Cuarto Domingo de Pascua – Ciclo A (Juan 10, 1-10) 3 de mayo de 2020
“Yo soy la puerta”
Hermann Rodríguez
Osorio, S.J.
Hace varios años, a las afueras de Villa Carrillo, un pequeño pueblo de
la provincia de Jaén, en España, conocí a Francisco, un pastor que cuidaba un
rebaño de unas 400 ovejas y algunas cabras que, efectivamente, están más locas
que las ovejas... Pasé todo un día caminando con Francisco por valles y
collados, pastoreando su rebaño. Fue un día lleno de novedad y enseñanzas para
mi; experimentar de cerca la vida de un pastor, ver cómo conoce a sus
ovejas y cómo las ovejas lo conocen a él; cuando se iban
alejando demasiado del rebaño, Francisco les gritaba y, todas, reconociendo su
voz, volvían la cabeza y regresaban, caminando mansamente, hacia el pastor. Fue
un día maravilloso de contemplación de la naturaleza y de esa hermosa relación
entre el pastor que guía a sus ovejas hacia fuentes tranquilas, y
las conduce por verdes praderas, donde las hace recostar...
Al caer la tarde me tocó ser testigo de la forma como las ovejas y las cabras,
con una sumisión admirable, entraban, casi saltando de la dicha, al corral para
pasar una noche tranquila y segura con la vigilancia del buen pastor.
Evidentemente, las ovejas entran por una puerta, y las cabras por otra...
San Juan suele poner en boca de Jesús expresiones como: Yo
soy la luz del mundo, yo soy el
pan de vida, yo soy la vid verdadera, yo
soy la resurrección y la vida, yo soy el
camino, la verdad y la vida. Todas son expresiones que nos ayudan a entender la
misión de Jesús como fuente de vida, y de una vida abundante. Sin embargo, casi
nunca consideramos la identificación de Jesús con una puerta: La
expresión, Yo soy la puerta, aparece dos veces en este evangelio:
“Jesús volvió a decirles: ‘Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan
las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí, fueron unos ladrones y bandidos;
pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entre,
será salvo. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos”.
Una puerta, como lo dice el mismo Jesús, sirve para entrar y salir...
Hay un dicho popular que dice: “Si puerta, para qué abierta; y si abierta, para
qué puerta”; sin embargo, la puerta tiene sentido en la medida en que
permanezca abierta y cerrada; no tendría sentido una puerta que esté siempre
cerrada, o una puerta que esté siempre abierta.... Dejar entrar y dejar salir,
es el sentido más profundo de la puerta.... Tengo un compañero jesuita que, por
principio, siempre tiene la puerta de su cuarto abierta de par en par; ha
llegado incluso a molestar a sus vecinos por el ruido que genera con su música
o cuando habla por teléfono. Hay otras personas que siempre están con su puerta
cerrada y, no raras veces, hasta con seguro. ¿Cómo está tu puerta? ¿Permites a
otros entrar y salir por tu puerta? ¿Estás tan abierto que no tienes espacio
para tu propia intimidad y para permitir la intimidad de los demás? ¿Vives bajo
llave, encerrado frente a lo distinto, frente a los otros?
Benjamín González Buelta, dice en una de sus poesías estas palabras: “No
quiero que mi casa sea de una sola puerta, entrada sin salida, como una trampa
para cazar ciguas palmeras...”. Si quieres tener vida, y vida en abundancia,
deja que otros entren y salgan por tu puerta y busca entrar por la Puerta que
es Jesús, saltando de la dicha, como las ovejas y las cabras de Francisco, el
pastor de Villa Carrillo.
JESÚS ES LA PUERTA
José Antonio Pagola
Jesús propone a un grupo de fariseos un relato metafórico en el que
critica con dureza a los dirigentes religiosos de Israel. La escena está tomada
de la vida pastoril. El rebaño está recogido dentro de un aprisco, rodeado por
un vallado o pequeño muro, mientras un guarda vigila el acceso. Jesús centra
precisamente su atención en esa «puerta» que permite llegar hasta las ovejas.
Hay dos maneras de entrar en el redil. Todo depende de lo que uno
pretenda hacer con el rebaño. Si alguien se acerca al redil y «no entra por la
puerta», sino que salta «por otra parte», es evidente que no es el pastor. No
viene a cuidar a su rebaño. Es «un extraño» que viene a «robar, matar y hacer
daño».
La actuación del verdadero pastor es muy diferente. Cuando se acerca al
redil, «entra por la puerta», va llamando a las ovejas por su nombre y ellas
atienden su voz. Las saca fuera y, cuando las ha reunido a todas, se pone a la
cabeza y va caminando delante de ellas hacia los pastos donde se podrán
alimentar. Las ovejas lo siguen porque reconocen su voz.
