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sábado, 13 de junio de 2020

El Cuerpo y la Sangre de Cristo

Corpus Christi


Jn 6, 51-58

Yo soy ese pan vivo que ha bajado del cielo; el que come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propia carne. Lo daré por la vida del mundo.»

Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:

—¿Cómo puede éste darnos a comer su propia carne?

Jesús les dijo:

—Les aseguro que si ustedes no comen la carne del Hijo del hombre y beben su sangre, no tendrán vida. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo lo resucitaré en el día último. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive unido a mí, y yo vivo unido a él. El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él; de la misma manera, el que se alimenta de mí, vivirá por mí. Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron los antepasados de ustedes, que a pesar de haberlo comido murieron; el que come de este pan, vivirá para siempre.

Palabra del Señor,

Para reflexionar:

¿Con qué me alimento? (libros, tv, internet, pláticas,... comida)... ¿ y Espiritualmente, qué me alimenta? ¿Comulgo con Jesús? (es decir, estoy de acuerdo y pongo en práctica sus enseñanzas)

Para profundizar:  https://bit.ly/2UGnAoI

domingo, 25 de noviembre de 2018

“Mi reino no es de este mundo”

Solemnidad de Cristo Rey – Ciclo B (Juan 18, 33b-37) – 25 de noviembre de 2018


Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Hace varios años en un pueblo de la Guajira, zona apartada y semidesértica del norte colombiano, un compañero jesuita en formación vivió una situación que todavía me causa escalofrío cuando la recuerdo. Resulta que había varios jesuitas trabajando en la región y en una Semana Santa fuimos a colaborar en varios caseríos y pueblos de una de las parroquias que estaban a cargo de los jesuitas. Cada uno de los estudiantes de filosofía fuimos enviados a sitios distintos. Todos encontramos comunidades más o menos acogedoras y dispuestas a celebrar los días santos con más o menos entusiasmo. Sin embargo, en uno de los pueblos, la apatía se sentía en el ambiente y era fácil predecir que no habría mucha asistencia a las celebraciones, sobre todo porque no iban a contar con sacerdotes sino con seminaristas inexpertos que venían del interior del país.

En medio de este contexto, mi compañero se pasó los primeros días motivando a la población para la participación en las fiestas de la Semana Mayor. Aparentemente iría poca gente, pero él estaba seguro de que algunos asistirían. Lo cierto fue que el Viernes santo, a las diez de la mañana, cuando se supone que comenzaba el Via Crucis, no llegó nadie. El día anterior había encargados para cada una de las catorce estaciones y los niños habían prometido que asistirían. Diez y media, y no llegaba nadie. Ni siquiera el sacristán apareció por ninguna parte... Ya desesperado, mi compañero decidió salir él solo, cargando con la cruz que habían preparado para que fuera llevada por grupos de una estación a otra. A las once y media de la mañana, cuando ya estaba saliendo con el alba puesta y la cruz a cuestas, llegó el sacristán completamente borracho, dispuesto a acompañar al padrecito en la procesión por todo el pueblo. En medio de un silencio canicular, como el sol que caía sobre las calles polvorientas de este pueblo perdido de nuestra geografía, mi compañero fue recorriendo todas y cada una de las estaciones del Via Crucis, escoltado por un borracho que apenas se sostenía en su vaivén embriagado...

Cuenta mi compañero que cuando pasaba por el frente de las tiendas o de las casas de familia donde estaban los pobladores esperando que fuera la hora del almuerzo, todos se quedaban mirándolo completamente absortos por el espectáculo tan ridículo que estaban presenciando. Creo que, si García Márquez se hubiera enterado de esta historia, hubiera escrito una novela más de su colección de realismo mágico que no es superado sino por la realidad cotidiana de estos queridos pueblos de nuestra querida Colombia.

Imagino a Jesús, fatigado y demacrado, después de una noche de torturas e interrogatorios, delante del Gobernador romano en todo su esplendor, discutiendo si él era el Rey de los judíos y si venía en nombre propio o en nombre de Dios a decir la verdad. Jesús tiene que dejarle claro a Pilato: “– Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí”. Jesús sabe que es rey, pero su reinado consiste en decir la verdad: “Y todos los que pertenecen a la verdad, me escuchan”. Al celebrar esta Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, nos comprometemos con la verdad que él representa, aunque hagamos el ridículo, como mi compañero en aquel pueblo perdido de la Guajira colombiana.

domingo, 29 de mayo de 2016

“Despide a la gente, para que vayan a descansar y a buscar comida”

Jueves del Cuerpo y la Sangre de Cristo – Ciclo C (Lucas 9, 11b-17) 



