La Ternura, el Amor y la Alegría, la visión del papa Francisco sobre la familia:
viernes, 17 de junio de 2016
La Ternura, el Amor y la Alegría
Conferencia de José Luis Serra Martínez, sj. sobre:
La Ternura, el Amor y la Alegría, la visión del papa Francisco sobre la familia:

La Ternura, el Amor y la Alegría, la visión del papa Francisco sobre la familia:
domingo, 12 de junio de 2016
LA FRASE DE LA SEMANA
CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA
PARA VER EL EVANGELIO COMPLETO CLIC AQUÍ: Lc. 7, 36-8, 3
“(…) sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho”
Domingo XI del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 7,
36 – 8,3) – 12 de junio de 2016
Leí en alguna parte la historia de un niño de seis años llamado Luis,
que se levantó muy temprano un domingo y viendo que sus papás todavía dormían,
decidió prepararles unos pankakes para el desayuno. Se fue para la cocina, sacó
un gran tazón y una cuchara de palo, acercó la silla a la mesa y buscó la
harina entre la despensa. Al levantar la pesada bolsa de harina, para ponerla
sobre la mesa, se le resbaló y comenzó el reguero más espantoso. Recogió con
sus manitas todo lo que pudo de la harina y la fue colocando en el enorme
tazón. El resto quedó desparramado entre la mesa, la silla y la despensa. Fue
después a la nevera y sacó una caja de leche, tomó el frasco del azúcar y fue
mezclando los ingredientes dentro del tazón. El resultado fue una mezcla pegajosa
que empezaba a chorrear por los bordes.
Ya para ese momento, había harina regada por toda la cocina. Cada vez
que el niño iba de un lugar a otro, dejaba las huellas de sus pequeños pies,
marcados por todas partes. El gato iba lamiendo donde encontraba algo para
saciar su hambre matutina y le ayudaba a Luisito a dejar pistas de sus pasos
por toda la cocina. Cuando Luisito quiso comenzar a cocinar los pankakes, trató
de bajar el tazón de la mesa para acercarlo a la estufa y terminó regando el
resto de leche que quedaba entre la caja. Desistió de bajar el tazón y decidió
acercar la sartén para ir poniendo algo de su mezcla en él. Cuando traía la
sartén se resbaló con la leche que se había derramado y quedó tirado en medio
de la cocina, sintiendo que las cosas no estaban saliendo bien.
Ya para ese momento, se dio cuenta de que no sabía lo que seguía; si
debía prender el horno o uno de los fogones… Y mucho menos cómo hacerlo sin
quemarse. Ciertamente, quería hacer algo simpático para sorprender a sus papás,
pero las cosas no estaban saliendo tan bien como él las había imaginado. Cuando
miró otra vez hacia la mesa, su gatito estaba lamiendo el tazón, por lo que
corrió a apartarlo, con tan mala suerte que se vino abajo el frasco del azúcar.
Ya su pijama estaba completamente pegajosa y la mezcla para los pankakes
ocupaba la mitad del piso de la cocina.
En ese momento vio a su papá de pie en la puerta. Dos grandes lágrimas
se asomaron a sus ojos. El sólo quería hacer algo bueno, pero en realidad había
causado un gran desastre. Estaba seguro de que su papá lo iba a castigar y muy
posiblemente le iba a dar una buena paliza. Pero su papá sólo lo miraba en
medio de aquel desorden, sin entender qué había pasado allí. Su papá, caminando
por encima de todo aquello, se agachó y tomó a Luisito entre sus brazos, que ya
estaba llorando, y le dio un gran abrazo lleno de amor, sin importarle cómo
estaba quedando su propia pijama.
Dios nos trata así. Jesús se encuentra con una mujer de mala vida en la
casa de Simón el fariseo. Ella “llegó con un frasco de alabastro lleno de
perfume. Llorando, se puso junto a los pies de Jesús y comenzó a bañarlos con
lágrimas. Luego los secó con sus cabellos, los besó y derramó sobre ellos el
perfume”. Manifiesta con sus obras, un gran amor a Jesús. Lo expresa sin
importarle lo que puedan decir los presentes. Y Jesús recibe estas expresiones
de cariño con mucha libertad. Sabe que el anfitrión seguramente va a pensar mal
de él, pero no le importa. De hecho, dice el evangelio que “El fariseo que había
invitado a Jesús, al ver esto, pensó: “Si este hombre fuera de veras un
profeta, se daría cuenta de qué clase de persona es esta que lo está tocando:
una mujer de mala vida”.
Cuando Jesús se da cuenta de lo que está pensando su anfitrión, le
propone una comparación: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le
debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y como no le podían pagar, el
prestamista les perdonó la deuda a los dos”. Después, Jesús le pregunta al
fariseo: “¿cuál de ellos le amará más?” A lo que Simón respondió: “Me parece
que el hombre a quien más le perdonó”. Y Jesús, con su intuición pedagógica,
que primero hace morder el anzuelo y luego saca las consecuencias, le va
mostrando cómo esta mujer demuestra más amor, porque se le ha perdonado más,
mientras que él muestra poco amor, porque parece que se le ha perdonado menos…
Dios tiene en mucho los esfuerzos que hacemos por manifestarle nuestro
amor. El amor que hemos dado y hemos sido capaces de expresar, es lo que tendrá
en cuenta el Señor al final de nuestro camino. Aunque, a veces, por expresar
nuestro amor, volvemos todo un desastre a nuestro alrededor. Pero Dios se
acerca a nosotros, nos toma en sus brazos y nos regala su perdón, como el padre
de Luisito, que se compadece de su pequeño hijo, que ha convertido la cocina de
su casa en un verdadero desastre, por querer hacerle unos pankakes a sus papás
en día domingo.
