CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA
PARA VER LA HOMILÍA CLIC AQUÍ: Jn 14, 1-12
domingo, 10 de mayo de 2020
Quinto Domingo de Pascua – Ciclo A
Quinto Domingo de Pascua – Ciclo A (Juan 14, 1-12) 10 de mayo de 2020
“El que me ha visto
a mi, ha visto al Padre”
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Cada vez que nace un niño o una niña, la gente va a visitar a los nuevos
padres, que se alegran de una vida nueva que llega al mundo. El comentario que
no puede faltar nunca en este tipo de visitas es: “Igualito al papá”... “Tiene
la misma nariz de la mamá”... “Cómo se parece al abuelo”... “sacó los mismos
cachetes de la abuela”... Las mujeres son más capaces de encontrar estas
similitudes que, muchas veces, a los hombres nos parecen exageraciones propias
de la sensiblería. No voy a entrar a dirimir quién tiene la razón, pero sí creo
que es “normal” que los hijos y las hijas se parezcan a su papá y a su mamá...
Eso es lo menos que se puede esperar...
Van pasando los años y, efectivamente, los rasgos físicos, la barriga,
las canas, la calvicie, la forma del rostro, la estructura corporal,
absolutamente todo se va revelando más claramente parecido. “De tal palo, tal
astilla”, solemos decir coloquialmente. Y, ¡oh sorpresa!, no sólo terminamos
pareciéndonos en los rasgos físicos, sino que, muchas veces, es sorprendente
reconocer similitudes en los movimientos mismos: cómo menea la cabeza, cómo
camina, cómo mueve las manos, cómo se sonríe... Y, aún más, no es raro que el
hijo o la hija se parezca, o llegue a ser una versión mejorada (o
empeorada) de lo que es su padre o su madre en su carácter, en su humor, en su
personalidad...
Algo parecido pasa entre Jesús y su Padre Dios: “Solamente por mí se
puede llegar al Padre. Si ustedes me conocen a mí, también conocerán a mi
Padre; y ya lo conocen desde ahora, pues lo han estado viendo”. (...) “El que
me ve a mí, ha visto al Padre” (...) “El Padre, que vive en mí, es el que hace
sus propias obras. Créanme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí; si
no, crean al menos por las obras mismas”. Jesús hace lo que ve hacer al Padre y
nos revela al Padre con toda su vida. Por eso, cuando Felipe le pide que les
deje ver al Padre, Jesús le responde: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con
ustedes, ¿y todavía no me conoces?”
Así como Jesús fue un reflejo claro del Padre para los suyos, nosotros
estamos invitados a ser también un reflejo de Dios para este mundo.
El testimonio de vida es el mejor canal de evangelización. No se trata tanto de
hacer cosas para dar ejemplo, ni de repetir gestos que nos parecen simpáticos,
ni de copiar actitudes que nos parecen loables. Es algo que debe ir surgiendo
por connaturalidad con el origen de la vida que es Dios. Valdría la pena
preguntarnos hoy: ¿Cuánto nos parecemos nosotros a nuestro Padre Dios? ¿Podemos
decir, como Jesús: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”? Porque, como
bien dice Jesús, “Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que
yo hago; y hará otras todavía más grandes”.
Dios permita que nuestra vida sea, como la de Jesús, un reflejo de la
vida de Dios para los que nos rodean. Que aquellos que viven junto a nosotros y
conocen nuestra forma de amar, vivir, trabajar y actuar, puedan decir de
nosotros lo que dicen los que visitan al niño recién nacido: “Es igualito a su
papá”.
Fuente: http://www.religiondigital. org/encuentros_con_la_palabra/
NO SE QUEDEN SIN
JESÚS
José Antonio Pagola
Al final de la última cena, Jesús comienza a despedirse de los suyos: ya
no estará mucho tiempo con ellos. Los discípulos quedan desconcertados y
sobrecogidos. Aunque no les habla claramente, todos intuyen que pronto la
muerte lo arrebatará de su lado. ¿Qué será de ellos sin él?
Jesús los ve abatidos. Es el momento de reafirmarlos en la fe,
enseñándoles a creer en Dios de manera diferente: «Que no tiemble vuestro
corazón. Creed en Dios y creed también en mí». Han de seguir confiando en Dios,
pero en adelante han de creer también en él, pues es el mejor camino para creer
en Dios.
Jesús les descubre luego un horizonte nuevo. Su muerte no ha de hacer
naufragar su fe. En realidad, los deja para encaminarse hacia el misterio del
Padre. Pero no los olvidará. Seguirá pensando en ellos. Les preparará un lugar
en la casa del Padre y un día volverá para llevárselos consigo. ¡Por fin
estarán de nuevo juntos para siempre!
A los discípulos se les hace difícil creer algo tan grandioso. En su
corazón se despiertan toda clase de dudas e interrogantes. También a nosotros
nos sucede algo parecido: ¿no es todo esto un bello sueño? ¿No es una ilusión
engañosa? ¿Quién nos puede garantizar semejante destino? Tomás, con su sentido
realista de siempre, solo le hace una pregunta: ¿cómo podemos saber el camino
que conduce al misterio de Dios?
La respuesta de Jesús es un desafío inesperado: «Yo soy el camino, la
verdad y la vida». No se conoce en la historia de las religiones una afirmación
tan audaz. Jesús se ofrece como el camino que podemos recorrer para entrar en
el misterio de un Dios Padre. Él nos puede descubrir el secreto último de la
existencia. Él nos puede comunicar la vida plena que anhela el corazón humano.
