los hombres tienen según su nivel y otra muy distinta lo que Dios es. Jesús habló del Dios de la “alianza eterna”. Dios actúa de una manera unilateral y desde el ágape, no desde un "toma y daca" con los hombres. Dios se da totalmente sin condiciones ni requisitos, porque el darse (el amor) es su esencia. En el Dios de Jesús no tienen cabida pactos ni alianzas. Lo único que espera de nosotros es que descubramos el don total de sí mismo.

No se trata de purificar el templo sino de sustituir. El relato del Templo lo hemos entendido de una manera demasiado simplista. Siempre interpretamos la Escritura de manera que nos permita tranquilizar nuestra conciencia echando la culpa a los demás. Como buen judío, Jesús desarro­lló su vida espiritual en torno al templo, pero su fidelidad a Dios le hizo comprender que lo que allí se cocía no era lo que Dios esperaba. Recordemos que cuando se escribió este evangelio, ni existía ya el templo ni la casta sacerdotal tenía ninguna influencia en el judaísmo. Pero el cristianismo se había convertido ya en una religión que imitó la manera de dar culto a Dios. Es el culto de ayer y de hoy el que debe ser purificado.

Es casi seguro que algo parecido a lo que nos cuentan, sucedió realmente, porque el relato cumple perfecta­mente los criterios de historici­dad. Por una parte, lo narran los cuatro evangelios. Por otra es algo que podía interpretarse por los primeros cristianos, (todos judíos), como desdoro de la persona de Jesús. No es fácil que nadie se pudiera inventar un relato que critica todo el organigrama del culto desde una mayor fidelidad a Dios.

Nos han dicho que lo que hizo Jesús en el templo fue purificarlo. Esto no tiene fundamento, puesto que lo que estaban haciendo allí los vendedores era imprescindible para el desarrollo de la actividad del templo. Se vendían bueyes, ovejas y palomas, que eran la base de los sacrifi­cios. Los animales vendidos estaban controlados por los sacerdotes y así se garantizaba que cumplían todos los requisitos de pureza legal. También eran imprescindibles los cambistas, porque el templo solo podía recibir dinero puro, es decir, acuñado por el templo. En la fiesta de Pascua, llegaban a Jerusalén israelitas de todo el mundo y a la hora de hacer la ofrenda no tenían más remedio que cambiar su dinero romano o griego por el del templo.

Jesús quiso manifestar con un acto profético, que aquella manera de dar culto a Dios no era la correcta. En esos días de fiesta podía haber en el atrio del templo 8.000 personas. Es impensable que un solo hombre con unas cuerdas pudiera arrojar del templo a tanta gente. El templo tenía su propia guardia, que se encargaba de mantener el orden. Además, en una esquina del templo se levantaba la torre Antonia, con una guarnición romana. Los levantamientos contra Roma tenían lugar siempre durante las fiestas. Eran momentos de alerta máxima. Cualquier desorden hubiera sido sofocado en unos minutos.

Las citas son la clave para interpretar el hecho. Para citar la Biblia se recordaba una frase y con ella se hacía alusión a todo el contexto. Los sinópticos citan a (Is 56,3-7): "mi casa será casa de oración para todos los pueblos”; y a (Jer 7,8-11): "pero vosotros la habéis convertido en cueva de bandidos". Is hace referencia a los extranjeros y a los eunucos, excluidos del templo, y dice: “yo los traeré a mi monte santo y los alojaré en mi casa de oración. Sus sacrificios y holocaus­tos serán gratos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”. Dice que, en los tiempos mesiánicos, los eunucos y los extranjeros podrán dar culto a Dios. Ahora, no podían pasar del patio de los gentiles.

El texto de (Jer 7,8-11) dice así: "No podéis robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal, correr tras otros dioses y luego venir a presentaros ante mí, en este templo consagrado a mi nombre, diciendo: Estamos seguros, para seguir cometiendo los mismos crímenes. ¿Acaso tenéis este templo por una cueva de bandidos?”. Los bandidos no son los que venden palomas y ovejas, sino los que hacen las ofrendas sin una actitud mínima de conversión. Son bandidos, no por ir a rezar, sino porque solo buscaban seguridad. Lo que Jesús critica es que, con los sacrificios, se intente comprar a Dios. Como los bandidos se esconden en las cuevas, están seguros hasta que llegue la hora de volver a robar y matar.

Juan cita un texto de (Zac 14,20) que en aquel día se leerá en los cascabeles de los caballos: "consagrado a Yahvé", y “serán las ollas de la casa del Yahvé como copas de aspersión delante de mi altar”; y “toda olla de Jerusalén y de Judá estará consagrada a Yahvé y los que vengan a ofrecer, comerán de ellas y en ellas cocerán; y ya no habrá comerciantes en la casa de Yahvé en aquel día". Esa inscripción "consagrado a Yahvé" la llevaban los cascabeles de las sandalias de los sacerdotes y las ollas donde se cocía la carne consagrada. Quiere decir que, en los tiempos mesiánicos, no habrá distinción entre cosa sagrada y cosa profana.

Los vendedores interpelados (los judíos), le exigen un prodigio que avale su misión. No reconocen a Jesús ningún derecho para actuar así. Ellos son los dueños y Jesús un rival que se ha entrometido. Ellos están acreditados por la institución misma y quieren saber quién le acredita a él. No les interesa la verdad de la denuncia, sino la legalidad de la situación, que les favorece. Pero Jesús les hace ver que sus credenciales han caducado. Las credenciales de Jesús serán: hacer presente la gloria de Dios a través de su amor.

Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré. Aquí encontramos la razón por la que leemos el texto de Jn y no el de Mc. Esta alusión a su resurrección da sentido al texto en medio de la cuaresma. Le piden una señal y contesta haciendo alusión a su muerte. Su muerte hará de él el santuario definitivo. La razón para matarlo será que se ha convertido en un peligro para el templo. El fin de los tiempos, en Jn está ligado a la muerte de Jesús.

Si dejásemos de creer en un Dios “que está en el cielo”, no le iríamos a buscar en la iglesia (edificio), donde nos encontramos tan a gusto. Si de verdad creyésemos en un Dios que está presente en todas y cada una de sus criaturas, trataríamos a todas con el mismo cuidado y cariño que si fuera él mismo. Nos seguimos refugiando en lo sagrado, porque seguimos pensando que hay realidades que no son sagradas. El evangelio está sin estrenar.

Meditación

Mis relaciones con Dios siguen siendo un “toma y daca”,

sin ninguna repercusión en mis relaciones con los demás.

Dios se me ha dado totalmente para que yo haga lo mismo.

Mi tarea consiste en tomar conciencia de ese don total.

Mi entrega a los demás corresponderá entonces a esa realidad.

Fray Marcos

sábado, 27 de febrero de 2021

Domingo II de Cuaresma – Ciclo B

 

Domingo II de Cuaresma – Ciclo B (Marcos 9, 2-10) – 28 de febrero de 2021

 


#microhomilía

#HernanQuezadaSJ

Podríamos hoy hacer un recorrido inverso del orden de las lecturas. Es decir, partimos del Evangelio y nos preguntamos cómo Dios se nos ha revelado en nuestra vida, como hemos experimentado con Cristo la experiencia de cambiar, de ser "de otro modo", al sentirnos con y por Él profundamente amados. Por esta certeza de amor sabemos que Dios siempre está de nuestro lado y que siempre está dispuesto a darnos todo. Nos volvemos confiados y valientes y exclamamos con el salmista: ¡Siempre confiaré en el Señor!. Quien tiene este amor confiado en Dios y se sabe amado, camina en los momentos de confusión, como Abraham, expectante, pues aún en la crisis que pareciera confuso incluso el amor de Dios, se mantiene firme en la confianza y la entrega total a Dios pues sabe que es Padre y siempre estará a su favor. ¿Qué invitación recibes hoy? #FelizDomingo

 

“Este es mi Hijo amado: ¡escúchenlo!”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*

Hace algunos años, durante una novena de Navidad, estuve celebrando la eucaristía en CETI (Centro Terapéutico Infantil), una institución de Bogotá que acoge a niños y niñas con parálisis cerebral o con otras deficiencias más o menos profundas. Suelo ir a CETI y encontrarme con amigos y amigas muy queridos que, además de ser pobres, han tenido que vivir con unas limitaciones que los marginan aún más de su vida familiar y social: Diego, Gloria, Uriel, July y tantos otros.

Ese día, la eucaristía transcurrió sin mayores sobresaltos; cantamos, aplaudimos, nos alegramos de recibir la visita de Jesús en nuestra casa. Pero, en el momento de la comunión, cuando comencé a repartir el cuerpo del Señor entre los niños y niñas que estaban sentados en sus respectivos puestos y a las colaboradoras del centro y a un grupo de amigas que habían ido conmigo, comenzamos a escuchar un lamento extraño, que no supe reconocer en el primer momento, porque expresaba un gran dolor pero, al mismo tiempo era suave y delicado. Era Andrés, un niño de cuatro años que estaba sentado en una silla para bebés sobre una de las mesas del salón. Andrés tiene el cuerpo de un bebé de mes y medio; pesa 8 libras y mide 65 centímetros. Cuando vio que todos los presentes estaban recibiendo una galleta, él comenzó a gritar, con la fuerza que le permitían sus pequeños pulmones, para que también le dieran una a él. La directora de CETI comenzó a decirle a Andrés que no gritara más. Que no podía recibir la comunión como todos los demás. Pero Andrés no se rendía. Seguía expresando su queja conmoviendo a todos los que estábamos presentes. Fui, tomé una hostia sin consagrar y se le entregué a Andrés, que la recibió con un movimiento perfecto de su mano diminuta y se la echó a la boca inmediatamente. Desde luego, no le supo a galleta, como él suponía, y pronto la dejó a un lado.

El lamento de Andrés me trajo a la memoria los gritos del pueblo de Israel que Dios escuchó, como nos cuenta el libro del Éxodo, cuando el Señor envió a Moisés a liberarlo de la esclavitud de Egipto y a conducirlo a una tierra de libertad que mana leche y miel. Pero también me trajo a la memoria aquella escena de Elías, en el Horeb, cuando el Señor no se dejó sentir en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni el fuego que pasó por delante de la cueva donde estaba, sino en un “sonido suave y delicado”, ante el cual Elías se cubrió la cara con su capa”.

Estas dos evocaciones fueron las que se hicieron presentes en el Monte Tabor, cuando Jesús se transfiguró delante de sus discípulos. Cuenta san Marcos que Pedro, Santiago y Juan vieron cómo la ropa de Jesús “se volvió brillante y más blanca de lo que nadie podría dejarla por mucho que la lavara. Y vieron a Elías y a Moisés, que estaban conversando con Jesús”. Y en medio de esta escena, llena de consolación, “apareció una nube y se posó sobre ellos. Y de la nube salió una voz, que dijo: “Este es mi Hijo amado: escúchenlo”. Escuchar al Hijo amado es escuchar el grito del pueblo, que escuchó el Dios de Moisés y percibir el susurro de la presencia de Dios en voces como las de Andrés.

