viernes, 1 de abril de 2016

Laudato Si' redamazonica

Laudato Si: Sobre el cuidado de nuestra Casa Común


¡¡¡ escúchala !!!
(el enlace te lleva la serie completa)

Laudat Si' respuesta canadiense

domingo, 27 de marzo de 2016

LA FRASE DE LA SEMANA

CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA


PARA VER EL EVANGELIO COMPLETO CLIC AQUÍ.: Lc. 24, 1-12


CRISTO HA RESUCITADO ¡ALELUYA!

Foto de News.va Español.
¡FELICES PASCUAS A TODOS!
Queridos amigos, queremos felicitarles las Pascuas con unas palabras de la homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual:
"Continuamente vemos, y veremos, problemas cerca de nosotros y dentro de nosotros. Siempre los habrá, pero hay que iluminar esos problemas con la luz del Resucitado, en cierto modo hay que «evangelizarlos».
Evangelizar los problemas. No permitamos que la oscuridad y los miedos atraigan la mirada del alma y se apoderen del corazón, sino escuchemos las palabras del Ángel: el Señor «no está aquí. Ha resucitado» (v.6); Él es nuestra mayor alegría, siempre está a nuestro lado y nunca nos defraudará.
Este es el fundamento de la esperanza, que no es simple optimismo, y ni siquiera una actitud psicológica o una hermosa invitación a tener ánimo. La esperanza cristiana es un don que Dios nos da si salimos de nosotros mismos y nos abrimos a Él.
Esta esperanza no defrauda porque el Espíritu Santo ha sido infundido en nuestros corazones (cf. Rm 5,5). El Paráclito no hace que todo parezca bonito, no elimina el mal con una varita mágica, sino que infunde la auténtica fuerza de la vida, que no consiste en la ausencia de problemas, sino en la seguridad de que Cristo, que por nosotros ha vencido el pecado, ha vencido la muerte, ha vencido el miedo, siempre nos ama y nos perdona.
Hoy es la fiesta de nuestra esperanza, la celebración de esta certeza: nada ni nadie nos podrá apartar nunca de su amor (cf. Rm 8,39).
El Señor está vivo y quiere que lo busquemos entre los vivos. Después de haberlo encontrado, invita a cada uno a llevar el anuncio de Pascua, a suscitar y resucitar la esperanza en los corazones abrumados por la tristeza, en quienes no consiguen encontrar la luz de la vida.
Hay tanta necesidad de ella hoy. Olvidándonos de nosotros mismos, como siervos alegres de la esperanza, estamos llamados a anunciar al Resucitado con la vida y mediante el amor...
¿Cómo podemos alimentar nuestra esperanza? ... Hacer memoria de las palabras de Jesús, hacer memoria de todo lo que Él ha hecho en nuestra vida. No olvidemos su Palabra y sus obras...
Queridos hermanos y hermanas, ¡Cristo ha resucitado! Y nosotros tenemos la posibilidad de abrirnos y de recibir su don de esperanza. Abrámonos a la esperanza y pongámonos en camino; que el recuerdo de sus obras y de sus palabras sea la luz resplandeciente que oriente nuestros pasos confiadamente hacia esa Pascua que no conocerá ocaso".

Tomado de NEWS.VA (Facebook)

sábado, 26 de marzo de 2016

“¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que está vivo?”

Primer Domingo de Pascua – Ciclo C (Lucas 24, 1-12) – 27 de marzo de 2016


La revista de Teología Pastoral Sal Terrae, publicó, en noviembre de 2002, un artículo de un famoso jesuita español con un título muy sugerente: «Locos de alegría, abandonar a toda prisa los sepulcros» (Mt 28, 8). El subtítulo explica algo más lo que José María Fernández-Martos, S.J. quiso tratar allí: “Trabajándose el optimismo y acogiendo la alegría verdadera”. Transcribo los dos primeros párrafos de este excelente artículo:

“La alegría no es barata. El optimismo tampoco. Ambos se construyen ladrillo a ladrillo. La alegría anda asediada por una oleada gigante de malas noticias globales y, lo que es peor, por una epidemia de pesimismo. La chispa de Coca Cola no vale. Es necesario trabajarse una recia alegría, un combatiente optimismo que sepa defenderse como se defienden las trincheras. Recostarse aplatanadamente sobre los muros de una Iglesia de la que sólo se oyen quejidos, no da para la alegría de la que aquí hablo. (...)”.