Son hoy muchos los hombres y mujeres que se han quedado sin caminos
hacia Dios. No son ateos. Nunca han rechazado a Dios de manera consciente. Ni
ellos mismos saben si creen o no. Tal vez han dejado la Iglesia porque no han
encontrado en ella un camino atractivo para buscar con gozo el misterio último
de la vida que los creyentes llamamos «Dios».
Al abandonar la Iglesia, algunos han abandonado al mismo tiempo a Jesús.
Desde estas modestas líneas yo os quiero decir algo que bastantes intuís. Jesús
es más grande que la Iglesia. No confundáis a Cristo con los cristianos. No
confundáis su evangelio con nuestros sermones. Aunque lo dejéis todo, no os
quedéis sin Jesús. En él encontraréis el camino, la verdad y la vida que
nosotros no os hemos sabido mostrar. Jesús os puede sorprender.
Fuente: http://www.gruposdejesus.com
EN JESÚS PODEMOS
ENCONTRAR AL DIOS-VIDA
Fray Marcos
El contexto de este evangelio es el discurso de despedida después de la
cena en el evangelio de Jn. En el capítulo 13 el centro es Jesús. Termina con
la despedida, diciendo: a donde yo voy vosotros no podéis venir. En este
capítulo 14 el centro es el Padre. El ambiente es de profunda inquietud y
zozobra. La traición de Judas, el anuncio de la negación de Pedro, el anuncio
de la partida. Todo es terriblemente inquietante. Está justificada la repetida
invitación a la confianza. La clave del mensaje en este capítulo es la relación
de Jesús y la de cada uno de sus discípulos con el Padre.
Aunque Jn pone en boca de Jesús todo el discurso, en realidad se trata
de reflexiones de la comunidad a través de muchos años de vivencia cristiana.
Lo que se propone como futuro es ya presente para el que escribe y para aquella
comunidad para la que se escribe. Pero este presente deja entrever un nuevo
futuro que el Espíritu irá realizando. Se percibe la dificultad que tiene la
comunidad de expresar su experiencia. Esta vivencia pascual está anclada en la
presencia viva de Jesús, del Espíritu y del Padre. Los tres forman parte de una
Realidad que les acompaña y les transforma.
Creed en Dios y creed también en mí. “Pisteuete eis”, no significa
creer, en el sentido que damos hoy a esa palabra. Sería “creer” en sentido
bíblico, es decir, poned vuestra confianza en… Jn utiliza esta construcción 30
veces, aplicada a Jesús. Solo en 12,44 y aquí pone como término a Dios,
indicando claramente la identidad de ambas adhesiones. La confianza en Jesús y
la confianza en Dios son la misma realidad. Si buscan a Dios, están en el buen
camino, porque están con él. No tienen nada que temer porque Jesús les acercará
al Padre con el que está identificado.
En el hogar de mi Padre hay muchas estancias. Jesús va al Padre para
procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya. No hay diferencia
entre unas moradas y otras. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor
de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. También podía traducirse:
en la familia de Dios hay sitio para todos. Todos los seres humanos están
llamados a formar parte de la familia del mismo Dios. Jesús está en el seno del
Padre y todos pueden sentirse allí.
Todo el lenguaje es mítico-simbólico. Me voy, me quedo, vuelvo, no se
puede entender literalmente. Esta teología es clave para entender la marcha de
Jesús y a la vez, su permanencia. Aunque la formulación es mítica, el mensaje
sigue siendo válido. Hoy tendríamos que decir que la meta de todo está en Dios.
Esa identificación con Dios es la que tenemos que descubrir y vivirla ya aquí.
En Jesús, Dios ha manifestado su proyecto para el hombre, que se tiene que
realizar en cada uno.
Yo soy Camino. Yo soy Verdad. Yo soy Vida. Sin artículo ni determinado
ni indeterminado, porque lo que se quiere decir que está más allá de ambos. Se
trata del texto más profundo de todo el evangelio. Camino, Verdad, Vida hacen
referencia al Padre. No se pueden separar los conceptos. La Realidad a la que
se refieren está más allá de tiempo y espacio. Se han dado infinidad de
interpretaciones desde los primeros padres y siguen hoy los exégetas intentando
desentrañar el significado del texto.
Jesús es Camino, que empieza y termina en Dios. En medio está Jesús,
pero no significa espacio ninguno. Desde Dios hasta Dios no puede haber ningún
trecho. Jesús es, como todo ser humano, un proyecto ya realizado, porque
recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. Ese camino es el amor
total que abarca toda su vida. Los que le siguen deben recorrer también ese
camino, es decir, ir de Dios que es su origen hasta Dios que es la meta. En el
AT el camino era la Ley. Jesús la sustituye por su persona.
Yo soy verdad, es decir soy lo que tengo que ser. No se trata de la
verdad lógica sino de la verdad ontológica que hace referencia al ser. Jesús es
auténtico, hace presente a Dios, que es su verdadero ser. Es lo que tiene que
ser. Lo contrario sería ser falso. “Yo soy” es el nombre que se dio a sí mismo
Dios en la zarza. Jn repite hasta la saciedad el “yo soy”. El complemento puede
ser cualquiera: puerta, pastor, camino, vida, verdad, vid. Si descubro y vivo
que Dios está identificado conmigo, ya lo soy todo.