Fuente:  “Encuentros con la Palabra” 

NUEVA IDENTIDAD CRISTIANA

José Antonio Pagola

Para ser cristiano, lo más decisivo no es qué cosas cree una persona, sino qué relación vive con Jesús. Las creencias, por lo general, no cambian nuestra vida. Uno puede creer que existe Dios, que Jesús ha resucitado y muchas cosas más, pero no ser un buen cristiano. Es la adhesión a Jesús y el contacto con él lo que nos puede transformar.

En los evangelios se puede leer una escena que, tradicionalmente, se ha venido en llamar la «transfiguración» de Jesús. Ya no es posible reconstruir la experiencia histórica que dio origen al relato. Solo sabemos que era un texto muy querido entre los primeros cristianos, pues, entre otras cosas, los animaba a creer solo en Jesús.

La escena se sitúa en una «montaña alta». Jesús está acompañado de dos personajes legendarios en la historia judía: Moisés, representante de la Ley, y Elías, el profeta más querido en Galilea. Solo Jesús aparece con el rostro transfigurado. Desde el interior de una nube se escucha una voz: «Este es mi hijo querido. Escuchadlo a él».

Lo importante no es creer en Moisés ni en Elías, sino escuchar a Jesús y oír su voz, la del Hijo amado. Lo más decisivo no es creer en la tradición ni en las instituciones, sino centrar nuestra vida en Jesús. Vivir una relación consciente y cada vez más comprometida con Jesucristo. Solo entonces se puede escuchar su voz en medio de la vida, en la tradición cristiana y en la Iglesia.

Solo esta comunión creciente con Jesús va transformando nuestra identidad y nuestros criterios, va curando nuestra manera de ver la vida, nos va liberando de esclavitudes, va haciendo crecer nuestra responsabilidad evangélica.

Desde Jesús podemos vivir de manera diferente. Ya las personas no son simplemente atractivas o desagradables, interesantes o sin interés. Los problemas no son asunto de cada cual. El mundo no es un campo de batalla donde cada uno se defiende como puede. Nos empieza a doler el sufrimiento de los más indefensos. Nos atrevemos a trabajar por un mundo un poco más humano. Nos podemos parecer más a Jesús.

Fuente: http://www.gruposdejesus.com

 

LO QUE HAY DE DIVINO EN JESÚS ESTÁ EN SU HUMANIDAD, NO VIENE DE FUERA

Fray Marcos

En los tres ciclos litúrgicos leemos, el segundo domingo de cuaresma, el relato de la transfiguración. Hoy leemos el de Marcos que es el más breve, aunque hay muy pocas diferencias con los demás sinópticos. Lo difícil para nosotros es dar sentido a este relato. Marcos coloca este episodio entre el primer anuncio de la pasión y el segundo. Parece que hay una intención clara de contrarrestar ese lenguaje duro y difícil de la cruz.

Es descabellado que Jesús se dedicara hacer una puesta en escena particular. Mucho menos que tratara de dar un caramelo a los más íntimos para ayudarles a soportar el trago de la cruz (cosa que no consiguió). Con ello estaría fomentando lo que tanto critica Marcos en todo su evangelio: El poner como objetivo último la gloria; aceptar que lo verdaderamente importante es el triunfo personal, aunque sea a través de la cruz.

La estructura del relato a base de datos del AT nos advierte de que no se trata de un hecho histórico, sino de teología. No quiere decir que Dios en un momento determinado realice un espectáculo de luz y sonido. Son solo experiencias subjetivas que, en un momento determinado, atestiguan la presencia de lo divino en un individuo concreto. La presencia de lo divino es constante en toda la realidad creada, pero el hombre puede descubrir esa cercanía y vivirla de una manera experimental en un momento determinado de su vida.

A Dios nunca podemos acceder por los sentidos. Si en esa experiencia se dan percepciones aparentemente sensoriales, se trata de fenómenos paranormales o psicológicos. Dios está en cada ser acomodándose a lo que es como criatura, no cambiando o violentando nada de ese ser. Es más, la llegada a la existencia de todo ser es la consecuencia de la presencia divina en él. Esto no quiere decir que la experiencia de Dios no sea real. Quiere decir que Dios no está nunca en el fenómeno, sino en la esencia. “Si te encuentras al Buda, mátalo”.

Jesús, plenamente humano, tuvo que luchar en la vida por descubrir su ser. El relato de hoy quiere decir que, aun siendo hombre, habitaba en él lo divino. Seguramente se trate de un relato pascual que, en un momento determinado, se consideró oportuno retrotraer a la vida de Jesús. En los relatos pascuales se insiste en que ese Jesús Vivo es el mismo que anduvo con ellos por las tierras de Galilea. En la trasfiguración se dice lo mismo, pero desde el punto de vista contrario. El Jesús que vive con ellos es ya el Cristo glorificado.

La manera de construir el relato quiere demostrar que lo que descubrieron de Jesús después de su muerte, ya estaba en él durante su vida, solo que no fueron capaces de apreciarlo. Jesús fue siempre lo que se quiere contar en este relato, antes de la muerte y después de ella. Lo que hay de divino en Jesús está en su humanidad, no está añadido a ella en un momento determinado. Este mensaje es muy importante a la hora de superar visiones demasiado maniqueas de Jesús con el fin de manifestar de manera apodíctica su divinidad.

Pedro, Santiago y Juan, los únicos a los que Jesús cambió el nombre. Era buena gente, pero un poco duros de mollera. Necesitaron clases de apoyo para poder llegar al nivel de comprensión de los demás. Los tres acompañan a Jesús en el huerto. Los tres son testigos de la resurrección de la hija de Jairo. Pedro acaba de decir a Jesús que, de pasión y muerte, ni hablar. Santiago y Juan van a pedir a Jesús, en el capítulo siguiente, que quieren ser los primeros en su reino. Los tres demuestran que no entendieron el mensaje de su Maestro.