“Es verdad que hay mucho sufrimiento, que hasta el lenguaje sabe a pólvora y que el hambre es azote de media Humanidad; pero también lo es que la hierba sigue creciendo de noche. A Teresa de Ávila le llegaron nuevas de la catástrofe de la Iglesia con la irrupción primera del Protestantismo. Nada de gestos de espanto y derrota. ¿Qué hacer?: «... determiné hacer eso poquito que yo puedo y es en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda perfección que yo pudiese y procurar que estas otras poquitas que están aquí hiciesen lo mismo»”.

Después de esta introducción, el autor completa el diagnóstico de nuestra sociedad, salpicada, como nunca antes, por síntomas depresivos. Pero no se queda allí. Luego va proponiendo alternativas para trabajase el optimismo, basado en Martín E.P. Seligman, el más reconocido especialista en educación para el optimismo. Deja de lado los aportes de los movimientos de la autoestima o el fomento de los sentimientos positivos, que centran su atención en una especie de «Me gusto, luego existo». Este movimiento terminó siendo una modalidad refinada de narcisismo barato...

El Evangelio de hoy nos cuenta cómo algunas mujeres regresaron al sepulcro, muy temprano, el primer día de la semana. Ellas iban a buscar el cuerpo sin vida de su Maestro, pero lo que encontraron fue una pregunta que les cambió la vida: “¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que está vivo?” Muchas veces, nosotros, como aquellas mujeres, en lugar de levantar nuestra mirada hacia lo que nos propone el Dios de la vida, nos quedamos mirando hacia atrás, hacia nuestros propios sepulcros. Hoy, Dios vuelve a repetirnos: “No está aquí, sino que ha resucitado. Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaban en Galilea: que el Hijo del hombre tenía que ser entregado en manos de pecadores, que lo crucificarían y que al tercer día resucitaría”.

El artículo citado, termina así: “(...) aquella inmersión que nos vinculaba a su muerte nos sepultó con él para que empezáramos una vida nueva con una resurrección semejante a la suya (Cf. Rm 6,4-5).«La boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares [porque] el Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres» (Sal 126,2-3)”.

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.*

Vigilia Pascual

VIGILIA PASCUAL - PREGÓN PASCUAL - 2016

Hermanos, hermanas,

cristianos aquí presentes,
vigías que avizoráis la oscuridad y las tinieblas
de la opresión y la guerra,
de las pateras a la deriva,
de los campos de refugiados,
de las desigualdades y la emigración,
de los muros, bombas y atentados,
del odio y la mentira,
los sin techo y desahuciados,
de los parados y explotados,
de la violencia de género,
del miedo, la soledad y el fracaso,
del alcohol, las drogas y los sueños rotos,
de las pesadillas y fracasos,
de todos los invisibles y ninguneados,
de la noche del dolor, los lloros y la muerte...

Amigos y amigas,
compañeros de vigilia,
no os sintáis abrumados,
no echéis a correr
ni apaguéis vuestras luces,
no abandonéis vuestro puesto de adelantado,
no os durmáis,
no miréis a otro lado,
no desfallezcáis;
permaneced despiertos
y mantened todos vuestros sentidos atentos...
¡Esta noche va a poner fin a todas vuestras noches!