Yo soy Vida, es decir, lo esencial de mi ser está en la energía (Dios)
que hace que sea lo que soy. Recordad: "El Padre que vive, me ha enviado y
yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me coma, vivirá por mí." Está
hablando de la misma Vida que es Dios, que se le ha comunicado a él y que se
nos comunica a nosotros. De la misma manera que no podemos encontrar la vida
biológica independientemente de un ser que la posea, así no podemos
encontrarnos con un Dios ahí fuera separado de un ser que lo manifieste.
Nadie va al Padre sino por mí. También se podía decir: a nadie viene el
Padre si no es por mí. En c. 6 había dicho: “nadie viene a mí si el Padre no lo
atrae”. Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre
no es alguien lejano ni en espacio ni en tiempo, su presencia es inmediata.
Hacerse hijo es hacer presente al Padre. La identificación con Jesús, hace al
discípulo participar de la misma Vida-Dios. Ni el Padre tiene que venir de
ninguna parte ni nosotros que ir. Él está ya en nosotros.
“Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre”. Una
vez más se refleja el “ya, pero todavía no” de la primera comunidad. El
seguimiento de Jesús es un dinamismo constante. No se trata de progresar en el
conocimiento, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús,
hará que el Padre se manifieste en el discípulo. Lo que pide Felipe es una
teofanía como las narradas en el AT. Piensa que Jesús es un representante de
Dios, no la presencia misma de Dios.
¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre? Esta queja es una clara reflexión
pascual. En su vida pública, sus seguidores no entendieron ni jota de lo que
era Jesús. Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el
alcance del amor-Dios ni su proyecto sobre el hombre. No se han enterado de que
Dios sólo es visible en el hombre. Desde esta perspectiva, Jesús podía decir:
quien me ve a mí, ve a mi Padre. Y: si me amarais os alegraríais de que vaya al
Padre porque el Padre es más que yo. Seguimos cayendo en la trampa de querer
ver a Dios de manera rotunda y segura.
“Las exigencias que os propongo no lo hablo por cuenta propia”. “Remata”
no significa dicho o palabra sino propuesta, exigencia realizada y manifestada
a través de la vida. Fíjate que a continuación habla de obras: “el Padre que
permanece en mí, él mismo hace las obras”. Y a continuación: “si no me creéis a
mí, creed a las obras”. Las obras son la manifestación de que Dios está en
Jesús. El Padre ejerce su actividad creadora a través de Jesús. Él, a partir de
su propia experiencia, propone las “exigencias” que Dios le pide a él. Jesús, a
través de sus obras, realiza el designio creador.
Meditación
Jesús descubrió el camino que le llevo
a su Centro.
Ese Centro fue su Verdad y allí
encontró la Vida,
la misma VIDA de Dios que se le
comunica.
Tengo que encontrar mi propio camino,
que me llevará también al mismo Centro.
En él encontraré mi Verdad, que me dará
la misma Vida.
Fray Marcos
Fuente: http://feadulta.com/
domingo, 3 de mayo de 2020
LA FRASE DE LA SEMANA
CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA
PARA VER LA HOMILÍA CLIC AQUÍ: Jn 10, 1-10
Cuarto Domingo de Pascua – Ciclo A
Cuarto Domingo de Pascua – Ciclo A (Juan 10, 1-10) 3 de mayo de 2020
“Yo soy la puerta”
Hermann Rodríguez
Osorio, S.J.
Hace varios años, a las afueras de Villa Carrillo, un pequeño pueblo de
la provincia de Jaén, en España, conocí a Francisco, un pastor que cuidaba un
rebaño de unas 400 ovejas y algunas cabras que, efectivamente, están más locas
que las ovejas... Pasé todo un día caminando con Francisco por valles y
collados, pastoreando su rebaño. Fue un día lleno de novedad y enseñanzas para
mi; experimentar de cerca la vida de un pastor, ver cómo conoce a sus
ovejas y cómo las ovejas lo conocen a él; cuando se iban
alejando demasiado del rebaño, Francisco les gritaba y, todas, reconociendo su
voz, volvían la cabeza y regresaban, caminando mansamente, hacia el pastor. Fue
un día maravilloso de contemplación de la naturaleza y de esa hermosa relación
entre el pastor que guía a sus ovejas hacia fuentes tranquilas, y
las conduce por verdes praderas, donde las hace recostar...
Al caer la tarde me tocó ser testigo de la forma como las ovejas y las cabras,
con una sumisión admirable, entraban, casi saltando de la dicha, al corral para
pasar una noche tranquila y segura con la vigilancia del buen pastor.
Evidentemente, las ovejas entran por una puerta, y las cabras por otra...
San Juan suele poner en boca de Jesús expresiones como: Yo
soy la luz del mundo, yo soy el
pan de vida, yo soy la vid verdadera, yo
soy la resurrección y la vida, yo soy el
camino, la verdad y la vida. Todas son expresiones que nos ayudan a entender la
misión de Jesús como fuente de vida, y de una vida abundante. Sin embargo, casi
nunca consideramos la identificación de Jesús con una puerta: La
expresión, Yo soy la puerta, aparece dos veces en este evangelio:
“Jesús volvió a decirles: ‘Esto les aseguro: Yo soy la puerta por donde pasan
las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí, fueron unos ladrones y bandidos;
pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entre,
será salvo. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos”.