La montaña alta, la nube, la luz, la voz, el miedo, son todos elementos que aparecen en las teofanías del AT. El monte es una clara referencia al Sinaí. La nube fue signo de que Dios los acompañaba, sobre todo en el desierto. La nube trae agua, sombra, vida. Los vestidos blancos son signo de la divinidad. El hecho de que todos sean símbolos no disminuye en nada la profundidad del mensaje que nos quieren transmitir, al contrario, el lenguaje bíblico asegura la comprensión de los destinatarios que eran todos judíos.

Moisés y Elías, además de ser los testigos de grandes teofanías, representan todo el AT, la Ley y los profetas. Significa que Jesús no se sacó su mensaje de la manga, sino que está en total acuerdo con el AT. Está claro que lo que se intenta es manifestar el traspaso del testigo a Jesús. Hasta ahora, La Ley y los profetas eran la clave para descubrir la voluntad de Dios. Desde ahora, la clave de acceso a Dios será Jesús.

¡Qué bien se está aquí! Para Pedro era mucho mejor lo que estaba viendo y disfrutando que la pasión y muerte, que les había anunciado unos versículos antes Jesús para dentro de muy poco. Cuando les anuncia por primera vez la pasión, Pedro había dicho a Jesús: ¡Ni hablar! Ahora se encuentra a sus anchas. El mismo afán de gloria que a todos nos acecha.

Vamos a hacer tres chozas. Pedro está en la “gloria”, y pretende retener el momento. Pedro, diciendo lo que piensa, manifiesta su falta total de comprensión del mensaje de Jesús. Le ha costado subir, pero ahora no quieren bajar, porque se habían acercado a Jesús con buena voluntad, pero sin descartar la posibilidad de medrar. Al poner al mismo nivel a los tres personajes, Pedro niega la originalidad de Jesús. No acepta que la Ley y los profetas han cumplido su papel y están ya superados. La voz corrige esta visión de Pedro.

¡Escuchadlo! En griego, “akouete autou” significa escuchadle a él solo. A Moisés y Elías los habéis escuchado hasta ahora. Llega el momento de escucharle a él. El AT es el mayor obstáculo para escuchar a Jesús. Hoy lo son los prejuicios que nos han inculcado sobre Jesús. Escuchar es la actitud del discípulo. En el Éxodo, escuchar a Dios no es aprender de Él, sino obedecerle. La Palabra que escuchamos nos compromete y nos arranca de nosotros mismos.

No contéis a nadie... Es la referencia más clara a la experiencia pascual. No tiene sentido hablar de lo que ellos ni estaban buscando ni habían descubierto. No solo no contaron nada, sino que a ellos mismos se les olvidó. En el capítulo siguiente nos narra la petición de los primeros puestos por parte de Santiago y Juan. Pedro termina negándolo ante una criada. Hechos que hubieran sido impensables después de una experiencia como la transfiguración.

Lo importante no es que Jesús sea el Hijo amado. Lo determinante es que, cada uno de nosotros somos el hijo amado como si fuéramos únicos. Dios nos está comunicando en cada instante su misma Vida y habla en lo hondo de nuestro ser en todo momento. Esa voz es la que tenemos que escuchar. No tenemos que aceptar la cruz como camino para la gloria. No llegamos a la vida a través de la muerte. En la “muerte” está ya la Vida.

Con relación al AT, tenemos un mensaje muy claro en el relato de hoy: Hay que escuchar a Jesús para poder comprender La Ley y Los Profetas, no al revés. Seguimos demasiado apegados al Dios del AT. El mensaje de Jesús nos viene demasiado grande. Como Pedro, lo más que nos hemos atrevido a hacer es ponerlo al mismo nivel que la Ley y Los Profetas. El afán de interpretar a Jesús desde el AT nos ha jugado una mala pasada.

Meditación

En Marcos, Jesús nos habla con sus hechos.

El mayor atractivo de Jesús es su coherencia.

En él, lo que pensaba, lo que decía y lo que hacía era todo uno.

Esa autenticidad es la clave de un verdadero ser humano.

Jesús era verdad, modelo de humanidad y divinidad.

Ahí tenemos la divinidad, manifestada.

Fray Marcos


Fuente: http://feadulta.com/

 

sábado, 20 de febrero de 2021

I Domingo de Cuaresma – Ciclo B

I Domingo de Cuaresma – Ciclo B (Marcos 1, 12-55) – 21 de febrero de 2021



#microhomilía

#HernanQuezadaSJ

La cuaresma es un tiempo con sabor a silencio, es un tiempo para ir más lentos y darnos cuenta de lo que ha acontecido, lo que acontece y disponernos para lo que acontecerá. Es tiempo para recordar que Dios tiene una alianza inquebrantable con nosotros, pero nosotros la podemos olvidar y quebrantar. Nuestro espíritu se puede ir quedando encarcelado y experimentamos verdaderos desiertos existenciales.

Este es un buen tiempo para disponernos a regresar, exclamando con el salmista: "enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, has que camine con lealtad". Le exclamamos esto a Dios, que hoy nos recuerda la Palabra es el Dios de la ternura, de la misericordia, de la lealtad, es el Dios maestro de los humildes, de los dispuestos a escuchar y regresar.

La "lealtad hacia Dios" no se expresa con discursos o formas, sino con una vida que es reflejo de Él, una vida de ternura y misericordia expresada hacia todos los demás. Sólo así, dejaremos de habitar desiertos y comenzaremos a vivir en autentica libertad.