Alfredo Molano, columnista del semanario El Espectador, escribió una columna que debió inquietar las conciencias de los que nos consideramos cristianos y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que peregrinamos en esta querida patria colombiana. Creo que no lo hizo. El artículo “Sopa de periódico” decía, entre otras cosas, lo siguiente: “Se podrá decir que es demagogia, se podrá decir que es fantasía, pero como lo vi con mis ojos, debo contarlo: Hay gente en Bogotá –no importa el número– que se alimenta con un extravagante menjurje llamado Sopa de Papel. O Sopa de Periódico. La receta es sencilla: se pone agua a hervir en un caldero y se le agrega un periódico picado; cuando se deslíe el papel y forme una especie de colada gris negruzca, se añade un cubito concentrado de caldo de res, de gallina o de pescado. Se rebulle constantemente hasta que la sopa adquiera consistencia. Se le agrega sal y un picadillo de cilantro. Se toma”.

”Yo sabía que muchas familias del estrato cero 
el más numeroso y desconocido y del uno, comen sólo una vez al día, y lo hacen con alimentos para perros y gatos (sic). Pero esta nueva e inédita modalidad de miseria y resistencia y, digamos de paciencia política, rebasa la imaginación más extremista. El hambre física es en Bogotá una realidad palpable. Frente a ella, ¿qué importancia tienen las cifras que elabora el gobierno para afianzar el régimen y velar la dolorosa condición de los pobres? Más aún, ¿qué trascendencia tiene el Día Sin Carro o el respeto a los pasos de cebra? Meritorias campañas, sin duda, pero irrelevantes frente a la condición del par de millones de menesterosos que habitan la capital”.

Una realidad como la que se describe aquí nos debe plantear preguntas muy serias el día en que celebramos el Corpus Christi. “Cuando ya comenzaba a hacerse tarde, se acercaron a Jesús los doce discípulos y le dijeron: –Despide a la gente, para que vayan a descansar y buscar comida por las aldeas y los campos cercanos, porque en este lugar no hay nada”. Como quien dice,cuando los discípulos vieron que llegaba la hora de comer y que esa multitud hambrienta podría arruinar su paseo, le pidieron al Señor despachara a la gente. Lo que tenemos nosotros no alcanza para tanta gente. Pero Jesús, desconcertando a sus seguidores, como lo hizo más de una vez, les dice: “–Denles ustedes de comer. Ellos contestaron: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que vayamos a comprar comida para toda esta gente. Pues eran unos cinco mil hombres”.

Jesús quería que sus discípulos compartieran lo poco que tenían con aquella multitud. Estaba seguro de que cinco panes y dos peces no eran suficientes para alimentar a tantos. Sin embargo, cuando se comparte lo que se tiene, se produce el milagro de la multiplicación. El Banco de alimentos que está funcionando con el liderazgo de la Arquidiócesis de Bogotá, lo mismo que otras campañas lideradas por la alcaldía de la ciudad, merecen toda nuestra solidaridad. Es una obligación moral respaldar iniciativas que buscan desaparecer el fantasma del hambre y no las que pretenden desaparecer a los hambrientos que buscan en las bolsas de basura su propia supervivencia. Y no deberíamos olvidar que si esto pasa en la capital, la situación en los rincones olvidados de nuestra geografía, debe ser más grave. Al celebrar elCorpus, deberíamos escuchar de nuevo las palabras de Jesús: “Denles ustedes de comer”, para que nadie más tenga que cenar sopa de periódico.

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.


domingo, 17 de mayo de 2015

“Vayan por todo el mundo y anuncien a todos este mensaje de salvación”

Solemnidad de la Ascensión – Ciclo B (Marcos 16, 15-20) – 17 de mayo de 2015

El testamento es un documento en el que una persona determina la forma como quiere que se repartan sus pertenencias entre sus herederos. Generalmente, se trata de bienes muebles e inmuebles. Pero no siempre es así. A veces los testamentos incluyen otra clase de herencias que la persona quiere legar a sus sucesores.

Hace algún tiempo hubo una propaganda de televisión de alguna compañía de seguros que presentaba a un anciano juez que leía el testamento de un hombre muy rico que había fallecido. En medio de la formalidad del acto, estaban presentes los hijos e hijas del difunto; y junto a ellos, los nietos, nietas, sobrinos, sobrinas y otros familiares cercanos. Todos expectantes y esperanzados en que pudieran tener algún grado de participación en la inmensa torta que estaba a punto de ser distribuida.