Una puerta, como lo dice el mismo Jesús, sirve para entrar y salir...
Hay un dicho popular que dice: “Si puerta, para qué abierta; y si abierta, para
qué puerta”; sin embargo, la puerta tiene sentido en la medida en que
permanezca abierta y cerrada; no tendría sentido una puerta que esté siempre
cerrada, o una puerta que esté siempre abierta.... Dejar entrar y dejar salir,
es el sentido más profundo de la puerta.... Tengo un compañero jesuita que, por
principio, siempre tiene la puerta de su cuarto abierta de par en par; ha
llegado incluso a molestar a sus vecinos por el ruido que genera con su música
o cuando habla por teléfono. Hay otras personas que siempre están con su puerta
cerrada y, no raras veces, hasta con seguro. ¿Cómo está tu puerta? ¿Permites a
otros entrar y salir por tu puerta? ¿Estás tan abierto que no tienes espacio
para tu propia intimidad y para permitir la intimidad de los demás? ¿Vives bajo
llave, encerrado frente a lo distinto, frente a los otros?
Benjamín González Buelta, dice en una de sus poesías estas palabras: “No
quiero que mi casa sea de una sola puerta, entrada sin salida, como una trampa
para cazar ciguas palmeras...”. Si quieres tener vida, y vida en abundancia,
deja que otros entren y salgan por tu puerta y busca entrar por la Puerta que
es Jesús, saltando de la dicha, como las ovejas y las cabras de Francisco, el
pastor de Villa Carrillo.
JESÚS ES LA PUERTA
José Antonio Pagola
Jesús propone a un grupo de fariseos un relato metafórico en el que
critica con dureza a los dirigentes religiosos de Israel. La escena está tomada
de la vida pastoril. El rebaño está recogido dentro de un aprisco, rodeado por
un vallado o pequeño muro, mientras un guarda vigila el acceso. Jesús centra
precisamente su atención en esa «puerta» que permite llegar hasta las ovejas.
Hay dos maneras de entrar en el redil. Todo depende de lo que uno
pretenda hacer con el rebaño. Si alguien se acerca al redil y «no entra por la
puerta», sino que salta «por otra parte», es evidente que no es el pastor. No
viene a cuidar a su rebaño. Es «un extraño» que viene a «robar, matar y hacer
daño».
La actuación del verdadero pastor es muy diferente. Cuando se acerca al
redil, «entra por la puerta», va llamando a las ovejas por su nombre y ellas
atienden su voz. Las saca fuera y, cuando las ha reunido a todas, se pone a la
cabeza y va caminando delante de ellas hacia los pastos donde se podrán
alimentar. Las ovejas lo siguen porque reconocen su voz.
¿Qué secreto se encierra en esa «puerta» que legitima a los verdaderos
pastores que pasan por ella y desenmascara a los extraños que entran «por otra
parte», no para cuidar del rebaño, sino para hacerle daño? Los fariseos no
entienden de qué les está hablando aquel Maestro.
Entonces Jesús les da la clave del relato: «Os aseguro que yo soy la
puerta de las ovejas». Quienes entran por el camino abierto por Jesús y le
siguen viviendo su evangelio son verdaderos pastores: sabrán alimentar a la
comunidad cristiana. Quienes entran en el redil dejando de lado a Jesús e
ignorando su causa son pastores extraños: harán daño al pueblo cristiano.
En no pocas Iglesias estamos sufriendo todos mucho: los pastores y el
pueblo de Dios. Las relaciones entre la jerarquía y el pueblo cristiano se
viven con frecuencia de manera recelosa, crispada y conflictiva: hay obispos
que se sienten rechazados; hay sectores cristianos que se sienten marginados.
Sería demasiado fácil atribuirlo todo al autoritarismo abusivo de la
jerarquía o a la insumisión inaceptable de los fieles. La raíz es más profunda
y compleja. Hemos creado entre todos una situación difícil. Hemos perdido la
paz. Vamos a necesitar cada vez más a Jesús.
Hemos de hacer crecer entre nosotros el respeto mutuo y la comunicación,
el diálogo y la búsqueda sincera de verdad evangélica. Necesitamos respirar
cuanto antes un clima más amable en la Iglesia. No saldremos de esta crisis si
no volvemos todos al espíritu de Jesús. Él es «la puerta».
Fuente: http://www.gruposdejesus.com
JESÚS VIVIENDO NOS
INVITA A VIVIR LA VERDADERA VIDA
Fray Marcos
Aunque el evangelio de hoy ya no hable de apariciones, no nos apartamos
del tema pascual, pues afirma expresamente: “Yo he venido para que tengan Vida
y la tengan abundante”. Éste es el verdadero tema de Pascua. Lo que Jn pone en
boca de Jesús nos está diciendo lo que de él pensaban los cristianos de finales
del siglo I en la comunidad donde se escribe el evangelio, no lo que pudo decir
él cuando vivía en Galilea. Esto, que vivió una comunidad cristiana, es para
nosotros más interesante que las mismas palabras que pudo decir Jesús, porque
nos habla de una vivencia provocada por Jesús Vivo.