#FelizDomingo 

“Después de esto, el Espíritu llevó a Jesús al desierto”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

San Ignacio de Loyola describió la experiencia más profunda de Dios que tuvo en su vida con estas palabras: "Una vez iba por su devoción a una iglesia, que estaba poco más de una milla de Manresa, que creo yo que se llama san Pablo, y el camino va junto al río; y yendo así en sus devociones, se sentó un poco con la cara hacia el río, el cual iba hondo. Y estando allí sentado se le empezaron abrir los ojos del entendimiento; y no que viese alguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas, tanto de cosas espirituales, como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían todas las cosas nuevas. Y no se puede declarar los particulares que entendió entonces, aunque fueron muchos, sino que recibió una grande claridad en el entendimiento; de manera que en todo el discurso de su vida, hasta pasados sesenta y dos años, reuniendo todas cuantas ayudas haya tenido de Dios, y todas cuantas cosas ha sabido, aunque las junte todas en una, no le parece haber alcanzado tanto, como de aquella vez sola" (Autobiografía 30).

El antiguo soldado desgarrado y vano, que había buscado en los honores del mundo el sentido de su vida, y que poco a poco había ido rompiendo con los moldes de una cultura que determinaba su destino, se encontró en la soledad de su camino, con una experiencia de Dios imposible de abarcar. Junto al río Cardoner que iba hondo, este incurable caminante se sentó un poco con la cara hacia el río. No es que haya visto nada especial, ni que se le haya aparecido la Virgen, como a algunos arrieros de nuestras tierras, sino que todas las cosas le parecieron nuevas. Ni siquiera él mismo es capaz de entrar en detalles, pero ciertamente este momento cambió radicalmente su rumbo. Al final de sus días, después de sesenta y dos años, podía asegurar que aún juntando todas las experiencias e iluminaciones de su vida, nunca había recibido tanto como aquella sola vez.

Todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, después de haber buscado en vano por rincones y recodos el sentido de nuestras existencias, nos hemos sentado un poco con la cara vuelta hacia el río de la historia. Hemos dejado de buscar nuestro propio camino, para dejar que aquel que es el Camino, nos buscara. Hemos dejado de preguntar por nuestras inquietudes, para dejar que aquel que es la Verdad, nos inquietara con sus preguntas. Hemos dejado de vivir para nosotros mismos, para dejar que aquel que es la Vida, comenzara a comunicarnos una vida abundante que teníamos que regalar a los demás.

Esto es, precisamente, lo que vivió Jesús cuando se fue al desierto; detuvo un momento su camino y se dejó tocar por las preguntas que le lanzaba Dios a través de la vida de su pueblo. Fue en este contexto de silencio y soledad, donde fue descubriendo lo que su Padre le pedía. Fue allí donde sintió las pruebas y las tentaciones de volverse atrás. Fue allí donde encontró las fuerzas para salir a predicar por toda Galilea: “Ha llegado el tiempo, y el reino de Dios está cerca. Vuélvanse a Dios y acepten con fe sus buenas noticias”. ¿Estás dispuesto o dispuesta a sentarte un poco junto al camino de tu vida para dejar que las preguntas de Dios te asalten y te exijan respuestas? ¿De verdad quieres entrar un momento en la soledad y el desierto para encontrarte con Dios y con tus propias fragilidades? Eso es la Cuaresma.

 Fuente “Encuentros con la Palabra”

LA CONVERSIÓN NOS HACE BIEN

José Antonio Pagola

La llamada a la conversión evoca casi siempre en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente, propio de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Jesús: «Convertíos y creed en la Buena Noticia», nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: «Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano y gozoso. Nos dispone a entrar en el proyecto de Dios para construir un mundo más humano». Alguno se preguntará: pero ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar?

Lo primero es detenerse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida: ¿quién soy yo?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿es esto lo único que quiero vivir?

Este encuentro consigo mismo exige sinceridad. Lo importante es no seguir engañándonos por más tiempo. Buscar la verdad de lo que estamos viviendo. No empeñarnos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos. Es fácil que experimentemos entonces el vacío y la mediocridad. Aparecen ante nosotros actuaciones y posturas que están arruinando nuestra vida. No es esto lo que hubiéramos querido. En el fondo deseamos vivir algo mejor y más gozoso.

Descubrir cómo estamos dañando nuestra vida no tiene por qué hundirnos en el pesimismo o la desesperanza. Esta conciencia de pecado es saludable. Nos dignifica y nos ayuda a recuperar la autoestima. No todo es malo y ruin en nosotros. Dentro de cada uno está actuando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, el amor y la bondad. Es Dios, que quiere una vida más digna para todos.

La conversión nos exigirá sin duda introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste en esos cambios. Ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana. Colaborar en el proyecto de Dios.

Todos, creyentes y menos creyentes, pueden dar los pasos evocados hasta aquí. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por mí más que yo mismo, para resolver no mis problemas, sino «el problema», esa vida mía mediocre y fallida que parece no tener solución. Un Dios que me entiende, me espera, me perdona y quiere verme vivir de manera más plena, gozosa y gratificante.

Por eso el creyente vive su conversión invocando a Dios con las palabras del salmista: «Ten misericordia de mí, oh Dios, según tu bondad. Lávame a fondo de mi culpa, limpia mi pecado. Crea en mí un corazón limpio. Renuévame por dentro. Devuélveme la alegría de tu salvación» (Sal 51 [50]).

Fuente: http://www.gruposdejesus.com

 

JESÚS NO FUE AL DESIERTO A HACER PENITENCIA SINO A MEDITAR

Fray Marcos

Durante siglos, hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Él. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. Jesús nos dice que el perdón es el punto de partida. Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos datos para intentar otras explicaciones. Somos fruto de la evolución y seguimos avanzando.

