domingo, 13 de enero de 2019

LA FRASE DE LA SEMANA

CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA


PARA VER LA HOMILÍA CLIC AQUÍ: Mc 3. 15-16, 21-22

Evangelio Domingo del Bautismo del Señor - Ciclo C


Evangelio Domingo del Bautismo del Señor - Ciclo C 13 de enero de 2019

Lectura del santo evangelio según san Lucas (3,15-16.21-22):

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».
Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».
Palabra del Señor



Reflexiones: José Antonio Pagola + Fray Marcos    Hermann Rodriguez, sj.

“(...) también Jesús fue bautizado”


Bautismo del Señor – Ciclo C (Lucas 3, 15-16.21-22) 13 de enero de 2019


Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

Cuentan la historia de un hombre que reflejaba la derrota en su forma de vestir.
Ocurrió en París, en una calle céntrica aunque secundaria. Este hombre, sucio, maloliente, tocaba un viejo violín. Frente a él y sobre el suelo estaba su boina, con la esperanza de que los transeúntes se apiadaran de su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa..
El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era imposible identificarla por lo desafinado del instrumento, y por la forma displicente y aburrida con que lo tocaba. Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo.
Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes, y no pudieron menos que reír de buena gana. La esposa le pidió al concertista que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina del mendigo, y decidió hacer algo. Le solicitó el violín y el mendigo musical se lo prestó con cierto resquemor.

Lo primero que hizo el concertista fue afinar las cuerdas del instrumento que tenía en sus manos.
Luego, vigorosamente y con gran maestría arrancó una melodía fascinante del viejo violín.
Los amigos comenzaron a aplaudir y los transeúntes comenzaron a arremolinarse para ver el improvisado espectáculo. Al escuchar la música, la gente de la cercana calle principal acudió también y pronto había una pequeña multitud escuchando arrobada el extraño concierto.
La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes. Mientras el maestro sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría. El mendigo musical estaba aún más feliz de ver lo que ocurría y no cesaba de dar saltos de contento y repetir orgulloso a todos: "¡Ese es mi
violín! ¡Ese es mi violín!". Lo cual, por supuesto, era rigurosamente cierto.

Cuando Jesús fue al Jordán para recibir el bautismo de Juan, nos estaba diciendo que él también participaba de nuestra condición humana y que sentía en su interior el llamado a vivir cumpliendo plenamente la voluntad de su Padre, por la acción del Espíritu Santo:
“mientras oraba, el cielo se abrió y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz del cielo, que decía: –Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido”. Dios eligió a Jesús para hacer en él su voluntad con toda perfección, para la salvación del género humano. Y Jesús tomó la decisión de colaborarle con toda generosidad, sabiendo que esta disposición le podría traer situaciones difíciles y problemas, como de hecho le trajo. Jesús siempre fue dócil a la voluntad de su Padre, pero su bautismo es como la expresión consciente y plena de esta opción de vida que se vio respaldada por sus palabras y acciones a partir de este momento.

Tenemos que reconocer que también nosotros hemos sido elegidos por Dios en el bautismo. Hemos sido ungidos por la acción del Espíritu Santo, para que nos dejemos conducir con ocilidad por la acción salvífica de Dios Padre, cumpliendo su voluntad de manera consciente, sabiendo, como Jesús, que esta opción implicará sacrificios y ofrendas muchas veces dolorosas. Dios Padre nos ha regalado a cada uno de nosotros un violín que tal vez no está muy bien afinado y sobre todo, que no sabemos interpretar con suficiente maestría. Por tanto, si no hemos alcanzado la plenitud de Dios con nuestra propia vida, no es por falta de medios. Todos tenemos un violín muy parecido al que tuvo Jesús entre sus manos y con el cual nos dio el mejor concierto de toda la historia. Como el mendigo de la calle parisina, podríamos decir también: ¡Ese es mi violín! ¡Ese es mi violín! Porque estamos llamados a alcanzar la plenitud que Dios nos ha mostrado en Jesús de Nazaret y a vivir el bautismo con la misma radicalidad con la que él lo vivió.


domingo, 6 de enero de 2019

LA FRASE DE LA SEMANA

CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY PARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA


Pausa Ignaciana, clic aquí: Mt. 2, 1-12 Reflexionemos con los reyes

sábado, 5 de enero de 2019

“(...) y arrodillándose le rindieron homenaje”


Epifanía del Señor – Ciclo C (Mateo 2, 1-12) 6 de enero de 2019


Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

El 6 de enero de 1995, el P. Peter-Hans Kolvenbach, S.J., en ese tiempo, Superior General de la Compañía de Jesús, tuvo unaAlocución a la Congregación General 34ª, reunida en Roma, en la que afirmó lo siguiente:

"Nuestro hermano Pedro Teilhard de Chardin manifestó repetidas veces su deseo de que la solemnidad hoy celebrada cambiara de nombre, o al menos de prefijo. Para resaltar que festejamos el día en que Nuestro Señor deviene transparente desde el fondo de todos y de todo como fuente y como meta, como alfa y como omega, esta solemnidad debería denominarse 'dia-fanía' en lugar de 'epi-fanía'. Porque no se trata propiamente de una repentina irrupción en la historia de Quien es su Creador y Salvador, sino más bien de una misteriosa y silenciosa 'dia-fanía' mediante la que Cristo alumbra el verdadero fondo de todo ser, obrando en todo y por todo para conducir todo hacia la plenitud, hasta que Dios sea todo en todos, en la realidad total (1 Cor. 15,28). Teilhard declara que no lee la historia de los magos como una 'verdad fotográfica', sino como una verdad luminosamente indicativa de Quien llena el universo con su presencia dinámica, del Único que da sentido a nuestra historia, del Dios siempre mayor en todo y para todos".

