Integrando un Cuerpo, conociendo los diversos miembros: por Nombre, Edad, Tiempo en CVX, Compromiso en CVX
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En el último “Encuentro con la Palabra”, comentábamos cómo la vida es el lugar privilegiado en el que se nos revela el rostro de Dios. El Señor no es Dios de muertos, sino de vivos... y es en la vida donde nos comunica su proyecto. Por tanto, los cristianos no tenemos que consultar, como los griegos, el oráculo de los dioses, o como los asirios, las estrellas (astrología), o leer la mano, o el cigarrillo, etc. Para consultar lo que Dios quiere en nuestra vida personal, comunitaria y social, sólo tenemos que abrir los ojos y mirar... No negar la realidad, no traicionarla ni mentirnos acerca de ella. No ser como el avestruz que piensa que porque deja de mirar la realidad, metiendo la cabeza entre la arena, va a desaparecer el cazador. No se trata, pues, de difíciles jeroglíficos y adivinanzas; es sencilla; pero a veces las cosas son tan sencillas, que no las vemos; son tan simples, y tan cotidianas, que no les prestamos atención; por eso es fundamental tener ojos limpios y mirar sin miedo la realidad. Por algo Jesús, en un momento de inspiración y “lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: ’Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido” (Lucas 10,21).
En uno de los programas de la serie radiofónica ‘Un tal Jesús’, se dice que Jesús le contó esta historia a sus discípulos: Había una vez un pastor que tenía cien ovejas. Una de ellas tenía una pata coja y siempre iba retrasada. Un día, el pastor llegó ya tarde a su casa y comenzó a contar a las ovejas para saber si todas estaban a salvo. Las fue contando a medida que iban entrando al corral. Su sorpresa fue grande cuando se dio cuenta de que sólo había noventa y nueve ovejas; de modo que volvió a contarlas para estar seguro. Cuando comprobó que una se le había perdido, cayó en la cuenta de que la que se le había perdido era, precisamente, la oveja que tenía una pata coja...