El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente. El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por unos cientos de miles de años de trayectoria humana.

El primer objetivo de todo ser vivo fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a él, la vida no solo se conservó sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens”. Su relativa perfección permite al hombre unas relaciones completamente distintas; ahora fundadas en la armonía. Pero permanece el instinto de conservación que le lleva al individualismo. La visión miope tiene que ser superada por un nuevo conocimiento.

Fijaos bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás, con las cosas. La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.

El hecho de que Marcos sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que en Mateo y Lucas, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles por parte del primero. También pudiera ser que Mateo y Lucas encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Marcos. En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Mc está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.

El objetivo del relato es muy distinto en cada uno de los sinópticos. Marcos no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En él no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal. En el evangelio de Marcos no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora. La tentación está siempre a nuestro alrededor.

Inmediatamente. Comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”. Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. Este Espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que se desarrolló en los siglos VI y V; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es “ekballo” = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El Espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto. Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, es lugar del encuentro con Dios. Es imposible comprender todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días fueron necesarios para que se convirtieran los ninivitas. 40 días caminó Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás. “Peireo” indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber un aprobado si no hay examen. ‘Satán’ significa el que acusa en el juicio, exactamente lo contrario que ‘paráclito’, el que defiende en un juicio. En Mateo y Lucas las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha por comprenderse en Dios.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas” condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras). Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera será total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. El verbo que emplea es “diakoneô” que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. En el NT “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio de los seguidores de Jesús. Su primer significado era “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien, o expresar que Dios estaba de su parte.

Nadie ni nada puede malearnos sustancialmente, ni el pecado de Adán ni nuestros propios pecados. Nuestra tarea consiste en ir descubriendo lo que nos deteriora como seres humanos y lo que nos va construyendo como personas.

Meditación

La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,

dejándome llevar por una cómoda idolatría.

El antídoto es el Dios de Jesús,

El Abbá que me hace vivir su misma Vida.

Si descubro mi verdadero ser,

surgirá dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

Fray Marcos

 

Fuente: http://feadulta.com/

domingo, 29 de marzo de 2020

Domingo V de Cuaresma – Ciclo A (Juan 11, 1-45)


Domingo V de Cuaresma – Ciclo A (Juan 11, 1-45) 29 de marzo de 2020



“Jesús, al ver llorar a María (...) se conmovió profundamente”
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

¡Qué fácil resultan las cosas cuando se quiere! Detrás de todo lo valioso e importante en esta vida, hay historias de amor que no conocemos. Normalmente, vemos los resultados y nos llenamos de admiración al reconocer la inmensidad de las obras de hombres y mujeres a lo largo y ancho de este mundo: Obras de arte, gestas revolucionarias, grandes construcciones, proyectos de desarrollo, acciones a favor de los demás... Detrás de todo ello había trabajando un motor inmóvil, un dinamismo creador, salvador y liberador que no se explica con palabras sino con obras; que no se contenta con los buenos deseos sino que pasa a las acciones; que no sólo opina sobre lo que debe cambiar, sino que transforma la realidad: ¡Este motor del mundo, que mueve sin ser movido, es el amor!

Recordarán ustedes la historia que salió hace unos años en una de las páginas del calendario del Corazón de Jesús que hablaba de una niña que iba caminando por un sendero pedregoso llevando a cuestas a su hermanito. “Me quedé mirándola y le pregunté: –¿Cómo puedes llevar una carga tan pesada? La niña volvió hacia mí sus ojos llenos de sorpresa y me respondió: –No es una carga, señor, es mi hermanito".

Por todas partes, en el texto en el que san Juan nos relata la resurrección de Lázaro, salta a la vista el cariño que Jesús sentía hacia esta familia de Betania: “tu amigo está enfermo”; “Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro, cuando le dijeron que Lázaro estaba enfermo se quedó dos días más en el lugar donde se encontraba. Después dijo a sus discípulos: – Vamos otra vez a Judea”; “Jesús, al ver llorar a María y a los judíos que habían llegado con ella, se conmovió profundamente y se estremeció, y les preguntó: – ¿Dónde lo sepultaron? Le dijeron: – Ven a verlo Señor. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron entonces: – ¡Miren cuánto lo quería!”. “Jesús, otra vez conmovido, se acercó a la tumba. Era una cueva, cuya entrada estaba tapada con una piedra. Jesús dijo: – Quiten la piedra”. Y más adelante, la bella oración que Jesús dice delante de la tumba de su amigo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado.. Yo sé que siempre me escuchas, pero lo digo por el bien de esta gente que está aquí, para que crean que tú me has enviado. Después de decir esto, gritó: – ¡Lázaro, sal de ahí!”

Sólo desde el amor se explica que el Señor Jesús haya querido ir a Judea donde hacía poco habían tratado de matarlo a pedradas. Sólo desde el amor pudieron los discípulos decir: “Vamos también nosotros, para morir con él”. Sólo desde el amor se explica ese bendito grito de Jesús ante la tumba de su amigo: “¡Lázaro, sal de ahí!” Sólo desde el amor se entiende que “El muerto salió, con las manos y los pies atados con vendas y la cara envuelta en un lienzo”.

Si nos dejamos mover por esa fuerza misteriosa del amor que bulle allí en nuestro interior, daremos vida a los cadáveres y seremos capaces, también hoy, de asumir nuestra misión estando incluso dispuestos a ‘morir con él’. La Cuaresma es un tiempo para crecer en este amor que mueve montañas. Vivamos esta experiencia del amor que Dios nos regala en la persona de Jesús y pidámosle que seamos capaces de sacar de su tumba a los muertos o por lo menos, sintamos la fuerza para echarnos al hombro a nuestro hermanito.

