sábado, 19 de agosto de 2017

“¡Mujer, qué grande es tu fe!

Domingo XX Ordinario – Ciclo A (Mateo 15, 21-28) – 20 de agosto de 2017

El jesuita brasileño João Batista Libânio, en un libro sobre la formación de la conciencia crítica, dice que las condiciones del cambio son la sospecha y la experiencia de lo diferente. Cuando funcionamos según nuestros prejuicios, no somos capaces de abrirnos a lo diferente y mucho menos nos atrevemos a sospechar que nuestras posiciones puedan estar equivocadas. Y, desgraciadamente, vivimos llenos de prejuicios políticos, culturales, sociales, raciales, religiosos...

Cuentan que una vez le preguntaron a un ciudadano estadounidense si era demócrata o republicano, a lo que el hombre respondió: “Soy demócrata”. Le preguntaron, entonces: “¿Por qué es usted demócrata?” “–Soy demócrata, dijo el hombre, porque mi papá era demócrata, mi abuelo era demócrata, toda mi familia ha sido siempre demócrata. Por eso soy demócrata”. “Vamos a ver, inquirió el entrevistador, su respuesta no parece lógica… si su papá hubiera sido un ladrón, su abuelo un ladrón y toda su familia fuera de ladrones, ¿sería usted también ladrón?” “Desde luego que no, respondió el hombre. En ese caso sería republicano”.

Este pequeño ejemplo de prejuicio político es apenas una muestra de lo que funciona dentro de nuestra cabeza. Muy rápidamente sacamos conclusiones respecto de la gente que conocemos todos los días. Cada uno podría hacer un ejercicio de reconocimiento de los propios prejuicios pensando: ¿Cómo le parece que sea una persona que tiene una cuenta bancaria sustanciosa o alguien que esté desempleado? ¿Qué pensamos de una persona nacida en Pasto o en la Costa? ¿Qué respuesta le daríamos a alguien que viene a decirnos que acaba de llegar de una zona de reconocida influencia guerrillera o paramilitar? Y así, se podrían seguir dando muchos ejemplos.

Caminando Jesús por una región apartada, se encuentra con una mujer extranjera. La primera actitud del Señor fue pasar de largo y no contestar nada a los gritos de la mujer, que pedía que le curara a su hija. Los discípulos, entonces, le ruegan que atienda a esta pobre mujer, “porque viene gritando detrás de nosotros”. Jesús respondió: “Dios me ha enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Pero la mujer siguió insistiendo: “Fue a arrodillarse delante de él, diciendo: –¡Señor, ayúdame!” Y Jesús le contestó: “–No está bien quitarle el pan a los hijos y dárselo a los perros”. Solemos decir que el perro es el mejor amigo del hombre, pero a nadie le dicen perro como piropo... Sin embargo, la mujer es capaz de sobrepasar el insulto y decirle a Jesús: “–Sí, Señor; pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Jesús, entonces, vencido por la mujer, termina diciendo: “–¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase como quieres. Y desde ese mismo momento su hija quedó sana”.

Es evidente que Mateo quiere dar una lección a su comunidad judeocristiana, para que acojan a los extranjeros como legítimos beneficiarios de los dones del Reino anunciado por Jesús. Para ello, no duda en presentar a un Jesús que fue capaz de abrirse al encuentro con esta mujer extranjera y dejarse vencer por la fortaleza de su fe y su perseverancia. Algunos autores insisten en afirmar que Jesús estaba poniendo a prueba la fe de esta mujer, pero a mi no me cabe en la cabeza que Jesús fuera capaz de insultar a alguien si no es porque estaba convencido de lo que estaba diciendo.

Si queremos sospechar de nuestras posiciones ya tomadas, deberíamos ser capaces de abrirnos al encuentro con lo diferente de nosotros mismos y dejar que este contacto con lo distinto nos cuestione y nos ayude a cambiar nuestro comportamiento habitual frente a los demás, especialmente, frente a aquellos que descalificamos de entrada por nuestros prejuicios.


Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

domingo, 13 de agosto de 2017

LA FRASE DE LA SEMANA

CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA


PARA VER LA HOMILÍA CLIC AQUÍ: Mt. 14, 22-33

sábado, 12 de agosto de 2017

“¡Tengan valor, soy yo, no tengan miedo!”

Domingo XIX Ordinario – Ciclo A (Mateo 14, 22-33) – 13 de agosto de 2017
Es frecuente que sólo nos acordemos de Dios en tiempos de crisis y dificultad. Cuando navegamos por aguas tranquilas y nuestra vida transcurre sin particulares sobresaltos, podemos ir perdiendo la referencia fundamental al Señor. Podríamos decir, utilizando el lenguaje de san Ignacio de Loyola para referirse a los estados del alma, que en tiempos de desolación buscamos con más insistencia a Dios; y que en tiempos de consolación nos olvidamos de él, como la fuente de toda gracia.