El relato nos habla de la puerta y del pastor. En el fondo es la misma
metáfora, porque la única puerta de aquellos apriscos, era el pastor. El rebaño
eran las 5 ó 10 ovejas o cabras, que eran la base de la economía familiar. Por
la noche, después de haber llevado a pastar cada uno las suyas, se reunían
todas en un aprisco, que consistía en una cerca de piedra con una entrada muy
estrecha para que tuvieran que pasar las ovejas de una en una y así poder
controlarlas, tanto a la entrada como a la salida. Esa entrada no tenía puerta,
sino que un guarda, allí colocado, hacía de puerta y las cuidaba durante la
noche.
Por la mañana cada pastor iba a sacar las suyas para llevarlas a pastar.
Esto se hacía por medio de un silbido o de una voz que las ovejas conocían muy
bien. Incluso tenían su propio nombre como nuestros perros hoy. Cuando oían la
voz, las ovejas que se identificaban con ella, salían. Con estos datos se
entiende perfectamente el relato. Jesús se identifica con ese pastor/dueño que
cuida las ovejas como algo personal, pero no porque de ellas depende su
familia, sino porque le interesan las ovejas por sí mismas. No le mueve ningún
provecho personal sino la intención de fortalecer a cada oveja.
El texto habla de comparación (paroimian). Utilizamos una comparación
cuándo queremos explicar lo que es una cosa a través de otra que conocemos
mejor. No se trata de una identificación sino de una aproximación. Ni Jesús es
un pastor ni nosotros borregos. Jesús nos lleva a los pastos después de haberse
alimentado él en los mismos. Y ya sabemos que su alimento fue hacer la voluntad
de su Padre. El relato empieza por una referencia a esos dirigentes de todos
los tiempos, que debían ser pastores, pero que en vez de cuidar de las ovejas,
se pastorean a sí mismos y utilizan las ovejas en beneficio propio.
Las ovejas atienden a su voz porque la conocen. Una frase con profundas
resonancias bíblicas. Oír la voz del Señor es conocer lo que nos pide, pero
sobre todo obedecerle. Las llama por su nombre, porque cada una tiene nombre
propio. Las que escuchan su voz, salen de la institución opresora y quedan en
libertad. Jesús no viene a sustituir una institución por otra. No las saca de un
corral para meterlas en otro. No son los miembros de la comunidad los que deben
estar al servicio de la institución. Es la institución y la autoridad la que
debe estar al servicio de cada uno.
En un mismo aprisco había ovejas de muchos dueños, por eso dice que saca
todas las suyas. Porque son suyas, conocen su voz y le siguen. El texto quiere
dejar bien claro que las ovejas no podían salir por sí mismas del estado de
opresión, porque para ellas no había alternativa. Es Jesús el que les ofrece
libertad y capacidad para decidir por sí mismas. Los dirigentes judíos son
“extraños”, que no buscan la vida de las ovejas. Ellos las llevan a la muerte.
Jesús les da vida. La diferencia no puede ser más radical. Por muy oveja que te
sientas, tienes la obligación de distinguir al pastor auténtico del falso.
Él camina delante y las ovejas le siguen. Esto tiene más miga de lo que
parece. Jesús recorrió de punta a cabo una trayectoria humana. Esa experiencia
nos sirve a nosotros de guía para recorrer el mismo camino. Para nosotros, esto
es difícil de aceptar, porque tenemos una idea de Jesús-Dios que pasó por la
vida humana de manera ficticia y con el comodín de la divinidad en la chistera.
Ese Jesús no tendría ni idea de lo que significa ser hombre, y por lo tanto no puede
servirnos de modelo a seguir. Esta falsa idea nos ha hecho creer que lo que
hizo Jesús es marcarnos el camino desde fuera sin involucrarse.
Yo soy la puerta. No se refiere al elemento que gira para cerrar o
abrir, sino al hueco por donde se accede a un recinto. El pastor que cuidaba
las ovejas era la única puerta. Por eso dice que es la puerta de las ovejas, no
del redil. Todos los que han venido antes, son ladrones y bandidos, no han dado
libertad/vida a las ovejas. Son tres los productos interesantes de las ovejas:
leche, lana y carne. Los malos pastores buscan solo aprovecharse de esos
productos. No les interesa el desarrollo las ovejas. A las ovejas tampoco
pueden interesarles esos pastores que no les ayudan a desplegar su propio ser.
Entrar por la puerta que es Jesús, es lo mismo que "acercarse a
él", "darle nuestra adhesión"; esto lleva consigo asemejarse a
él, es decir, ir como él a la búsqueda del bien del hombre. Él da la vida
definitiva, y el que posee esa Vida, quedará a salvo de la explotación. Él es
la alternativa al orden injusto. En Jesús, el hombre puede alcanzar la
verdadera salvación. "Podrá entrar y salir", es decir, tendrá
libertad de movimiento. "Encontrará pastos", dice lo mismo que “no
pasará hambre, no pasará sed”. Así se identifica el pasto con el pan de vida
que es él mismo. La Ley sustituida por el amor.
Yo he venido para que tengan Vida y les rebose. El ladrón (dirigentes),
no solo roba, despoja a la gente del pueblo de lo que es suyo, sino que
sacrifica a las ovejas, es decir, les quita la vida. La misión de Jesús es
exactamente la contraria: les da Vida y las restituye en su verdadero ser. Los
jerarcas les arruinan la vida biológica, manipulándolas y poniéndolas a su
servicio. Jesús les da la verdadera Vida y con ella la biológica cobra pleno
sentido. Jesús no busca su provecho ni el de Dios. Su único interés está en que
cada oveja alcance su propia plenitud, desarrolle esa Vida aquí y ahora.