¿Qué secreto se encierra en esa «puerta» que legitima a los verdaderos
pastores que pasan por ella y desenmascara a los extraños que entran «por otra
parte», no para cuidar del rebaño, sino para hacerle daño? Los fariseos no
entienden de qué les está hablando aquel Maestro.
Entonces Jesús les da la clave del relato: «Os aseguro que yo soy la
puerta de las ovejas». Quienes entran por el camino abierto por Jesús y le
siguen viviendo su evangelio son verdaderos pastores: sabrán alimentar a la
comunidad cristiana. Quienes entran en el redil dejando de lado a Jesús e
ignorando su causa son pastores extraños: harán daño al pueblo cristiano.
En no pocas Iglesias estamos sufriendo todos mucho: los pastores y el
pueblo de Dios. Las relaciones entre la jerarquía y el pueblo cristiano se
viven con frecuencia de manera recelosa, crispada y conflictiva: hay obispos
que se sienten rechazados; hay sectores cristianos que se sienten marginados.
Sería demasiado fácil atribuirlo todo al autoritarismo abusivo de la
jerarquía o a la insumisión inaceptable de los fieles. La raíz es más profunda
y compleja. Hemos creado entre todos una situación difícil. Hemos perdido la
paz. Vamos a necesitar cada vez más a Jesús.
Hemos de hacer crecer entre nosotros el respeto mutuo y la comunicación,
el diálogo y la búsqueda sincera de verdad evangélica. Necesitamos respirar
cuanto antes un clima más amable en la Iglesia. No saldremos de esta crisis si
no volvemos todos al espíritu de Jesús. Él es «la puerta».
Fuente: http://www.gruposdejesus.com
JESÚS VIVIENDO NOS
INVITA A VIVIR LA VERDADERA VIDA
Fray Marcos
Aunque el evangelio de hoy ya no hable de apariciones, no nos apartamos
del tema pascual, pues afirma expresamente: “Yo he venido para que tengan Vida
y la tengan abundante”. Éste es el verdadero tema de Pascua. Lo que Jn pone en
boca de Jesús nos está diciendo lo que de él pensaban los cristianos de finales
del siglo I en la comunidad donde se escribe el evangelio, no lo que pudo decir
él cuando vivía en Galilea. Esto, que vivió una comunidad cristiana, es para
nosotros más interesante que las mismas palabras que pudo decir Jesús, porque
nos habla de una vivencia provocada por Jesús Vivo.
El relato nos habla de la puerta y del pastor. En el fondo es la misma
metáfora, porque la única puerta de aquellos apriscos, era el pastor. El rebaño
eran las 5 ó 10 ovejas o cabras, que eran la base de la economía familiar. Por
la noche, después de haber llevado a pastar cada uno las suyas, se reunían
todas en un aprisco, que consistía en una cerca de piedra con una entrada muy
estrecha para que tuvieran que pasar las ovejas de una en una y así poder
controlarlas, tanto a la entrada como a la salida. Esa entrada no tenía puerta,
sino que un guarda, allí colocado, hacía de puerta y las cuidaba durante la
noche.
Por la mañana cada pastor iba a sacar las suyas para llevarlas a pastar.
Esto se hacía por medio de un silbido o de una voz que las ovejas conocían muy
bien. Incluso tenían su propio nombre como nuestros perros hoy. Cuando oían la
voz, las ovejas que se identificaban con ella, salían. Con estos datos se
entiende perfectamente el relato. Jesús se identifica con ese pastor/dueño que
cuida las ovejas como algo personal, pero no porque de ellas depende su
familia, sino porque le interesan las ovejas por sí mismas. No le mueve ningún
provecho personal sino la intención de fortalecer a cada oveja.
El texto habla de comparación (paroimian). Utilizamos una comparación
cuándo queremos explicar lo que es una cosa a través de otra que conocemos
mejor. No se trata de una identificación sino de una aproximación. Ni Jesús es
un pastor ni nosotros borregos. Jesús nos lleva a los pastos después de haberse
alimentado él en los mismos. Y ya sabemos que su alimento fue hacer la voluntad
de su Padre. El relato empieza por una referencia a esos dirigentes de todos
los tiempos, que debían ser pastores, pero que en vez de cuidar de las ovejas,
se pastorean a sí mismos y utilizan las ovejas en beneficio propio.
Las ovejas atienden a su voz porque la conocen. Una frase con profundas
resonancias bíblicas. Oír la voz del Señor es conocer lo que nos pide, pero
sobre todo obedecerle. Las llama por su nombre, porque cada una tiene nombre
propio. Las que escuchan su voz, salen de la institución opresora y quedan en
libertad. Jesús no viene a sustituir una institución por otra. No las saca de un
corral para meterlas en otro. No son los miembros de la comunidad los que deben
estar al servicio de la institución. Es la institución y la autoridad la que
debe estar al servicio de cada uno.