Si esperáis un momento,
si os mantenéis en vuestro puesto vigilantes,
veréis alejarse por la puerta trasera
a los asesinos que violan los derechos humanos,
a los prepotentes que venden la justicia,
a los mentirosos que lo oscurecen todo,
a los fanáticos que imponen su verdad,
a los corruptos que roban sin escrúpulos,
a quienes hacen las leyes a su medida y beneplácito,
a quienes viven rodeados de privilegios,
a los poderosos que humillan a los débiles,
a los que se mofan de vuestra dignidad y honestidad,
a los bien situados que os proponían la huida,
a los que engordan y se ríen con vuestros miedos,
a todos los que negocian con el hambre,
la vivienda, la seguridad, el amor, la religión ...
y las necesidades y el afán de sus semejantes...

Si alimentáis la esperanza,
si vuestras entrañas permanecen cálidas,
si vuestro corazón no es de piedra
y sangra al ser atravesado por la lanza
de la empatía y de la entrega,
veréis a los pobres y necesitados,
a los desamparados y tristes,
a los angustiados y doloridos,
a los emigrantes y refugiados,
a los perseguidos y esquilmados
que lo han perdido todo,
quedarse con vosotros y sonreír,
recuperar las ganas de vivir,
cantar y abrazaros,...
y convertirse en nuevos adelantados y testigos
de luz y esperanza.

Esta noche, en la que hacemos memoria
de las maravillas y prodigios de Dios
en nuestra tierra e historia,
sigue siendo noche maravillosa y prodigiosa,
digna de fiesta, cantos y danzas
porque anuncia, y en ella sentimos,
al sol sin ocaso,
a la luz sin tinieblas,
al árbol florecido,
al fuego que abrasa,
al agua que nos quita la sed,
a la brisa que nos renueva,
a la tienda del encuentro y la alianza,
al peregrino que nos acompaña,
a la vida que se entrega,
al rostro de la misericordia...

Hermanos, hermanas,
creyentes con esperanza renovada:
aquí llega,
alzad la vista,
vedle que está a la puerta,
atisbando nuestra celebración
y nuestra alegría ,
el que violó las puertas de la muerte,
el que nos invitó a seguirle,
el que compartió sueños y proyectos,
comida, gozos y fracasos,
el que entregó su vida por nosotros,
Jesús de Nazaret, el Crucificado,
Cristo, el Señor, resucitado.

Pongámonos en pie,
miremos al horizonte
y caminemos.
Desprendámonos de la mediocridad y la vida holgada,
de la estrechez y de la conformidad,
de los complejos, el miedo y la cobardía.
¡Resucitó Cristo, nuestra esperanza!
¡Él sigue vivo y dándonos vida!
¡Él pasa a nuestro lado
llenándolo todo con su fragancia
y vistiéndolo con su hermosura!

¡Aleluya, el Señor, Jesús Nazareno,
nuestro amigo, maestro y hermano,
camina a nuestro lado
abriéndonos las sendas del reino!

¡La creación entera se alegra y goza,
canta y danza! ¡Aleluya!

Florentino Ulibarri

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VIGILIA PASCUAL
Escrito por Fray Marcos
Lc 24, 1-12

Aunque son relativamente pocos los cristianos que acuden a celebrar la Vigilia Pascual, debemos tomar conciencia de que se trata de la liturgia más importante de todo el año. Celebramos la VIDA, que en la experiencia pascual descubrieron los discípulos en su maestro Jesús. Los símbolos centrales de la celebración son el fuego y el agua, porque son los dos elementos imprescindibles para que pueda surgir la vida biológica. La vida biológica es el mejor símbolo que nos puede ayudar a entender lo que es la Vida trascendente. Las realidades trascendentes no pueden percibirse por los sentidos, por eso tenemos que hacerlas presentes por medio de signos que provoquen en nuestro interior la presencia de la Vida. Esa Vida ya está en nosotros. Debemos descubrirla y vivirla.

El recordar nuestro bautismo, apunta en la misma dirección. Jesús dijo a Nicodemo que había que nacer de nuevo del agua y del Espíritu. Este mensaje es pieza clave para descubrir de qué Vida estamos hablando. En el prólogo del evangelio de Jn dice: “En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. Estamos recordando esa Vida y esa luz en la humanidad de Jesús. Al desplegar durante su vida terrena, la misma Vida de Dios que le atravesaba, nos abrió el camino de la plenitud a la que todos podemos acceder. En todos y cada uno de nosotros está ya esa Vida.