Es muy importante el versículo siguiente, que no hemos leído, para
entender el significado del párrafo. “El pastor modelo se entrega él mismo por
las ovejas”. El griego dice: "el modelo de pastor" (ho poimên ho
kalos). La expresión denota excelencia (el vino en Jn 2,10). Sería el pastor
por excelencia. "kalos" significa: bello, ideal, modelo de
perfección, único en su género. No se trata solo de resaltar el carácter de
bondad y de dulzura. En griego hay una palabra (agathos), que significa
“bueno”; pero no es la que aquí se emplea. Jesús es para aquella comunidad y
para nosotros, el único pastor.
Se entrega él mismo ("tên psykhên autou tithesin") = entrega
su vida. En griego hay tres palabras para designar vida: zoê, bios y psukhê;
pero no significan lo mismo. El evangelio dice psykhên = vida psicológica, no
biológica. Se trata de poner a disposición de los demás todo lo que uno es como
ser humano, mientras vive, no muriendo por ellos. La característica del pastor
modelo es que pone su vida al servicio de las ovejas para que vivan, sin
limitación alguna. Al hacer esto, pone en evidencia la clase de Vida que posee
y manifiesta la posibilidad de que todos los que le siguen tengan acceso a esa
misma Vida.
Meditación
Desplegar Vida fue el objetivo de Jesús
y debe ser el mío.
Solo en esa VIDA puedo encontrar mi
plenitud.
Esa VIDA ya está en mí, pero tengo que
alimentarla y potenciarla.
Se trata de la misma Vida de Dios que
se nos comunica.
Esa Vida es la que hizo a Jesús ser lo
que fue.
Identificarnos con Jesús es
identificarnos con Dios
Fray Marcos
Fuente: http://feadulta.com/
domingo, 26 de abril de 2020
Tercer Domingo de Pascua – Ciclo A
Tercer Domingo de Pascua – Ciclo A (Lucas 24, 13-35) 26 de abril de 2020
“El corazón nos
ardía”
Hermann Rodríguez
Osorio, S.J.
Cuando llegamos a nuestra habitación o a nuestra casa, ya caída la
noche, cansados por las labores del día, casi sin darnos cuenta, mecánicamente,
dirigimos nuestra mano hasta el interruptor que está junto a la puerta. Lo
oprimimos y se desencadenan una serie de órdenes que hacen que los dos polos de
la corriente eléctrica se unan a través de un filamento para producir el
milagro de la luz. Este es, exactamente, el mecanismo que se produce en la vida
espiritual cuando dejamos que entren en contacto dos realidades que están a la
mano en nuestra cotidianidad: la Vida y la Palabra; cuando se unen la Vida y la
Palabra, se produce, casi milagrosamente, la luz en nuestro interior. Eso que
parecía oscuro, al fondo del túnel de la desesperanza, se ilumina y hace que
nuestro corazón arda al calor del encuentro con el Resucitado. Te invito a que
mires tu realidad, alegre o trágica; mírala en toda su verdad, sin decirte
mentiras ni pretender maquillarla para que aparezca más bonita y presentable
ante tus ojos. Mira tu realidad de frente, sin engaños ni apariencias. Deja que
surjan, ante esta realidad, tus sentimientos, tus emociones, tus
pensamientos... Puedes responder preguntas como: ¿Qué ha pasado hoy en tu vida?
¿Qué te duele? ¿Qué te aflige? ¿Dónde sientes que te está tallando el zapato?
En un segundo momento, busca en la Escritura un texto que te ayude a
entender los planes de Dios para ti y para toda la creación. Hay gente que abre
la Biblia, sin muchos cálculos, en la página que sea y lee algunos párrafos.
Cuentan que así lo hacían san Antonio Abad o san Francisco de Asís, para
descubrir lo que Dios les pedía en un momento determinado de sus vidas. Sin
embargo, si conoces la Escritura y estás familiarizado con ella, te vendrán a
la memoria unas palabras de Jesús o de san Pablo... Recordarás, desde lo que
estés viviendo, un pasaje bíblico en el que descubras un alimento especial, de
acuerdo a tus circunstancias. Puedes estar seguro de que, poco a poco, casi sin
darte cuenta, casi milagrosamente, comenzarás a sentir que te arde el corazón,
y lo que parecía oscuro, empezará a aparecer luminoso y claro. A lo mejor
salten en tu interior expresiones parecidas a estas: ¡Cómo no me había dado
cuenta, si está tan claro! ¿Por qué no veía las salidas si estaban delante de mis
narices?
Esto es lo que nos regala san Lucas en el texto de los discípulos de
Emaús. Jesús resucitado camina junto a los discípulos que van apesadumbrados
por la dura realidad de la muerte del Señor; comienza por preguntarles por lo
que van conversando y por lo que les ha sucedido. Pero no los deja allí; les
habla de lo que Moisés y los Profetas habían dicho sobre el Mesías. Y, poco a
poco, comienzan a percibir el ardor en sus corazones y la luz en sus caminos...
Esta experiencia espiritual los pone en movimiento, los lanza a construir la
comunidad a través de su palabra y su testimonio; aun en medio de la noche, que
ya ha caído, los discípulos salen hacia Jerusalén a llevar la Buena Noticia de
su encuentro con el Señor resucitado que los anima y consuela con su presencia.