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Etiquetas:
EVANGELIO,
Reflexión,
Tiempo Ordinario
domingo, 5 de junio de 2016
LA FRASE DE LA SEMANA
CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA
PARA VER EL EVANGELIO COMPLETO CLIC AQUÍ: Lc. 7, 11-17
“Dios ha venido a ayudar a su pueblo”
Domingo X del Tiempo Ordinario – Ciclo C (Lucas 7,
11-17) – 5 de junio de 2016
Alguna
vez recibí la siguiente historia que me vino a la memoria al leer el texto que
nos presenta hoy el evangelio de san Lucas: “Un grupo de vendedores fue a una
convención de ventas. Todos le habían prometido a sus esposas que llegarían a
tiempo para cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención terminó
un poco tarde, y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos con sus
boletos y portafolios, corriendo por los pasillos. De repente, y sin quererlo,
uno de los vendedores tropezó con una mesa que tenía una canasta de manzanas.
Las manzanas salieron volando por todas partes. Sin detenerse, ni voltear para
atrás, los vendedores siguieron corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al
avión. Todos menos uno. Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un
sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus
amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar, llamara a
su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde.
Luego
se regresó a la terminal y se encontró con todas las manzanas tiradas por el
suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que la dueña del puesto era
una niña ciega. La encontró llorando, con enormes lágrimas corriendo por sus
mejillas. Tanteaba el piso, tratando, en vano, de recoger las manzanas,
mientras la multitud pasaba, vertiginosa, sin detenerse; sin importarle su
desdicha. El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la
canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacía, se dio
cuenta de que muchas se habían golpeado y estaban magulladas. Las tomó y las
puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le dijo a la niña:
"Toma, por favor, estos diez mil pesos por el daño que hicimos. ¿Estás
bien?" Ella, llorando, asintió con la cabeza. El continuó, diciéndole,
"Espero no haber arruinado tu día". Conforme el vendedor empezó a
alejarse, la niña le gritó: "Señor..." Él se detuvo y volteó a mirar
esos ojos ciegos. Ella continuó: ¿Es usted Jesús...? Él se paró en seco y dio varias
vueltas, antes de dirigirse a abordar otro vuelo, con esa pregunta quemándole
el corazón y vibrando en su alma: ¿Es usted Jesús?"
Cuando
Jesús llega a Naím, acompañado de sus discípulos, fue testigo de una escena
conmovedora: una viuda que iba a enterrar a su único hijo, en compañía de la
gente de su pueblo. “Al verla, el Señor tuvo compasión de ella y le dijo: –No
llores. En seguida se acercó y tocó la camilla, y los que la llevaban se
detuvieron. Jesús le dijo al muerto: –Joven, a ti te digo: ¡Levántate! Entonces
el que estaba muerto se sentó y comenzó a hablar, y Jesús se lo entregó a la
madre”.
La
cuestión está en que Jesús no podía pasar al lado de un necesitado, ni de nadie
que estuviera sufriendo, por cualquier causa, sin sentir ‘dolor de estómago’,
que es propiamente la traducción de la expresión: ‘compasión’. Se le
conmovieron las entrañas, se le revolvieron las tripas, le dolió como si fuera
a él… Jesús no pasó, ni ha pasado nunca junto a nuestros dolores, sin hacer
nada. Aunque muchas veces pensemos que nos deja solos, no nos responde
precisamente cuando lo necesitamos. Jesús es la respuesta de Dios a todos
nuestros dolores y sufrimientos. Por eso, los testigos de esta señal de Jesús
decían: “Un gran profeta ha aparecido entre nosotros. También decían: Dios ha
venido a ayudar a su pueblo”.
La
próxima vez que nos crucemos con alguien que sufre, detengámonos un momento,
como lo hizo Jesús, o como hizo el vendedor de la historia, para acercarnos a
la persona que necesita de nuestra solidaridad y dejemos que ese dolor de
estómago que nos da, no nos deje pasar de largo.
Hermann
Rodríguez Osorio, S.J.
sábado, 4 de junio de 2016
Amoris Laetitia - Video Conferencia
Amig@s cevequianos, les compartimos la conferencia del Miguel Romero, sj. sobre lo que nos dice a la CVX la exhortación Amoris Laetitia:
jueves, 2 de junio de 2016
Conferencia sobre Amoris Laetitia
Estimados cevequianos de México:
Los invitamos el próximo sábado 04 de junio, dentro de la celebración de la Asamblea Intermedia 2016:Conferencia sobre la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia
(La Alegría del Amor), por nuestro asistente nacional Miguel Romero, sj.

Enlace de acceso a la plataforma Zoom (ingresar al menos 10 minutos antes del inicio).
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