Lo que estamos celebrando esta noche, es la llegada de Jesús a esa meta. Jesús, como hombre, alcanzó la plenitud de Vida. Posee la Vida definitiva que es la Vida de Dios. Esa vida ya no puede perderse porque es eterna. Podemos seguir empleando el término “resurrección”, pero debemos evitar el aplicarla inconscientemente a la vida biológica y psicológica, porque es lo que nosotros podemos sentir, es decir descubrir por los sentidos.

Pero lo que hay de Dios en Jesús no se puede descubrir mirando, oyendo o palpando. Ni vivo, ni muerto, ni resucitado, puede nadie descubrir lo que hay en él de Dios. Tampoco puede ser el resultado de alguna demostración lógica. Lo divino no cae dentro del objeto de nuestra razón. A la convicción de que Jesús está vivo, no se puede llegar por razonamientos. Lo divino que hay en Jesús, y por lo tanto su resurrección, solo puede ser objeto de fe. Lo mismo nosotros, solo a través de la vivencia personal podemos comprender la resurrección.

Creer en la resurrección exige haber pasado de la muerte a la vida. Por eso tiene en esta vigilia tanta importancia el recuerdo de nuestro bautismo. Jesús murió a lo terreno y caduco, al egoísmo, y nació a la verdadera Vida, la divina. Creemos que hemos sido bautizados un día a una hora determinada y que allí se realizó un milagro que permanece por sí mismo. Para descubrir el error, hay que tomar conciencia de lo que es un sacramento. Los sacramentos están constituidos por dos realidades: un signo y una realidad significada. El signo es lo que podemos ver, oír, tocar. La realidad significada ni se ve ni se oye ni se palpa, pero está ahí siempre porque depende de Dios, que está fuera del tiempo. En el bautismo, la realidad significada es esa Vida divina que “significamos” para hacerla presente y vivirla. El signo no añade nada, solo nos ayuda a descubrir lo que hay.

Fray Marcos

Sábado Santo

HACEMOS SILENCIO CON MARIA

Dolorosa, y recogida en su dolor, nos la quiso dejar el Señor. Desde entonces, en la piedad popular y en el corazón cristiano, la tenemos como la mejor confidente. Ella va susurrándonos cosas que el mundo no entiende ni quiere comprender pero que son como ráfagas de amor divino y que nos vienen muy bien para mantenernos orientados hacia el amor a Dios.

En esta alborada de Sábado Santo, mientras estamos expectantes a lo que está por venir, palpamos el amor de María a sus hijos: ”¡Madre ahí tienes a tus hijo!”

¿Sentirá, en este amanecer, excesivamente silencioso, la ternura, la acogida de los hijos hacia la Madre? ¡”Hijo ahí tienes a tu Madre”!

¿Por qué no adoptarla, cuando ha quedado despojada de aquellos que tanto le amaron: José antes y, en la cruz, luego Jesús?

¿Por qué no dejarnos tomar por Ella, cuando en cierta manera, también nosotros hemos quedado desconcertados por el trágico final de Jesús de Nazaret?

En estas horas del Sábado Santo, mientras añoramos el triunfo de la vida sobre la muerte, meditamos y rezamos en alto la presencia de Dios en María: encontraste gracia ante Dios aunque, una espada, la espada que hoy estás sintiendo de arriba abajo, en tu corazón, te pudiera hacer pensar que, Dios, es un aguafiestas.

Día de Sábado Santo. Nos hemos quedado sin Jesús. Aún humea el fuego en el Huerto de los Olivos; todavía estamos despertándonos del sueño en el que estuvimos sumidos; aún hoy, chirría en nuestros oídos, el ruido de las monedas por el que fue vendido Jesús o la incomprensible, pero anunciada, triple negación de Pedro.