UNA PUERTA ABIERTA
José Antonio Pagola

Estamos demasiado atrapados por el «más acá» para preocuparnos del «más allá». Sometidos a un ritmo de vida que nos aturde y esclaviza, abrumados por una información asfixiante de noticias y acontecimientos diarios, fascinados por mil atractivos que el desarrollo técnico pone en nuestras manos, no parece que necesitemos un horizonte más amplio que «esta vida» en la que nos movemos.
¿Para qué pensar en «otra vida»? ¿No es mejor gastar todas nuestras fuerzas en organizar lo mejor posible nuestra existencia en este mundo? ¿No deberíamos esforzarnos al máximo en vivir esta vida de ahora y callarnos respecto a todo lo demás? ¿No es mejor aceptar la vida con su oscuridad y sus enigmas, y dejar «el más allá» como un misterio del que nada sabemos?
Sin embargo, el hombre contemporáneo, como el de todas las épocas, sabe que en el fondo de su ser está latente siempre la pregunta más seria y difícil de responder: ¿qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Cualquiera que sea nuestra ideología o nuestra fe, el verdadero problema al que estamos enfrentados todos es nuestro futuro. ¿Qué final nos espera?
Peter Berger nos ha recordado con profundo realismo que «toda sociedad humana es, en última instancia, una congregación de hombres frente a la muerte». Por ello, es ante la muerte precisamente donde aparece con más claridad «la verdad» de la civilización contemporánea, que, curiosamente, no sabe qué hacer con ella si no es ocultarla y eludir al máximo su trágico desafío.
Más honrada parece la postura de personas como Eduardo Chillida, que en alguna ocasión se expresó en estos términos: «De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada».
Es aquí donde hemos de situar la postura del creyente, que sabe enfrentarse con realismo y modestia al hecho ineludible de la muerte, pero que lo hace desde una confianza radical en Cristo resucitado. Una confianza que difícilmente puede ser entendida «desde fuera» y que solo puede ser vivida por quien ha escuchado, alguna vez, en el fondo de su ser, las palabras de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida». ¿Crees esto?