Juan Casiano (ca. 360-435), uno de los padres de la Iglesia, cuyos escritos marcaron definitivamente el monaquismo de Occidente, nos presenta, en una de sus obras, algunas causas por las cuales las personas vivimos momentos de desolación. En primer lugar, dice Casiano, "de nuestro descuido procede, cuando andando nosotros indiferentes, tibios y empleados en pensamientos inútiles y vanos, nos dejamos llevar de la pereza, y con esto somos ocasión de que la tierra de nuestro corazón produzca abrojos y espinas, y creciendo éstas, claro está que habemos de hallarnos estériles, indevotos, sin oración y sin frutos espirituales" (Conlationes IV,3).

La segunda causa por la cual Dios permite que tengamos estas experiencias de abandono, según Casiano, es “para que desamparados un poco de la mano del Señor (...) comprendamos que aquello fue don de Dios, y que la quietud, que puestos en esta tribulación le pedimos, únicamente la podemos esperar de su divina gracia, por cuyo medio habíamos alcanzado aquel primer estado de paz, de que ahora nos sentimos privados” (Conlationes IV,4).

Ignacio de Loyola, en el siglo XVI, explicará esto mismo diciendo que Dios permite que vivamos momentos de desolación “por darnos vera noticia y conocimiento para que internamente sintamos que no es de nosotros traer o tener devoción crecida, amor intenso, lágrimas ni otra alguna consolación espiritual, mas que todo es don y gracia de Dios nuestro Señor; y porque en cosa ajena no pongamos nido, alzando nuestro entendimiento en alguna soberbia o gloria vana, atribuyendo a nosotros la devoción o las otras partes de la espiritual consolación” (EE, 322).

Pedro, junto con los demás discípulos, vive un momento de crisis profunda, cuando en medio de la noche, y sintiendo que “las olas azotaban la barca, porque tenían el viento en contra”, ve a Jesús caminando sobre las aguas; dice san Mateo que los discípulos “se asustaron, y gritaron llenos de miedo: – ¡Es un fantasma!”. La respuesta de Jesús los tranquilizó: “– ¡Tengan valor, soy yo, no tengan miedo!”

Pedro, entonces, con la seguridad que le daban estas palabras, dice: “– Señor, si eres tú, ordena que yo vaya hasta ti sobre el agua”. A lo que Jesús, ni corto ni perezoso, le respondió: “­– Ven”. Entonces, “Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó: – ¡Sálvame, Señor! Al momento, Jesús lo tomó de la mano y le dijo: – ¡Qué poca fe tienes! ¿Por qué dudaste?”


Como Pedro, cuando caminamos sobre aguas tranquilas guiados y conducidos por el Señor, tenemos la tentación de sentirnos dueños de lo que hacemos y nos olvidamos de aquel que hace posible nuestra existencia. De manera que, “para que en cosa ajena no pongamos nido”, es precisamente en las crisis y en los momentos de turbulencia, cuando reconocemos la verdadera fuente de nuestra seguridad y, como los discípulos, después de la tormenta, nos postramos en tierra para decirle al Señor: “¡En verdad tú eres el Hijo de Dios!”

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

domingo, 6 de agosto de 2017

LA FRASE DE LA SEMANA

CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA


PARA VER LA HOMILÍA CLIC AQUÍ: Mt. 17, 1-9

lunes, 31 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales día 31 DÍA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA


DÍA 31  CONTEMPLACIÓN PARA ALCANZAR AMOR

“Permanezcan unidos conmigo, 
como yo permanezco unido con ustedes”
Juan 15, 4




domingo, 30 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales día 30 de 31


DÍA 30  ASCENCIÓN DEL SEÑOR

“Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, El Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré.”
Juan 16,7

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sábado, 29 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales día 29 de 31


DÍA 29  APARICIONES DE JESÚS

“Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban.”
 Mateo 28,17

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viernes, 28 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales día 28 de 31


DÍA 28  JESÚS VIVE

“No tengan miedo. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, 
el que fue crucificado. Ha resucitado.” 
Marcos 16,6

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jueves, 27 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales día 27 de 31


DÍA 27  MUERTE DE JESÚS

"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"
Lc 23,46

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miércoles, 26 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales día 26 de 31


DÍA 26  PASIÓN DE JESÚS

“…el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley, que lo condenarán a muerte. Ellos lo entregarán a los extranjeros, que se burlarán de él, lo azotarán y lo crucificarán.”  Mt 20, 18

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martes, 25 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales, día 25 de 31