Cuando te sientas cansado y en medio de la oscuridad, no dudes en
oprimir el interruptor que está junto a la puerta de tu corazón, para
desencadenar el milagro de la luz en tu propio interior, que nace del contacto
de la Vida con la Palabra; sólo así, podrás llevar a la Comunidad la Buena
Noticia de la resurrección del Señor en tu propia vida.
DOS EXPERIENCIAS
CLAVE
José Antonio Pagola
Al pasar los años, en las comunidades cristianas se fue planteando
espontáneamente un problema muy real. Pedro, María Magdalena y los demás
discípulos habían vivido experiencias muy «especiales» de encuentro con Jesús
vivo después de su muerte. Experiencias que a ellos los llevaron a «creer» en
Jesús resucitado. Pero los que se acercaron más tarde al grupo de seguidores,
¿cómo podían despertar y alimentar esa misma fe?
Este es también hoy nuestro problema. Nosotros no hemos vivido el
encuentro con el Resucitado que vivieron los primeros discípulos. ¿Con qué
experiencias podemos contar nosotros? Esto es lo que plantea el relato de los
discípulos de Emaús.
Los dos caminan hacia sus casas, tristes y desolados. Su fe en Jesús se
ha apagado. Ya no esperan nada de él. Todo ha sido una ilusión. Jesús, que los
sigue sin hacerse notar, los alcanza y camina con ellos. Lucas expone así la
situación: «Jesús se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de
reconocerlo». ¿Qué pueden hacer para experimentar su presencia viva junto a
ellos?
Lo importante es que estos discípulos no olvidan a Jesús; «conversan y
discuten» sobre él; recuerdan sus «palabras» y sus «hechos» de gran profeta;
dejan que aquel desconocido les vaya explicando lo ocurrido. Sus ojos no se
abren enseguida, pero «su corazón comienza a arder».
Es lo primero que necesitamos en nuestras comunidades: recordar a Jesús,
ahondar en su mensaje y en su actuación, meditar en su crucifixión… Si, en
algún momento, Jesús nos conmueve, sus palabras nos llegan hasta dentro y
nuestro corazón comienza a arder, es señal de que nuestra fe se está
despertando.
No basta. Según Lucas es necesaria la experiencia de la cena
eucarística. Aunque todavía no saben quién es, los dos caminantes sienten
necesidad de Jesús. Les hace bien su compañía. No quieren que los deje:
«Quédate con nosotros». Lucas lo subraya con gozo: «Jesús entró para quedarse
con ellos». En la cena se les abren los ojos.
Estas son las dos experiencias clave: sentir que nuestro corazón arde al
recordar su mensaje, su actuación y su vida entera; sentir que, al celebrar la
eucaristía, su persona nos alimenta, nos fortalece y nos consuela. Así crece en
la Iglesia la fe en el Resucitado.
Fuente: http://www.gruposdejesus.com
A JESÚS VIVO SE LE
HACE PRESENTE
Fray Marcos
Por tercer domingo consecutivo se nos propone un relato enmarcado en el
“primer día de la semana”. Estos dos discípulos pasan, de creer en un Jesús
profeta pero condenado a una muerte destructora, a descubrirlo vivo y dándoles
Vida. De la desesperanza, pasan a vivir la presencia de Jesús. Se alejaban de
Jerusalén tristes y decepcionados; vuelven a toda prisa, contentos e
ilusionados. El pesimismo les hace abandonar el grupo, el optimismo les obliga
a volver para contar la gran noticia.
El relato de los discípulos de Emaús, es un prodigio de teología
narrativa. En ella podemos descubrir el verdadero sentido de los relatos de
apariciones. El objetivo de todos ellos es llevarnos a participar de la
experiencia pascual que los primeros seguidores de Jesús vivieron. En ningún
caso intentan dar noticias de acontecimientos históricos. Los dos discípulos de
Emaús no son personas concretas, sino personajes. No quiere informarnos de lo
que pasó una vez, sino de lo que les está pasando cada día a los discípulos de
Jesús.
Es Jesús quien toma la iniciativa, como sucede siempre en los relatos de
apariciones. Los dos discípulos se alejaban de Jerusalén decepcionados por lo
que le había pasado a Jesús. Solo querían apartar de su cabeza aquella
pesadilla. Pero a pesar del desengaño sufrido por su muerte y muy a pesar suyo,
van hablando de Jesús. Lo primero que hace Jesús es invitarles a desahogarse,
les pide que manifiesten toda la amargura que acumulaban. La utopía que les
había arrastrado a seguirlo, había dado paso a la más absoluta desesperanza.
Pero su corazón todavía estaba con él, a pesar de su horrible muerte.
En este sutil matiz, podemos descubrir una pista para explicar lo que
les sucedió a los primeros seguidores de Jesús. La muerte les destrozó, y
pensaron que todo había terminado; pero a nivel subconsciente, permaneció un
rescoldo que terminó siendo más fuerte que las evidencias tangibles. En el
relato de la conversión de Pablo, podemos descubrir algo parecido. Perseguía
con ahínco a los cristianos, pero sin darse cuenta, estaba subyugado por la
figura de Jesús y en un momento determinado, cayó del burro.