El juez, mirando a los herederos por encima las gafas, comenzó la lectura del testamento: “En uso de mis facultades mentales y cumpliendo con los requisitos que pide la ley, procedo a determinar mi voluntad sobre el destino de mis posesiones. En primer lugar, quiero que las tierras de la Hacienda La Ponderosa, incluyendo la casa, el ganado y todos los bienes que hay en ella, se destinen a la comunidad de hermanas del ancianato de Las Misericordias, de mi pueblo natal”. Inmediatamente, hubo un cuchicheo nervioso entre los presentes... Pero todavía había más, de modo que el juez continuó su lectura: “En segundo lugar, quiero que las casas que poseo y los apartamentos que tengo, sean destinados al Hogar para niños huérfanos que funciona bajo la dirección de la parroquia de mi pueblo”. El alboroto esta vez fue más sonoro y la cara de sorpresa de los asistentes fue mayor... Y continuó la lectura del testamento: “En tercer lugar, quiero que todo el dinero que tengo en mis cuentas corrientes y de ahorros, junto con las acciones y certificados de depósito a término que están a mi nombre en distintos bancos y corporaciones, sea entregado a la Clínica del niño quemado, que dirigen las Hermanitas de los desamparados”. Esta vez la reacción de los familiares del difunto fue impresionante... Sin embargo, el silencio se apoderó de todos cuando el juez continuó su lectura pausada y firme: “Por último, a mis hijos e hijas, a mis nietos y nietas, a mis sobrinos y sobrinas, y a todos mis herederos directos o indirectos, les dejo una recomendación que estoy seguro, los ayudará a salir de su precaria situación económica. Sólo les recomiendo una cosa: ¡Que trabajen!” Y así terminó el solemne acto.

Jesús, al despedirse de sus discípulos antes de ser levantado al cielo para sentarse a la derecha de Dios, nos dejó su testamento, que no estaba constituido por bienes muebles e inmuebles, sino por una misión: “Vayan por todo el mundo y anuncien a todos este mensaje de salvación”. La respuesta de sus seguidores fue inmediata: “Ellos salieron a anunciar el mensaje por todas partes; y el Señor los ayudaba, y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas”. Hoy, el mismo Señor nos sigue enviando cada día a cumplir esta misión, y nos sigue acompañando en ella. Esa es su herencia más querida y ese es todavía hoy su testamento. Sólo así cumpliremos su última voluntad y nos podremos considerar, efectivamente, herederos de su reino.

Saludos,

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

miércoles, 31 de julio de 2013

31 de 31 días con Ignacio

Ignacio encontró a Dios en todo y en todos.

Por James Martin, SJ

En el corazón de lo que puede parecer una actividad frenética, estaba una relación íntima con Dios, que Ignacio encuentra a menudo difícil poner en palabras. En su diario, se muestran anotaciones minúsculas apiñadas, junto a las notas para la misa diaria. Los estudiosos han llegado a la conclusión, entre otras cosas, los momentos en que lloró durante la misa, abrumado por el amor a Dios.


Ignacio encontró a Dios en todas partes: en los pobres, en la oración, en la misa, en sus compañeros jesuitas, en su obra y, lo más conmovedor, en un balcón de la casa de los jesuitas en Roma, donde le gustaba mirar hacia arriba, en silencio, a las estrellas en la noche. Momento en que derramaría lágrimas con reverente asombro. Sus respuestas emocionales a la presencia de Dios en su vida, desmiente el estereotipo del santo frío.

Ignacio fue un místico que amó a Dios con una intensidad poco común incluso para los santos. Él no era un renombrado erudito como Agustín o Tomás de Aquino, ni un mártir como Pedro o Pablo, ni era un gran escritor como Teresa o Benedicto, y tal vez no una personalidad querida como Francisco o Teresa. Pero él amaba a Dios y amaba el mundo, y esas dos cosas las hizo bastante bien. 


Artículo original de LoyolaPress, traducido por AAP.

 

martes, 30 de julio de 2013

30 de 31 días con Ignacio

El examen, una de mis oraciones favoritas.

   En medio del ritmo diario no siempre hay ocasión para darnos cuenta de todo lo que nos ocurre. Por eso es importante volver la vista atrás y recuperar las palabras, los encuentros, los aciertos y errores, los aprendizajes de cada día... Y es especialmente necesario aprender a descubrir la presencia de Dios en lo cotidiano. Eso es lo que pretendemos al examinar la jornada. No se trata de una revisión para evaluar o juzgar lo vivido, sino para descubrir, en ello, llamadas, lecciones y posibilidades.  
   