Muchas cosas han cambiado y se han alterado en estos días. Tan sólo, el amor inquebrantable de María, sigue tan invariable como su semblante y su cuerpo estuvieron fieles al pie de la cruz.

Virgen, Virgen dolorida. Ni Dios, aún siendo la Madre de su Hijo, te quiso excluir de esta realidad que asola a tanto ciudadano de nuestro mundo: el sufrimiento, los interrogantes, la pruebas, las soledades como el gran cáncer de la modernidad. Nunca tenemos tantos medios para sentirnos acompañados y, por otro lado, nunca el hombre se ha sentido tan sólo.

¿Dónde está el secreto de tu comprensión, María, para todo lo que Dios pone en tu camino?

¿Dónde reside, María, el fondo de tu sensibilidad y de la fortaleza que nos demuestras?

Te hemos pintado con tantos colores, que nos cuesta verte así; dolorida, solidaria, desconcertada.

Mañana de Sábado Santo. Es el campo para que crezca la confianza y la espera. La distancia entre el absurdo y la gloria. La batalla entre el sepulcro y la vida. El momento que distancia, la Virgen que solloza, y la mujer alegre por el encuentro con el Resucitado.

Mientras el calvario se ha quedado vacío, sin ruidos, despojado y mudo - tan sólo roto en su horizonte por tres cruces desnudas, sangre, letreros, cuñas, maderaje y clavos por el suelo- una mujer, Tú, María, te hallas hermanada, cercana y conocedora del sentimiento de una Madre que llora, con fe, y con la esperanza de la mujer de Dios, que jamás desconfía.

¡María! Cuando los apóstoles están conmocionados, y todavía no repuestos de los acontecimientos, Tú, sigues rumiando a Dios. Intentando escrutar y buscar respuesta en las Escrituras. Apostando por un Creador que, lo que promete, cumple hasta los límites más insospechados.

¡Déjanos, María, acompañarte en éste, tu personal calvario! Si en el silencio –con escasas siete palabras murió Jesús en la cruz- Tú, en este instante, permaneces sigilosa. Porque sabes que en el silencio Dios habla. Porque conoces, por propia experiencia, que en las horas amargas, es el Padre quien sale al encuentro. Porque crees, añoras y meditas inmensidades divinas en tu corazón, aunque Dios te pruebe en la noche oscura, en este día de calma. ¿Acaso, hoy María, es el único momento de soledad? ¿No lo fue la Anunciación cuando el Angel te sorprendió sola? ¿Belén no fue la ciudad, pequeña e ingrata, ante la que pasaste con soledad inquieta buscando posada? ¿Y no fue una gruta la que te hizo saborear, una vez más, que Dios vino sólo y en el silencio? ¡En cuántos momentos, como el de hoy, María..te sentiste tremendamente sola.

Hoy, como en aquel lejano día, sonará con especial realismo y crudeza lo que ya el anciano Simeón predijo: aquella espada, de ayer y tan de hoy, lastimó tu corazón pero no lo partió. Hirió tus entrañas, pero no desahuciaron a Dios. Laceró tu amor humano pero nunca diste la espalda al amor divino. ¿Cómo lo hiciste María?
Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: "Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones."

¿Cómo permanecer fieles a ese amor tan respondido, hoy, con el silencio de Dios? ¿Cómo responder con la talla y la altura, la dignidad y el saber estar que Tú, María, demuestras en estas horas de orfandad para el mundo?


¿Quién de los que estamos, acompañando a María en su soledad, no hemos tenido alguna vez una experiencia ingrata; un trago amargo; una dificultad que nos superaba; algo, por lo que hubiésemos dado toda nuestra fortuna y fama, para evadirnos de ello?

