Segundo Domingo de
Pascua – Ciclo A (Juan 20, 19-31) 23 de abril de 2017
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contesta: –«¿Qué quieres que haga, hijo mío?» –«¡Sálvame, Señor!» –«¿Realmente crees que puedo salvarte?» –«Por supuesto, Señor». –«Entonces, corta la cuerda que te sostiene...» Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda... y no se soltó como le indicaba la voz. Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... a tan solo dos metros del suelo...
La duda mata, dice la sabiduría popular. Y para demostrarlo, basta ver una gallina
tratando de cruzar una carretera por la que transitan camiones con más de diez
y ocho llantas... El Evangelio que nos propone la liturgia del Segundo domingo
de Pascua nos muestra a un Tomás exigiendo pruebas y señales claras para creer:
“Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con
ellos cuando llegó Jesús. Después los otros discípulos le dijeron: – Hemos
visto al Señor. Pero Tomás contestó: – Si no veo en sus manos las heridas de
los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré
creer”. Seguramente, muchas veces en nuestra vida hemos dicho palabras
parecidas a Dios. Este domingo tenemos una buena oportunidad para revisar la
confianza que tenemos en el Señor.
Cuando el Señor volvió a
aparecerse en medio de sus discípulos, llamó a Tomás y le dijo: –Mete aquí tu
dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado...” Será
necesario que el Resucitado nos diga «¡No seas incrédulo sino creyente!»
o, por el contrario, seremos merecedores de esa bella bienaventuranza que
dice: «Dichosos los que creen sin haber visto». Sinceramente,
preguntémonos: ¿Dónde tenemos puesta nuestra confianza? ¿Dónde está nuestra
seguridad? ¿Estamos llenos de dudas que nos van matando? ¿Qué tanto confiamos
en la cuerda que nos sostiene en medio del abismo, o en la palabra de Dios que
nos invita a soltarnos y esperar solo en él?
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