   Al revisar la jornada diaria, entramos en conciencia de lo que se vive y como se vive. Se requiere re-visar la vida, re-visar lo vivido, para aprender a reconocer por dónde nos quiere llevar Dios para «dejarnos llevarpor Él», para colaborar con Él o, por lo menos, para no estorbarle.

   Oración de rezandovoy.org para el examen diario (dar click en la imagen)
   
  



lunes, 29 de julio de 2013

29 de 31 días con Ignacio

Magis: fundamento del heroísmo.


Por Chris Lowney



En el libro “Liderazgo Heroico”, Chris Lowney explica el fundamento de heroísmo, el magis, bajo el hecho que los ejercicios espirituales, funcionan como una herramienta de liderazgo: "Por supuesto, el compromiso personal de Loyola fue al servicio cristiano, al empuje de los Ejercicios y su materia es enfáticamente cristiana. Estos funcionan como una herramienta de liderazgo no porque se basan en una visión religiosa del mundo, pero si, debido a que estos contribuyen a la construcción de herramientas personales necesarias para la libre elección a gran alcance y los compromisos humanos exitosos de todo tipo: ya sean metas religiosas, de trabajo, aspiraciones de vida o las relaciones personales. En el transcurso de un mes, los ejercitantes se des-estructuran a sí mismos con el fin de construir bases sólidas personales de auto-conocimiento, de ingenio, de heroísmo y de amor".
Magis

Loyola describe la indiferencia Jesuita de la siguiente manera: "estar preparados como una balanza en equilibrio," es decir, equilibrado para considerar todas las alternativas estratégicas.
No permanecer serenos por mucho tiempo.
En otra meditación, los reclutas se imaginan un rey preparándose para la batalla. Sus ambiciones no son modestas: "Mi voluntad es de conquistar toda la tierra de los infieles." Él emite un llamado a los seguidores: "El que quiera venir conmigo tiene que contentarse con la misma comida que como. . . . Así también cada uno debe trabajar conmigo durante el día y vigilar en la noche. . . para que luego cada uno pueda, tener una parte de mí en la victoria, al igual que cada uno ha compartido en el esfuerzo".
La meditación continúa con "Cristo Rey Eterno" en sustitución del “Rey de la Tierra” y llevando a cabo una similar ambiciosa batalla espiritual. Su causa se describe como lo que vale la pena, por lo que es tan motivador e inspirador que "todos aquellos que tienen el juicio y la razón se ofrecen a sí mismos de todo corazón por este trabajo." Bueno, en realidad, ellos harán más que ofrecerse de todo corazón. La meditación continúa: "Los que desean. . . para distinguirse en el servicio total irán aún más lejos".
¿Ir más allá de servicio de todo corazón? ¿Cómo es eso posible?
Estrictamente hablando, por supuesto, no es posible. Nadie puede dar más que el servicio de todo corazón. Pero al igual que los grandes atletas aprenden a jugar "más allá de sí mismos" en los momentos pico, los Jesuitas aprenden a través de la meditación de los dos reyes y otras como estas, que se puede dar más. Un Jesuita heroico es tanto "meditativo" como "listo para actuar", pero en equilibrio. Y sólo los objetivos heroicos y ambiciosos lo inspiran a surgir. La victoria total es siempre el objetivo. Y la victoria total exige más que compromiso total: se requiere ir más allá de servicio de todo corazón.
Los primeros Jesuitas capturaron este impulso agresivo, esta energía implacable, en una sola palabra-lema sacada de los Ejercicios: magis que proviene del latín “más”. Los Jesuitas se les exhorta a siempre "elegir y desear" la opción estratégica que es más propicia para el "más" de sus objetivos. Pero el simple lema captura un espíritu más amplio, un accionamiento inquieto para imaginar si no hay algún proyecto mayor a ser realizado o alguna mejor manera de atacar el problema actual.
La motivación es personal. Y los ejercicios de meditación transforman objetivos de la empresa Jesuitas en las personales. La meditación de los dos reyes presenta una invitación, no una orden. Aceptando la invitación es una decisión personal. Por otra parte, la meditación metafórica carece de forma específica. No explica lo que uno hace para alcanzar la meta heroica. Ese detalle se presenta en cada recluta dando forma mental de la misión y el magis a sus circunstancias, no sólo durante los ejercicios, sino en toda su vida.
¿Qué será lo que motivará ir más allá del servicio de todo corazón y cómo lograrlo?
Pocos pueden responder a esa pregunta. La mayoría ni siquiera se lo han preguntado a sí mismos. Sin embargo, preguntarse a uno mismo y dar con una respuesta, prácticamente garantiza motivación y una visión de compromiso.
Traducción por MARM (artículo original, aquí