Mañana de Sábado Santo; hoy, aquí y ahora, hay tanto silencio y calma como en aquel mágico momento de la Anunciación del Señor a María: ¡No temas! ¡No temas! ¡No temas! Tal vez, este pensamiento –palabras del Ángel que sonaron en Nazaret- servirá como consuelo y seguridad a Santa María: ¡No temas! Si encontraste gracia ante Dios, ¿Cómo te va a dejar abandonada, cuando a simple vista, sin Jesús por los caminos ni en las plazas, parece no existir nada?

Y es que, el amor, dicen que es más puro, más sólido, más verdadero cuando es probado con el sufrimiento.

Pues María, si es por eso, catapulta el amor, su incondicional amor, en la cima jamás soñada: ¡Cuánto más me pruebas, mi Dios, más te quiero mi Señor! ¡Cuánto mas sola me siento, más miro hacia el cielo! ¡Cuánto más toco el sepulcro de Cristo, más vibro porque el grano, pronto, dará su fruto!

Las horas grandes de los hombres, no vienen definidas por los puntuales y exuberantes éxitos. Las grandes horas de María, las estamos viviendo, ahora, aquí, con Ella.

En el silencio, se mira –una y otra vez- las manos asegurándose de que todo no ha sido un sueño. De que han sido manos que, ayer, abrazaron a Cristo camino del Calvario; las que lo sostuvieron cuando lo bajaron de la cruz: las mismas manos de Madre, que lo sembraron en el fondo de un sepulcro nuevo y prestado.

Mañana de Sábado Santo. Se ha detenido el viento. Mientras unos se afanan en recoger los restos de la pasión, María confía en cosechar el esfuerzo de tanta entrega, sufrimiento, amor, perdón y misericordia de su hijo: la resurrección.

Mañana de Sábado Santo. En la Soledad de María aprendemos a beber el contenido de la esperanza, que no es otra sino esperar contra toda esperanza. Como lo hicieron tantos hombres de bien en el Antiguo Testamento. Como tantos Patriarcas y Profetas. Como su querido esposo San José.

Esperar. ¡He aquí el misterio que se sostiene en este Sábado Santo! Allá, en el sepulcro, una semilla aguarda la mano poderosa de Dios. El ser levantado para la salvación del hombre. E fin de tanta humillación, escarnio e incomprensión.

Vino a los suyos, y Jesús, no fue reconocido por ellos.

Pero María, ¡qué decir de María! de Ella nació, con ella creció, de Ella aprendió el amor a Dios y a los hombres.
Por eso, en esta mañana de Sábado Santo, sólo queda Ella: recordando palabras, situaciones, caricias al que un día fue niño, ingratitudes, huidas a Egipto y disgustos por Aquel que siempre habló sin tapujos.

Durante su soledad, María aguarda llena de esperanza el encuentro definitivo con su Hijo. Había dicho Jesús: «Volveré y los tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros» (Jn 14,3). Ella tiene la certeza de la vida eterna prometida ; por eso alienta en los cristianos la esperanza de la propia resurrección y del triunfo definitivo de Jesucristo.

¿Dónde estará mi Hijo? ¡Ojala yo pudiera estar también con El! Jesucristo María. Es la única luz que ilumina, junto con la lámpara de algún apóstol que desde alguna esquina tímidamente observa, la penumbra de este día donde la semilla ha sido enterrada para que mañana, muy pronto, resurja y a todos nos dé un día el ciento por uno.

María. No te quedes en tu soledad. Hoy, aquí tus hijos, te acompañamos con el sentimiento, con la contemplación, con la fidelidad, con el dolor –pero sobre todo- sabiendo que Dios tiene la última palabra. Y, ésta, no es precisamente la muerte.

Soledad la de este día, en María, preludio de aquella otra soledad que –en compañía de Juan- ofrecerá y dedicará para ayudar, alimentar, animar y fortalecer a sus nuevos hijos: nosotros y, dentro de una hermosa casa, la Iglesia.


¡María!

Amén.

Javier Leoz

Tomado de: 
http://sanvicentemartirdeabando.org/triduo_pascual2016/sabado/hacemos_silencio_con_maria.htm