Natividad del Señor – Ciclo A (Lucas 2, 1-14) 25 de diciembre de 2016

Toda la gente
estaba muy feliz y sonriente. Estaban emocionados por los regalos; se los
intercambiaban unos con otros, José. Sin embargo, al final no quedó ningún
regalo para nuestro hijo. Sabes, creo que ni siquiera lo conocen muy bien; me
da la impresión que lo conocen sólo de oídas, porque no mencionaron su nombre
en toda la noche, a pesar de que se reunieron para celebrar su nacimiento. ¿No
te parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el
cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen bien? Tuve la extraña sensación
de que si nuestro hijo hubiera llegado a la celebración, lo hubieran
considerado como un intruso solamente. Nadie se acordó de él, ni de nosotros
dos. Claro que ha pasado tanto tiempo, que no me parece raro. Sentí ganas de
llorar. ¡Qué tristeza para Jesús no ser invitado a su fiesta de cumpleaños!
Estoy contenta porque sólo fue un mal sueño. ¡Qué terrible que este sueño se
hiciera realidad!”
Este cuento
puede crear en nosotros un sentimiento de culpa o invitarnos a dejar entrar a
Jesús en su fiesta de cumpleaños. Lo complicado puede ser llegar a saber dónde
y cómo reconocer la presencia de Jesús en nuestras vidas. Cuando los ángeles
anunciaron a los pastores el nacimiento de Jesús, las señales para reconocerlo
fueron las siguientes: “No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia,
que será motivo de gran alegría para todos: Hoy les ha nacido en el pueblo de
David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Como señal, encontrarán ustedes
al niño envuelto en pañales y acostado en un establo”.
Con estas
señales, los pastores reconocieron al Mesías. La fragilidad y la pequeñez, son
las características que permiten reconocer al Hijo de Dios que nace de nuevo
entre nosotros. Qué bueno que en nuestras fiestas de Navidad, abriéramos un
espacio para esas personas que normalmente no visitamos; sólo tenemos que mirar
un poco alrededor y pensar en cuál es la persona más frágil, más débil de
nuestro entorno; no tenemos que ir demasiado lejos; estoy seguro que muy cerca
de nosotros encontraremos personas que podrían alegrarse con nuestra invitación
y participar de nuestras fiestas. Pidamos para que el sueño de María no se haga
realidad.
Hermann
Rodríguez Osorio, S.J.
No hay comentarios:
Publicar un comentario