La fiesta que celebramos hoy nos recuerda que la voluntad de Dios es manifestarse a todos los pueblos a través de su hijo hecho hombre. Reconocer al Hijo de Dios en este niño es un acto profundo de fe que nos compromete a reconocerlo en toda la humanidad y en toda la creación, presente y actuante: “Luego entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre; y arrodillándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Después, advertidos en sueños de que no debían volver a donde estaba Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”.

El encuentro con el Señor, nuevamente encarnado en medio de nuestra historia, nos invita a volver a nuestra tierra por otro camino. El año que comienza debe ser un momento para recomenzar nuestra caminada hacia la plenitud que Dios nos invita a vivir con él, cambiando aquello que nos impide reconocer la manifestación de Dios en medio de su pueblo. Volver por otro camino es descubrir aquellos aspectos de nuestra vida que deben cambiar, que deben dejarse transformar por el amor que Dios nos muestra, por la paz que nos trae su enviado, por la vida que nos regala a través del Niño Jesús, nacido en un pesebre para nuestra salvación.

Que nuestro Buen Dios, dueño y Señor de la historia, nos regale sus bendiciones en este año, para que podamos reconocer los brotes germinales de su presencia en toda nuestra historia, personal, familiar, comunitaria y social, de manera que podamos ser transparencia suya para todos los que nos rodean.


domingo, 30 de diciembre de 2018

LA FRASE DE LA SEMANA

CORRESPONDIENTE AL EVANGELIO DE HOY APARA REFLEXIONAR TODA LA SEMANA


PARA VER LA HOMILÍA CLIC AQUÍ: Lc. 2, 41-52

“Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto?”


Sagrada Familia – Ciclo C (Lucas 2, 41-52) 30 de diciembre de 2018


Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

 Alguna vez leí en El Tiempo un artículo del Hermano Marista, Andrés Hurtado, conocedor, como el que más, de la geografía y de las riquezas ecológicas de Colombia. Se nota que no sólo conoce los ríos más remotos y las cordilleras más apartadas, sino el corazón humano. El título de su escrito es: Cuando sufrir es bueno. Y comienza contando su encuentro con un matrimonio que viene a ponerle quejas de su hijo adolescente:

"No sabemos qué pasa, es de una rebeldía total, parece incluso que nos odiara a nosotros sus padres, que se lo hemos dado todo’. Sin compasión y tratando de no ser nada elegante pero sí muy sincero, les dije: ‘Ese es el problema: que se lo han dado todo. Para empezar, señora –le dije– deje de llamarlo mi niño o mi bebé, que ya tiene 17 años’. Luego supe que sus padres le han satisfecho todo, hasta los más mínimos caprichos. Y pretenden calmar sus rebeldías y ganar su amor dándole cada vez más cosas, incluso ajustándose el cinturón porque mi niño o mi bebécada vez exige cosas de más valor. Esta es la radiografía de muchos padres modernos, que creen amar a sus hijos y educarlos cediendo a todos sus caprichos, colmándolos de regalos y evitándoles el menor sufrimiento” (...).

“La capacidad de sufrimiento de estos muchachos es nula, porque nada los ha contrariado en la vida y todo lo han tenido a pedir de boca y a velocidad de madre torpe y sobreprotectora. Cuando llegan ciertas contrariedades cuya solución no se encuentra en regalos o cosas materiales, la idea del suicidio ronda y en veces se hace efectiva. (...) Por ahí leí que el hombre es un aprendiz y el dolor es su maestro; que el que no ha sufrido nada sabe. Y podríamos componer un refrán que diga: dime cuánto has sufrido y te diré cuánto vales. Ahora que hemos descubierto que los niños y los hijos también tienen derechos humanos (¡admito que quiero ser sarcástico!), debemos respetar el derecho sumo que tienen a ser bien educados y formados. Y hay que prepararlos también para el sufrimiento (que es parte importante de la vida) y para las dificultades (...)”.

“Amar a los hijos a punta de concesiones y consentimientos es hacer de ellos seres débiles y convertirlos en tiranos de los demás y esclavos de sí mismos. (...) Resumiendo: señores y señoras acariciadores, denle gusto en todo, conviértanlo(a) en un ser inútil y él o ella mañana los maldecirá, con casi todo derecho. O bien, sufran por dentro, coman callados, háganse los fuertes y háganlo(a) fuerte y antes de que llegue el día de mañana él o ella se lo agradecerá y ustedes no habrán vivido en vano. Que así sea”.

El Evangelio de hoy me trajo a la memoria este estupendo artículo. La virgen María y San José le reclamaron a Jesús su comportamiento: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto?” Evidentemente, ellos no entendieron la respuesta, pero no se quedaron callados ni aplaudieron su proceder. Se trató de un reclamo tranquilo, pero firme y hecho en un clima de diálogo y comprensión. Hoy, cuando celebramos el día de la Sagrada Familia, pidamos para que en nuestras familias exista un verdadero diálogo y se viva el amor que es capaz de enseñar también el valor del sufrimiento y de la frustración, que forma seres humanos capaces de enfrentar con entereza y generosidad, los difíciles caminos de la vida.