En un mismo aprisco había ovejas de muchos dueños, por eso dice que saca
todas las suyas. Porque son suyas, conocen su voz y le siguen. El texto quiere
dejar bien claro que las ovejas no podían salir por sí mismas del estado de
opresión, porque para ellas no había alternativa. Es Jesús el que les ofrece
libertad y capacidad para decidir por sí mismas. Los dirigentes judíos son
“extraños”, que no buscan la vida de las ovejas. Ellos las llevan a la muerte.
Jesús les da vida. La diferencia no puede ser más radical. Por muy oveja que te
sientas, tienes la obligación de distinguir al pastor auténtico del falso.
Él camina delante y las ovejas le siguen. Esto tiene más miga de lo que
parece. Jesús recorrió de punta a cabo una trayectoria humana. Esa experiencia
nos sirve a nosotros de guía para recorrer el mismo camino. Para nosotros, esto
es difícil de aceptar, porque tenemos una idea de Jesús-Dios que pasó por la
vida humana de manera ficticia y con el comodín de la divinidad en la chistera.
Ese Jesús no tendría ni idea de lo que significa ser hombre, y por lo tanto no puede
servirnos de modelo a seguir. Esta falsa idea nos ha hecho creer que lo que
hizo Jesús es marcarnos el camino desde fuera sin involucrarse.
Yo soy la puerta. No se refiere al elemento que gira para cerrar o
abrir, sino al hueco por donde se accede a un recinto. El pastor que cuidaba
las ovejas era la única puerta. Por eso dice que es la puerta de las ovejas, no
del redil. Todos los que han venido antes, son ladrones y bandidos, no han dado
libertad/vida a las ovejas. Son tres los productos interesantes de las ovejas:
leche, lana y carne. Los malos pastores buscan solo aprovecharse de esos
productos. No les interesa el desarrollo las ovejas. A las ovejas tampoco
pueden interesarles esos pastores que no les ayudan a desplegar su propio ser.
Entrar por la puerta que es Jesús, es lo mismo que "acercarse a
él", "darle nuestra adhesión"; esto lleva consigo asemejarse a
él, es decir, ir como él a la búsqueda del bien del hombre. Él da la vida
definitiva, y el que posee esa Vida, quedará a salvo de la explotación. Él es
la alternativa al orden injusto. En Jesús, el hombre puede alcanzar la
verdadera salvación. "Podrá entrar y salir", es decir, tendrá
libertad de movimiento. "Encontrará pastos", dice lo mismo que “no
pasará hambre, no pasará sed”. Así se identifica el pasto con el pan de vida
que es él mismo. La Ley sustituida por el amor.
Yo he venido para que tengan Vida y les rebose. El ladrón (dirigentes),
no solo roba, despoja a la gente del pueblo de lo que es suyo, sino que
sacrifica a las ovejas, es decir, les quita la vida. La misión de Jesús es
exactamente la contraria: les da Vida y las restituye en su verdadero ser. Los
jerarcas les arruinan la vida biológica, manipulándolas y poniéndolas a su
servicio. Jesús les da la verdadera Vida y con ella la biológica cobra pleno
sentido. Jesús no busca su provecho ni el de Dios. Su único interés está en que
cada oveja alcance su propia plenitud, desarrolle esa Vida aquí y ahora.
Es muy importante el versículo siguiente, que no hemos leído, para
entender el significado del párrafo. “El pastor modelo se entrega él mismo por
las ovejas”. El griego dice: "el modelo de pastor" (ho poimên ho
kalos). La expresión denota excelencia (el vino en Jn 2,10). Sería el pastor
por excelencia. "kalos" significa: bello, ideal, modelo de
perfección, único en su género. No se trata solo de resaltar el carácter de
bondad y de dulzura. En griego hay una palabra (agathos), que significa
“bueno”; pero no es la que aquí se emplea. Jesús es para aquella comunidad y
para nosotros, el único pastor.
Se entrega él mismo ("tên psykhên autou tithesin") = entrega
su vida. En griego hay tres palabras para designar vida: zoê, bios y psukhê;
pero no significan lo mismo. El evangelio dice psykhên = vida psicológica, no
biológica. Se trata de poner a disposición de los demás todo lo que uno es como
ser humano, mientras vive, no muriendo por ellos. La característica del pastor
modelo es que pone su vida al servicio de las ovejas para que vivan, sin
limitación alguna. Al hacer esto, pone en evidencia la clase de Vida que posee
y manifiesta la posibilidad de que todos los que le siguen tengan acceso a esa
misma Vida.
Meditación
Desplegar Vida fue el objetivo de Jesús
y debe ser el mío.
Solo en esa VIDA puedo encontrar mi
plenitud.
Esa VIDA ya está en mí, pero tengo que
alimentarla y potenciarla.
Se trata de la misma Vida de Dios que
se nos comunica.
Esa Vida es la que hizo a Jesús ser lo
que fue.
Identificarnos con Jesús es
identificarnos con Dios
Fray Marcos
Fuente: http://feadulta.com/
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