YA TENGO LA VERDADERA VIDA AQUÍ Y AHORA
Fray Marcos

Lázaro es un personaje simbólico que nos representa en nuestra condición de criaturas limitadas, invitadas a superar los límites. Con la misma palabra “vida”, se hace referencia a conceptos tan diferentes que es difícil interpretarlos bien. De hecho, se puede dar la muerte en una vida fisiológica sana y se puede dar la Vida con una salud deteriorada. No podemos tergiversar el texto hasta hacerle decir lo contrario de lo que quiere decir. Es indispensable que tratemos de dilucidar de qué Vida y de qué muerte estamos hablando.
 En el relato de hoy, todo es simbólico. Los tres hermanos representan la nueva comunidad. Jesús está totalmente integrado en el grupo por su amor a cada uno. Unos miembros de la comunidad se preocupan por la salud de otro. La falta de lógica del relato nos obliga a salir de la literalidad. Cuando dice Jesús: “esta enfermedad no acabará en la muerte sino para revelar la gloria de Dios”; y al decir: “Lázaro está dormido: voy a despertarlo”, nos está indicando el verdadero sentido de todo el relato.
 Si seguimos preguntando si Lázaro resucitó o no, físicamente, es que seguimos muertos. La alternativa no es, esta vida, solamente aquí abajo u otra vida después, pero continuación de esta. La alternativa es: vida biológica sola, o Vida definitiva durante esta vida y más allá de ella. Que Lázaro resucite para volver a morir unos años después, no soluciona nada. Sería ridículo que ese fuese el objetivo de Jesús. Es realmente sorprendente, que ni los demás evangelistas, ni ningún otro escrito del NT, mencione un hecho tan espectacular como la resurrección de un cuerpo ya podrido.
 Jesús no viene a prolongar la vida física, viene a comunicar la Vida de Dios que él mismo posee. Esa Vida anula los efectos catastróficos de la muerte biológica. Es la misma Vida de Dios. Resurrección es un término relativo, supone un estado anterior de vida física. Ante el hecho de la muerte natural, la Vida que sigue, aparece como renovación de la vida que termina. “Yo soy la resurrección” está indicando que es algo presente, no futuro y lejano. No hay que esperar a la muerte para conseguir Vida.
 Para que esa Vida pueda llegar al hombre, se requiere la adhesión a Jesús. A esa adhesión responde él con el don del Espíritu-Vida, que nos sitúa más allá de la muerte física. El término “resurrección” expresa solamente su relación con la vida biológica que ya ha terminado. “Quién escucha mi mensaje y da fe al que me mandó, posee Vida definitiva” (5,24). Esto quiere decir que todo aquel que tenga una actitud como la que tuvo Jesús en su vida, participa de esa Vida. Esa Vida es la misma que vive Jesús.
Jesús corrige la concepción tradicional de “resurrección del último día”, que Marta compartía con los fariseos. Para Jn, el último día es el día de la muerte de Jesús, en el cual, con el don del Espíritu, la creación del hombre queda completada. Esta es la fe que Jesús espera de Marta. No se trata de creer que Jesús puede resucitar muertos. Se trata de aceptar la Vida definitiva que Jesús posee y puede comunicar al que se adhiere a él. Hoy seguimos con la fe para el más allá de Marta, que Jesús declara insuficiente.
 ¿Dónde le habéis puesto? Esta pregunta, hecha antes de llegar al sepulcro, parece insinuar la esperanza de encontrar a Lázaro con Vida. Indica que son ellos los que colocaron a Lázaro en el sepulcro, lugar de muerte sin esperanza. El sepulcro no es el lugar propio de los que han dado su adhesión a Jesús. Al decirles: “Quitad la losa”. Jesús pide a la comunidad que se despoje de su creencia. Los muertos no tienen por qué estar separados de los vivos. Los muertos pueden estar vivos y los vivos, muertos.
Ya huele mal. La trágica realidad de la muerte se impone. Marta sigue pensando que la muerte es el fin. Jesús quiere hacerle ver que no es el fin; pero también que sin  muerte no se puede alcanzar la verdadera Vida. La muerte sólo deja de ser el horizonte último de la vida cuando se asume y se traspasa. “Si el grano de trigo no muere...” Nadie puede quedar dispensado de morir, ni el mismo Jesús. Jesús invita a Nicodemo a nacer de nuevo. Ese nacimiento es imposible sin morir antes a todo lo que creemos ser.
 Al quitar la losa, desaparece simbólicamente la frontera entre muertos y vivos. La losa no dejaba entrar ni salir. Era la señal del punto y final de la existencia. La pesada losa de piedra ocultaba la presencia de la Vida más allá de la muerte. Jesús sabe que Lázaro había aceptado la Vida antes de morir, por eso ahora está seguro de que sigue viviendo. Es más, solo ahora posee en plenitud la verdadera Vida. “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”. La Vida es compatible con la muerte.
 Es muy importante la oración de Jesús en ese momento clave. Al levantar los ojos a “lo alto” y “dar gracias al Padre”, Jesús se coloca en la esfera divina. Jesús está en comunicación constante con Dios; su Vida es la misma Vida de Dios. No se dice que haya pedido nada. El sentido de la acción de gracias lo envuelve todo. Es consciente de que el Padre se lo ha dado todo, entregándose Él mismo. La acción de gracias se expresa en gestos y palabras, pero en Jesús manifiesta una actitud permanente.
 Al gritar: ¡Lázaro, ven fuera! está confirmando que el sepulcro, donde le habían colocado, no era el lugar donde debía estar. Han sido ellos los que le han colocado allí. El creyente no está destinado al sepulcro, porque aunque muere, sigue viviendo. Con su grito, Jesús quiere mostrar a Lázaro vivo. Los destinatarios del grito son ellos, no Lázaro. Ellos tienen que convencerse de que la muerte física no ha interrumpido la Vida. Entendido literalmente, sería absurdo gritar para que el muerto oyera.
 Salió el muerto con las piernas y los brazos atados. Las piernas y los brazos atados muestran al hombre incapaz de movimiento y actividad, por lo tanto, sin posibilidad de desarrollar su humanidad (ciego de nacimiento). El ser humano, que no nace a la nueva Vida, permanece atado de pies y manos, imposibilitado para crecer como tal ser humano. Una vez más es imposible entender la frase literalmente. ¿Cómo pudo salir, si tenía los pies atados? Parecía un cadáver, pero estaba vivo.
 Lázaro ostenta todos los atributos de la muerte, pero sale él mismo porque está vivo. La comunidad entera tiene que tomar conciencia de su nueva situación, que escapa a toda comprensión racional. Por eso se utiliza la gran metáfora “Desatadlo y dejadlo que se marche”. Son ellos los que lo han atado y ellos son los que deben soltarlo. No devuelve a Lázaro al ámbito de la comunidad, sino que le deja en libertad. También ellos tienen que desatarse del miedo a la muerte que paraliza. Ahora, sabiendo que morir no significa dejar de vivir, podrán entregar su vida con plena libertad como Jesús.

Meditación
El relato nos invita a pasar de la muerte a la Vida.
Se trata de la Vida que no termina, la definitiva.
Es la misma Vida de Dios, comunicada al hombre.
Es la ÚNICA VIDA que lo inunda todo.
No es algo que Dios nos da o deja de darnos.
Es Dios comunicándonos su mismo ser.
Su ser es el fundamento de nuestro verdadero ser.
Jesús nos invita a descubrir y a vivir esa realidad.

Para profundizar
Todo discurso sobre Dios es analógico
Entendido literalmente, te llevará al absurdo (piensa en el credo)
“VIDA”, la gran metáfora para tocar al Dios incognoscible
La vida biológica es pálido reflejo de la que a Dios atañe
Confundirlas es arruinar el gigantesco esfuerzo
Con todo, sigue siendo metáfora de aquella Realidad que no abarcamos
La VIDA no es un ser, es movimiento, manifestado en borbotones múltiples
Sin que podamos adivinar su esencia, esa VIDA  nos lanza al infinito
La VIDA (Dios) es total, sin fronteras y puede dar sentido a mi efímera vida
Ni la vida biológica de Jesús ni la de Lázaro merecerían atención alguna
Si no estuviera en juego la otra VIDA
Se trata de la misma VIDA de Dios que es absoluta
A la que ni la muerte puede afectar en nada
El texto quiere decir que estará siempre en el vivo y el muerto
El relato habla de mí, que vivo en la materia,
Para que me esfuerce por descubrir la VIDA,
Creer en Jesús es hacer mía esa VIDA
Y asegurar la eternidad desde este instante.
La palabra “resurrección” nos traicionó en seguida.
Era una metáfora radical y profunda
Y la tomamos en sentido literal biológico.
Así nos alejamos del mensaje pascual
Y nos enfrascamos en la visión carnal del acontecimiento.
Lázaro muerto vive en la auténtica VIDA
Jesús crucificado vive en la VIDA de Dios
Que siempre desplego en su vida caduca.

Fray Marcos