DÍA 25  ÚLTIMA CENA

“Yo no voy a seguir en el mundo, pero ellos sí, mientras que yo me voy para estar contigo. Padre santo, cuídalos con el poder de tu nombre, a los que tu me has dado, para que estén completamente unidos, como tú y yo. “  
Juan 17, 11


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lunes, 24 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales, día 24 de 31


DÍA 24  RESURRECCIÓN DE LÁZARO

“Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees? “  

Juan 11, 25-26


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domingo, 23 de julio de 2017

LA FRASE DE LA SEMANA

CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA


PARA VER LA HOMILÍA CLIC AQUÍ: Mt, 13, 24-43

“... pueden arrancar también el trigo”

Domingo XVI Ordinario – Ciclo A (Mateo 13, 24-43) – 23 de julio de 2017
Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, Arzobispo emérito de Medellín, recordando el documento de Puebla, a propósito del conflicto que hemos vivido en nuestro país y del cual vamos saliendo poco a poco, decía en una entrevista: “la línea divisoria entre el bien y el mal pasa por el corazón de cada uno. No podemos decir: ustedes son los malos, nosotros los buenos”. Muy fácilmente, en medio de los conflictos humanos, tomamos posición y señalamos a los demás como los malos, sintiéndonos nosotros libres de toda culpa y como voceros de los ‘buenos’. Esto no sólo pasa en el ámbito sociopolítico, sino también en las relaciones cotidianas, corriendo el peligro de pensar que los problemas se solucionan desapareciendo al que piensa diferente. Desde luego, esta es una falacia de la que despertamos tan pronto eliminamos al primer ‘contrario’, porque más nos demoramos en hacerlo, que en surgir uno nuevo, mejorado.
 La contradicción está sembrada en el corazón de nuestra propia existencia. Heráclito (ca. 540-480 a.C.), filósofo griego solía decir: “Pólemos, la guerra, es el padre de todas las cosas”. Y también afirmaba: “El camino de subida y de bajada es uno solo y el mismo”, queriendo recoger la percepción que él tenía de la realidad, en la cual están siempre presente los contrarios... Nuestra vida no es muy distinta. También en nosotros viven enfrentados el bien y el mal, y querer negarlo o eliminar totalmente la raíz de lo negativo, es muy arriesgado, porque se puede dañar también lo bueno.
 Esto es, precisamente, lo que señala Jesús en la parábola del trigo y la cizaña. Dentro de cada uno de nosotros habitan fuerzas contrarias y vivimos, permanentemente, movidos por lo que san Ignacio de Loyola llama, el Buen Espíritu y el enemigo de natura humana. Por eso es muy importante discernir constantemente las mociones (los movimientos) interiores, que pueden manifestarse como pensamientos, sentimientos o sensaciones que tenemos frente a los acontecimientos cotidianos de nuestra vida.
 Podríamos decir que el Reino de los cielos se parece a una madre de familia que le sirve a sus tres hijos un suculento plato de bocachico (pescado de los ríos de Colombia que tiene la característica de tener muchas espinas) para el almuerzo. El primer hijo opta por escarbar un poco el pescado y comerse sólo lo pulpito por miedo a las espinas. El segundo hijo, se come el pescado sin mucho cuidado y se atraganta con las espinas hasta que le tienen que dar un pedazo de yuca o de papa para que no se ahogue. Y el tercero, pacientemente, va masticando con cuidado cada bocado y va sacando a un lado las espinas, hasta que termina de comerse el delicioso bocachico que su mamá le ofreció.
 En nuestra vida podemos tener una de estas tres actitudes. O esquivar siempre los obstáculos por miedo a las espinas; o comernos todo sin darnos cuenta de lo que nos puede hacer daño; o, finalmente, saborearla y degustar toda su riqueza, seleccionando bien cada bocado, para quedarnos con lo bueno, con lo nutritivo, con lo que nos alimenta, sin despreciar nada de lo que Dios nos brinda con amor, pero sin tragarnos el veneno y la cizaña que no se pueden eliminar completamente de nuestra vida.