La manera en que el relato describe el reconocimiento (después de haber
caminado y discutido con él durante tres kilómetros) y la instantánea
desaparición, nos indican claramente que la presencia de Jesús, después de su
muerte, no es la de una persona normal. Algo ha cambiado tan profundamente, que
los sentidos ya no sirven para reconocer a Jesús. Estos pormenores nos vacunan
contra la tentación de interpretar de manera física los detalles de los relatos
que nos hablan de Jesús después de su muerte.
Nosotros esperábamos… Esperaban que se cumplieran sus expectativas. No
podían sospechar que aquello que esperaban, se había cumplido. Fijaos bien,
como refleja esa frase nuestra propia decepción. Esperamos que la Iglesia...
Esperamos que el Obispo... esperamos que el concilio... Esperamos que el
Papa... Esperamos lo que nadie puede darnos y surge la desilusión. Lo que Dios
puede darnos ya lo tenemos. El desengaño es fruto de una falsa esperanza. Por
no esperar lo que Jesús da, la desilusión está asegurada.
No es Jesús el que cambia para que le reconozcan, son los ojos de los
discípulos los que se abren y se capacitan para reconocerle. No se trata de ver
algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que tenían delante. No es la
realidad la que debe cambiar para que nosotros la aceptemos. Somos nosotros los
que tenemos que descubrir la realidad de Jesús Vivo, que tenemos delante de los
ojos, pero que no vemos. Hay momentos y lugares donde se hace presente Jesús de
manara especial, si de verdad sabemos mirar.
1) En el camino de la vida. Después de su muerte, Jesús va siempre con
nosotros en nuestro caminar. Pero el episodio nos advierte que es posible
caminar junto a él y no reconocerlo. Habrá que estar mucho más atento si, de
verdad, queremos entrar en contacto con él. Es una crítica a nuestra
religiosidad demasiado apoyada en lo externo. A Jesús ya no lo vamos a
encontrar en el templo ni en los rezos sino en la vida real, en el contacto con
los demás. Si no lo encontramos ahí, cualquier otra presencia será engañosa.
La concepción dualista que tenemos del mundo y de Dios nos impide
descubrirle. Con la idea de un Dios creador que se queda fuera del mundo, no
hay manera de verle en la realidad material. Pero Dios no es lo contrario del
mundo, ni el Espíritu es lo contrario de la materia. La realidad es una y
única, pero en la misma realidad podemos distinguir dos aspectos. Desde el
deísmo que considera a Dios como un ser separado y paralelo de los otros seres,
será imposible descubrir en las criaturas la presencia de la divinidad.
2) En la Escritura. Si queremos encontrarnos con el Jesús que da Vida,
tenemos en las Escrituras un eficaz instrumento. Pero el mensaje de la
Escritura no está en la letra sino en la vivencia espiritual que hizo posible
el relato. La letra, los conceptos, no son más que el soporte, en el que se ha
querido expresar la experiencia de Dios. Dios habla únicamente desde el
interior de cada persona, porque el único Dios que existe es el que fundamenta
cada ser. Dios solo habla desde lo hondo del ser. Esa experiencia, expresada,
es palabra humana, pero volverá a ser palabra de Dios si nos lleva a la
vivencia.
3) Al partir el pan: No se trata de una eucaristía, sino de una manera
muy personal de partir y repartir el pan. Referencia a tantas comidas en común,
a la multiplicación de los panes, etc. Sin duda el gesto narrado hace también
referencia a la eucaristía. Cuando se escribió este relato ya había una larga
tradición de su celebración. Los cristianos tenían ya ese sacramento como el
rito fundamental de la fe. Al ver los signos, se les abren los ojos y le
reconocen. Fijaos, un gesto es más eficaz que toda una perorata sobre la
Escritura.
4) En la comunidad reunida. Cristo resucitado solo se hace presente en
la experiencia de cada uno, pero solo la experiencia compartida me da la
seguridad de que es auténtica. Por eso él se hace presente en la comunidad. La
comunidad (aunque sean dos) es el marco adecuado para provocar la vivencia. La
experiencia compartida, empuja al otro en la misma dirección. El ser humano
solo desarrolla sus posibilidades de ser, en la relación con los demás. Jesús
hizo presente a Dios amando, es decir, dándose a los demás. Esto es imposible
si el ser humano se encuentra aislado y sin contacto alguno con el otro.
El mayor obstáculo para encontrar a Cristo, hoy, es creer que ya lo
tenemos. Los discípulos creían haber conocido a Jesús cuando vivieron con él;
pero aquel Jesús, que creían ver, no era el auténtico. Solo cuando el falso
Jesús desaparece, se ven obligados a buscar al verdadero. A nosotros nos pasa
lo mismo. Conocemos a Jesús desde la primera comunión, por eso no necesitamos
buscarle. El verdadero Jesús es nuestro compañero de viaje, aunque es muy
difícil reconocerlo en todo aquel que se cruza en nuestro camino.
Meditación
Caminó con ellos, discutió con ellos,
pero no lo conocieron.
Ni teologías, ni exégesis racionales,
te llevarán al verdadero Jesús.
El único camino para encontrarlo es el
que conduce al “corazón”.
Tenemos que abrir los ojos, pero no los
del cuerpo.
Debemos agudizar la mente, pero no la
racional.
Si los ojos de nuestro corazón están
abiertos,
lo descubriremos presente en todos y en
todo.
Fray Marcos
Fuente: http://feadulta.com/
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