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Ejercicios Espirituales, día 23 de 31


DÍA 23  FUERZA DE DIOS EN NOSOTROS

Seamos consientes de nuestros sentimientos y las sensaciones de nuestro cuerpo al encontrarme con Él, sentirlo cercano, junto a mí y me toca el hombro, o mi cabeza, con ternura. ¿Cómo recibo esa caricia?  En calma y silencio, disfrútalo…

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sábado, 22 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales, día 22 de 31


DÍA 22  Enviados a predicar

“No se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.” 
         Mt 10, 16-23

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viernes, 21 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales, día 21 de 31


DÍA 21  Obras y Palabras de Jesús

“…llevan ya tres días conmigo y no tienen nada para comer… ”  
                                                                         Marcos 15, 32

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jueves, 20 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales, día 20 de 31


DÍA 20  Bienaventuranzas

"Cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y opresión, no hay amor cristiano sin lucha por la justicia"
Ignacio Ellacuría, 1977

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miércoles, 19 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales, día 19 de 31


DÍA 19  Binarios: tipos de personas

“En verdad les digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de Mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempos…”
 Marcos 10, 29-30

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martes, 18 de julio de 2017

Ejercicios Espirituales, día 18 de 31


DÍA 18  Dos Banderas

“... no acabo de comprender mi conducta, pues no hago lo que quiero sino lo que aborrezco...  y si no hago el bien que quiero, sino el mal que aborrezco, no soy yo quien lo hace, sino la fuerza del pecado que actúa en mí…”  Romanos 8, 15.19-20

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lunes, 17 de julio de 2017

Ejercicos Espirituales, día 17 de 31


DÍA 17  Reforma de Vida


“... aquello de lo que te enamores, lo que arrebate tu imaginación, afectará todo.  Determinará lo que te haga levantar por la mañana, lo que harás con tus atardeceres, cómo pases tus fines de semana, lo que leas, a quien conozcas, lo que te rompa el corazón y lo que te llene de asombro con alegría y agradecimiento. Enamórate, permanece enamorado, y esto lo decidirá todo”               
Pedro Arrupe, sj.

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domingo, 16 de julio de 2017

LA FRASE DE LA SEMANA

CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA


PARA VER LA HOMILÍA CLIC AQUÍ: Mt. 13, 1-23

Ejercicios Espirituales, día 16 de 31


DÍA 16  Reglas 2ª. Semana

Por lo tanto, les pido: caminen  según el Espíritu y no se dejen arrastrar por los apetitos desordenados. Porque esos apetitos están en contra del Espíritu, y el Espíritu contra ellos. Ambos combaten entre sí, y por eso ustedes no pueden realizar sus buenos deseos.” Gálatas 5,16-17

sábado, 15 de julio de 2017

“Un sembrador salió a sembrar”

Domingo XV Ordinario – Ciclo A (Mateo 13, 1-23) – 16 de julio de 2017

Sembrador Incansable




Padre amoroso y bueno,
sembrador incansable de los tiempos,
tu que desde el principio del mundo,
cuando todo era caos y oscuridad,
saliste a los caminos de la historia
con tu costal repleto de semillas generosas
y fuiste repartiendo con paciencia
los gérmenes fecundos de una vida nueva.
No nos dejes caer en la tentación
de hacernos caminos resbalosos
que no recogen en su seno
las maravillas infinitas
de tu exuberante creación.



Señor Jesús,
semilla primordial,
tu que sabes de siembras dadivosas,
de dar sin recibir,
de amor hasta el extremo,
enséñanos a estar dispuestos
para acoger tu vida
que explota hasta nosotros.
No nos dejes caer en la tentación
del crecimiento fácil y veloz
que brota sin raíces
y muere prematuro
sin ofrecer al mundo
su cosecha amanecida de belleza.

Espíritu de sabiduría,
luz que penetras las almas,
e iluminas sin descanso
nuestras oscuras tinieblas,
haz germinar en nosotros
la Palabra de la vida.
No nos dejes caer en la tentación
de ahogar en nuestro surco
la semilla humilde y débil
que crece vacilante
en medio de las preocupaciones,
las riquezas y placeres de la vida.

Dios uno y trino,
que sigues repartiendo tus semillas
con paciencia sin fronteras
y la libertad del viento,
ayúdanos a ser tierra buena,
que se abre a tu Palabra
para recibir sin condiciones
tu semilla siempre nueva.
Hágase tu voluntad en nuestra tierra
y danos un corazón perseverante,
para ofrecer al mundo
los desbordantes gozos
de una cosecha centuplicada
que salte con la alegría
de la espiga agradecida.

Amén
Estas cuatro imágenes que Jesús nos ofrece en su parábola, nos invitan a revisar cómo nos disponemos para el “Encuentro con la Palabra”. Podemos ser resbalosos y duros como el camino que permite que las aves se coman lo que Dios quiere sembrar en nosotros; o producir resultados rápidos y superficiales que no soportan el castigo del sol, por falta de raíces y hondura en el corazón; podemos también dejar que los espinos nos ahoguen en medio de las preocupaciones y afanes de la vida. Por último, es posible que la Palabra encuentre en nosotros tierra buena, que acoge la semilla y la deja crecer, para ofrecer al mundo los desbordantes gozos de una cosecha centuplicada.

Hermann Rodríguez Osorio, S.J.